Sobrevivir al primer narcoestado del mundo

Roberto Suárez Gómez -según un libro de Ayda Levy- creía que Dios les había dado la coca a los bolivianos y que había que sacarle todo el provecho posible.
sábado, 06 de agosto de 2016 · 00:00
Marco Zelaya
Página Siete / La Paz
 
El lugar: la hacienda "El Poblado”, en Colombia, de Roberto Suárez Gómez, más conocido como el "Rey de la cocaína”. Los socios han terminado de ver la película Scarface de Brian De Palma y están a punto de morirse de risa. 

Festejan a mandíbula batiente las ocurrencias del "Rey de la cocaína”, quien dice que a los gringos les gusta tergiversar las cosas. Y tanto, que Tony Montana es cubano, sale de La Habana en el éxodo del puerto de Mariel, cuando, según Suárez, todo el mundo sabe que es "paisa”  de Medellín y que se llama Pablo Escobar; Manny, el lugarteniente de Montana, no es otro que Rodríguez Gacha; el general, Cocombre, es García Meza (o, si se quiere, Arce Gómez) y el atildado Alejandro Sosa, un narco con modales de lord inglés es, por supuesto, Suárez.

El "Rey”, en esas fechas, ya había remitido su famosa carta al presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, a quien había prometido entregarse si liberaban a su hijo Roby, aprehendido en Suiza por cargos de narcotráfico y luego extraditado a Florida; y si la Casa Blanca depositaba un cheque en el Banco Central de Bolivia por 3.800 millones de dólares, el monto de la deuda externa del país. Roby salió libre por falta de pruebas y el país aún paga la deuda externa. 

Pero ya Suárez y sus socios jugaban a dos puntas. Porque no sólo traficaban cocaína para el narcoestado de García Meza y Arce Gómez, sino también  para Oliver North de la CIA, quien precisaba financiar a los contras de Nicaragua -como asegura Ayda Levy  en su libro El rey de la cocaína. Mi vida con Roberto Suárez y el nacimiento del primer narcoestado.

También habían pagado una tasa mensual de un millón de dólares al régimen cubano - según afirma Ayda Levy- para llegar con mayor facilidad a las costas de Florida, hasta que esa relación entró en una insalvable crisis.
 
Sostenían, mediante North, una estrecha relación con el exdictador panameño Manuel Antonio Noriega, hoy preso por narcotráfico. 

¿Qué es un narcoestado? Un Estado que vive del narcotráfico. The Guardian, en un reportaje sobre los nexos internacionales de la comercialización ilegal de cocaína, dijo que con García Meza había nacido el primer narcoestado del mundo. Bolivia es tan fuerte que incluso resistió la constitución de ese Estado que  fundamentó  la peor de las actividades delincuenciales. 

El "ideólogo”

La dimensión de la aventura delictiva de Suárez es sólo comparable con los argumentos que impulsaban su incursión en el tenebroso mundo del narcotráfico; en algún momento, alguien lo identificó como el "ideólogo” de todo lo que se conocería después como narcoestado. No se contentó con poco y logró un control monopólico, vertical, del mercado ilegal de la cocaína. Aunque, en todo momento sostenía que buscaba que un recurso natural como la coca beneficiara al país, según asegura Levy en su citado libro.

En efecto, el "Rey de la cocaína” (quien amasó una fortuna derivada de ingresos que en su momento no se podían calcular -a inicios de los años 80, afirman que llegaban a los 400 millones de dólares anuales-, pero que provenían de la venta de una producción mínima de dos toneladas diarias de pasta base o sulfato de cocaína para sus socios del Cártel de Medellín) "razona” que, en el reparto de los recursos naturales, Dios había sido generoso con Bolivia. 

Argumentaba que algunos países tenían inmensas reservas petroleras y auríferas, pero que a los bolivianos les "había tocado la coca en la repartición”. Y que si la coca crecía sólo en los Yungas, en La Paz, y  en el Chapare, en Cochabamba, era porque "habíamos sido bendecidos por la gracia de Dios”.

A este "razonamiento” sumaba otro de carácter nacionalista: los bolivianos hacíamos caso omiso a los milagros divinos y no sabíamos sacar provecho de las pocas oportunidades que se nos presentaban y, para variar, eran los extranjeros los que "siempre terminaban beneficiándose de nuestras materias primas, al darles incluso valor agregado”. 

