Obermaier fue padre, amigo, constructor y hasta partero

Guarderías, iglesias, un canal y misas dedicadas a los animalitos son parte del legado del alemán que se convirtió en médico del alma y del cuerpo.
miércoles, 03 de agosto de 2016 · 00:56
Leny Chuquimia /  La Paz 

"Cuando llegue el día de morir me sentiré feliz, porque Bolivia fue súper y el cielo será súper, súper”, dijo el padre Sebastián Obermaier en su última entrevista. Y dejó para la posteridad la imagen de su rostro pleno en una sonrisa franca que acompañó entusiasta con un  pulgar hacia arriba.

 Los datos  sobre su vida  antes de llegar  a Bolivia escasean en los registros de las  pocas entrevistas en las que accedió a hablar de sí mismo. Dios,   su pueblo, sus niños son los temas que  antepuso,  los que circulan en   internet. En todos ellos sobresale el cariño que contrasta con un carácter fuerte "forjado por el frío del altiplano” a fuerza de años.    
     
 En el seno de una familia de profunda fe católica, Sebastián Wilhelm Obermaier Mayer nació el 24 de octubre de 1934 en Rosenheim, Alemania. Desde muy pequeño hasta el último momento de su vida  las actividades parroquiales fueron parte de su vida.  Su día empezaba y terminaba con una oración que alimentaba su contacto con Dios.

 A los 18 años eligió el sacerdocio como la mejor forma de   poner su amor al servicio del Padre y  al de los demás. Precepto que décadas después  guió sus pasos de Europa  a América Latina donde encontró -en lo alto de los Andes- su nuevo hogar.

Su ordenación sacerdotal se realizó el 29 de junio de 1959. Durante siete años fue vicario  de las  parroquias San Sebastián, San Agustín y  Los Catorce Santos Amigos del Socorro en Ebersberg, Alemania.

    Corría el año 1966 cuando  decidió dejar su país. Respondió al llamado  de su pastor. "Dios me dijo que allí había muchos sacerdotes y que aquí, menos. Solicité permiso  para venir  y el obispo  aceptó”, dijo  en  aquella última conferencia, el 30 de junio. 

Su primer destino fue Caracas (Venezuela) donde permaneció  11 años. Con una mochila sobre el hombro y la fe como única riqueza en los bolsillos, Obermaier arribó a El Alto  en septiembre de 1978. Tenía 43 años.

En una de las pocas  fotografías de su llegada a la capilla de Villa Adela  se lo ve   joven. En un paisaje pintado en tonalidades  sepia camina sobre una planicie polvorosa en la que el viento despeina sus cabellos prematuramente canosos.     Vestido con una chompa de alpaca -con diseños andinos-  observa en el horizonte los terrenos apenas amurallados con adobes que en sus 38 años de servicio vio convertirse en una parte importante de la ciudad.  

"Cuando apenas llegó aquí, a Villa Adela, el padre  tuvo que ser médico, dentista y hasta partero”, aseguran los primeros vecinos de una zona que nació entre la pobreza y  falta de atención. Ayudó a nacer a muchos niños, mientras que otros -víctimas del abandono- crecieron a su lado.

      Tras varios años de trabajar en salud y atención de sectores vulnerables, el 11 de agosto de 1998 fue nombrado delegado presidencial en la urbe alteña durante la presidencia de Hugo Banzer. El objetivo  era luchar contra la pobreza, compromiso que asumió desde el momento mismo que pisó la planicie alteña.

    En 1999  puso en funcionamiento la  Casa Mi Hogar,   que tenía  como misión   mitigar  la desnutrición y  nivelar el rendimiento escolar. En  2000 entró en funcionamiento el  Centro Juvenil Parroquia Cuerpo de Cristo  que pretende formar  los líderes  de una nueva sociedad. En  2002 implementó el hogar transitorio    Casas del Niño.
Su amor por los marginados  llegó también a los animales, que hasta su llegada no habían sido parte de la misa de San Roque. Obermaier oficiaba ceremonias y bendecía a los perros.  
 
"Los mejores catequistas son las torres”, con ese lema  edificó 70 templos y capillas en las que sobresalen sus campanarios dedicados a evangelizar. Su vocación de arquitecto lo llevó a pensar en el desarrollo de la urbe que tanto amó.  Ratuk-Cuerpo de Cristo  fue el proyecto vial más importante que el sacerdote planteó para la   caótica urbe. 

"Ratuk es un megaproyecto vial que,  más allá de modernizar a la ciudad, garantiza el descongestionamiento del autotransporte en la Ceja. Además no molesta en nada al transporte masivo porque es una autopista elevada”, explicó el sacerdote  durante una audiencia que logró ante el Concejo Municipal en octubre de 2011.

Para administrar sus obras que eran cada vez más creó  la  Fundación Cuerpo de Cristo. A ésta se sumó el Canal Virgen de Copacabana que dio inicio a sus emisiones  en  2004. No se puede olvidar el primer centro de salud para población vulnerable o el primero en atención a personas con VIH de El Alto. 

En casi cuatro décadas, Sebastián Obermaier no fue sólo médico del cuerpo sino también del alma. Brindó consuelo en los momentos más difíciles de su pueblo.  Se postró de rodillas, en medio de las cenizas de la Alcaldía para acoger en su pecho el llanto de los familiares de las víctimas del 17 de febrero  pasado.

Años antes, con  determinación, armado sólo de su fe y una bandera blanca, se montó a su vehículo "Francisco” -que fue robado y luego devuelto- para enfrentar bloqueos y  barricadas  militares. Pasó en medio de  tanques y  balas para ayudar a los heridos y  recoger los cuerpos que dejó la guerra del gas.  

  En las  imágenes que quedan del padre Obermaier, su piel blanca y ojos profundamente celestes contrastan  con el acento alemán que nunca perdió pese a que aprendió a hablar aymara  hace  38 años. "Voy a pasar de un súper  a otro súper, súper”, dijo en aquella última entrevista. Su risa franca y serena fue una  premonición de su adiós.

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