“Bolivia fue súper y el cielo será súper, súper”

miércoles, 03 de agosto de 2016 · 00:58
  Madeleyne Aguilar /  El Alto

"Cuando llegue el día de morir me sentiré feliz”, dijo   el padre Sebastián Obermaier  en su última entrevista, el 30 de junio, a  propósito de su  57 aniversario     de vida sacerdotal. Ratificó entonces su cariño a la ciudad que lo adoptó: "En El Alto me siento en casa, es mi vida, mi familia”, dijo. 

De Alemania a El Alto, ¿cómo fue el trayecto?

Hace 57 años, en un gran templo de Múnich (Alemania)  36 jóvenes  recibimos el sacramento del sacerdocio, yo tenía 24 años.  Allí estuve siete años en servicio.  Entonces,  Dios me dijo  que allí  había muchos sacerdotes y que en Latinoamérica había menos. Solicité permiso al obispo para venir a este continente y   excepcionalmente   aceptó. Entonces trabajé 11 años en Venezuela,  era el sacerdote responsable de todo ese país hasta que dije "basta”. Yo quería andar con la gente latinoamericana.

Mi jefe había prometido al  obispo de La Paz (Bolivia), monseñor  Jorge Manrique, mandar un sacerdote y ese fui yo. Al llegar, me mostraron varias parroquias, que yo  no conocía. Dejé que él elija y la que me tocó fue la parroquia de Villa Adela. Desde ese momento han pasado  38 años que estoy aquí.

  ¿Qué significa  El Alto  para usted después de 38 años?

No conozco Bolivia, por ejemplo  no conozco Santa Cruz. En cambio si hablamos de El Alto, aquí me siento en mi casa, es mi vida y mi familia; de su  casa uno conoce lo bueno y lo malo, pero no hablará de lo malo. 

Yo pienso que El Alto tiene un carácter fuerte. Ha formado gente que sabe luchar, trabajar  y proteger a sus hermanos; es gente  con carácter que vale.

¿Qué necesitan los feligreses?

La vida es una lucha entre el bien y el mal , así como un partido de fútbol. Si quieres ganar, debes hacer un gol para el bien. Para lograr eso deben correr todos. Lastimosamente no es así. Por ejemplo, la mayoría de los  católicos no va a misa los domingos. No somos un equipo.

¿Qué objetivos ha cumplido?

Yo no he cumplido nada. Hago  mi labor como uno  de los 40 sacerdotes de la Diócesis alteña. Según sus circunstancias e inteligencia, cada uno sirve a Dios.

¿Qué es lo mejor que ha vivido en El Alto?

Eso es fácil de responder. Lo mejor es saber que Dios me quiere y se preocupa por mí. Mi máxima alegría es ser sacerdote. Cuando los hombres se quejan de sus problemas, yo les digo: "¿por qué no fuiste sacerdote?”.

¿Cómo es actividad diaria?

A las 5:00 me levanto, trato de organizar. A las 6:00 bajo al templo. Alas 6:20 rezamos la oración de la mañana. 6:45 es la misa hasta las 7:30 y luego  desayunamos. Cada día a las 8:00 es la reunión de los jefes de  grupo, de la casa  los niños, de ancianos, y del canal para solucionar los problemas que  surgen. Luego tenemos más misas hasta la noche. Con el padre Pavel, un hombre inteligente y dinámico,   nos ayudamos.  

¿Qué viene a futuro, padre?

Fueron 38 años activos aquí, 57 de sacerdocio.  Dios me dice: "Sigue nomás, no seas flojo”. Cuando llegue el día de morir me sentiré feliz porque Bolivia fue súper y el cielo será súper, súper.

 

 

 
 
 

 

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