¿No había sucedido eso, a lo largo de la historia del país, con la plata, la quina, la goma y el estaño? Los ingleses, ¿no habían mandado a pique el poderoso imperio de la goma, edificado, con grandes esfuerzos, por su abuelo Nicolás Suárez Callaú, en la Amazonia boliviana, cuando sacaron de contrabando las semillas del árbol del caucho para después atiborrar de plantines sus colonias asiáticas?

Por ser minero y monoproductor, la caída del precio del estaño, en los años 80, había sumido al país en una profunda crisis, ante la cual la coca era el único recurso estratégico renovable que le quedaba al gobierno "para sacarnos del subdesarrollo y saciar el hambre del pueblo”, aseguraba Suárez. En esos años, el gas no valía mucho. 
Y menos para alguien que, como "El rey de la cocaína”, quería pagar una deuda externa de unos 3.800 millones de dólares en 36 meses, y a quien le parece raro que se niegue "a priori la posibilidad de incursionar en el narcotráfico, en aras de nobles ideales, con la motivación del amor a la patria y a la humanidad”.

A gran escala

Con ese arsenal teórico, Suárez Gómez se convierte en el "don” de una actividad que - según los datos del libro de Levy- había comenzado a penetrar la estructura del poder dictatorial a mediados de los años 70. 
En la vida real, Suárez tiene la ventaja de contar con una flota de aviones para transportar carne, que inmediatamente pone al servicio de su nueva y lucrativa actividad. Además, es un hacendado y terrateniente beniano, descendiente del "Rey de la goma”, que dispone de tierras a las cuales se llega sólo por vía aérea y donde comienzan a funcionar factorías de producción a gran escala. 

Esa "capacidad empresarial”, que deriva en la constitución de la "Corporación” o la "General Motors del narcotráfico”, es lo que busca un grupo de militares golpistas, encabezado por Luis García Meza y Luis Arce Gómez -primo del "Rey”-, con la mediación del nazi Klaus Barbie, entonces conocido como Klaus Altmann. Pactan con Suárez, a quien le dicen que no debía espantarle la idea de delinquir, porque el objetivo final era promover el desarrollo del país para sacarlo de la extrema pobreza. Es decir, una meta incluida en el ideario del "Rey”.  

Con este acuerdo, la "General Motors del narcotráfico” obtiene un paraguas político, a cambio de financiar el golpe del 17 de julio de 1980 con cinco millones de dólares. Para consolidar los envíos y las operaciones del "primer narcoestado”, Barbie-Altmann aporta con los "Novios de la muerte”, entre los cuales figuran los tristemente célebres Stefano Delle Chiaie y Joachim Fiebelkorn, entre otros neofascistas. Es inevitable que el narcotráfico sea como un imán para la muerte. 

La caída

Pero la transnacionalización del narcoestado no hubiera sido posible sin el cártel de Medellín, de Pablo Escobar. 
En junio de 1980, Suárez entabla una relación decisiva con los capos del futuro Cártel de Medellín. En 1981 celebra su cumpleaños con una fiesta de postín en Santa Cruz, a la cual llegan como invitados el "Pelícano” y el "Mexicano”, los colombianos Pablo Escobar Gaviria y Gonzalo Rodríguez Gacha, respectivamente, a quienes Suárez llama el Dúo Dinámico. 

Pero el narcoestado era como la bíblica estatua con pies de barro, y cuando cae lleva al "Rey de la Cocaína” tras las rejas, de donde sale para morir el 20 de julio de 2000.  En cambio, el "Ministro de la cocaína”, Luis Arce Gómez, hoy cumple, al igual que el exdictador Luis García Meza, una condena de 30 años sin derecho a indulto en Chonchocoro. García Meza, en su libro ¡Yo dictador!, niega todo lo que afirma el libro de Levy. 

Y así fue como terminó lo que ahora se conoce como el "primer narcoestado” del mundo. Uno de sus vestigios -¿los únicos?- serían los hipopótamos que, en Colombia, viven en la hacienda "Nápoles”, del "Pelícano”, y que salen a pastar por las noches.

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