El día que Villa Adela dio fe del bien que le hacía su párroco

En 2006 Obermaier fue acusado de haber golpeado a un fotógrafo en plena misa. Los vecinos de Villa Adela reconocieron el apoyo que les daba el padre.
miércoles, 3 de agosto de 2016 · 00:23
Ivone Juárez /  La Paz

A finales de 2006, el padre Sebastián Obermaier pasó tal vez por uno de los días más ingratos de su vida: un    fotógrafo   lo acusó de haberlo agredido físicamente en plena  celebración de una misa. La acusación generó, durante unos días, un clima  adverso para el religioso, pero él supo mantenerse firme y  sereno. "No es lo que piensa toda la gente”, decía con ese acento alemán que, a veces, erradamente, lo hacía parecer  duro y cortante.

Seguramente conocía el sentir de sus vecinos de  Villa Adela, la zona donde  había instalado su centro de operaciones, en una casa construida a un lado de la parroquia  que alzó en  el lugar. En medio del conflicto, llegamos uno de esos días a entrevistarlo para conocer su versión.  Es que la denuncia había encontrado eco en algunos sectores radicales de El Alto que, incluso, se animaron a pedir la expulsión  del sacerdote de la urbe   alteña. 
  
Cerca del mediodía,  en la avenida principal de Villa Adela, en las inmediaciones de la parroquia de Obermaier, se sentía una tranquilidad,  tan diferente  al del ajetreo incontenible y caótico de la Ceja y las zonas por las que se tenía que pasar para llegar al barrio. Lo primero  en el trabajo periodístico fue recoger testimonios de los vecinos para conocer su predisposición frente al sacerdote, acusado de ejercer violencia contra el fotógrafo.

 "Gracias al padre aquí hay  gente que  no toma;  son más responsables”; dijo en tono molesto  una mujer a la que abordamos en plena calle. "Se levanta muy temprano y toca la campana para llamarnos  a misa, pero nosotros estamos acostumbrados a eso. Él nos despierta cada mañana”, añadió inmediatamente.

"El padre nos orienta a los jóvenes y nos da la oportunidad de trabajar en su Fundación Cuerpo de Cristo. Es estricto y exigente y muchos lo toman a mal”, se animó a comentar -a mucha insistencia - un muchacho que trabajaba con el sacerdote.

 El padre Obermaier nos recibió en ese gran comedor de su casa, donde -ayer contaron las personas que trabajaron con él-  invitaba a  quienes no tenían dónde comer. No quiso hablar de su trabajo en El Alto, que entonces ya era innegable: 70 templos construidos a los largo y ancho de la planicie alteña que contribuyeron a dar una  identidad arquitectónica a la urbe; además, albergues para mujeres, niños y adultos en situación de vulnerabilidad, y hogares para cuidar a  personas portadoras del VIH/Sida.

  Es que para él todo eso y aún más era  insuficiente para El Alto. "A esta ciudad le hace falta mucha ayuda, muchas cosas, por eso hay que seguir trabajando”, expresó entonces.

Prefirió contar lo que había visto tres años antes, en octubre de 2003, cuando se dio la Guerra del Gas y en El Alto las Fuerzas Armadas dispararon contra civiles para obligarlos a despejar las vías que habían bloqueado para impedir el paso de  cisternas cargados de combustible, que tenían como destino la ciudad de La Paz. Él llegó al lugar para gritarles a los militares que dejaran de disparar. Llegó en su vehículo, el mismo que usó para llevar a los heridos a centros médicos.

   Tampoco quiso referirse al incidente con el fotógrafo. Luego se supo que mientras celebraba un matrimonio, el gráfico tomaba fotos de todos los ángulos a la pareja, lo que irritó al religioso, pero nunca se supo si realmente repartió golpes. El incidente se diluyó y nadie más pidió la expulsión del sacerdote.

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