Página Siete conversó con siete personalidades de este ámbito

Quijotes de la lectura: historias de éxito de libreros y editores

Un alto grado de compromiso es necesario para vender y publicar libros. Dueños de Plural, El Cuervo, 3600, Yachaywasi, El Pasillo y otros recuerdan sus inicios.
martes, 06 de septiembre de 2016 · 10:10

Gonzalo Díaz Díaz de Oropeza  / La Paz

  "A mí me apasionaba tener una librería con los mejores libros. Yo no pensaba que un librero podía crecer y tener éxito. Pensaba que era diferente”. Así recordó el propietario de la librería Yachaywasi, Vidal Márquez, sus inicios a mediados de la década de  los años 80.

 Un amigo suyo le propuso en 1986 ir a Buenos Aires para adquirir mercadería. Allá se desarrollaba la Feria del Libro y Márquez invirtió todo su dinero en libros. Así dio un primer paso, en lo que para muchos es una labor quijotesca: dedicarse a la venta y producción de libros.   Y justamente, pensando en la labor que cumplen libreros y editores bolivianos, los artistas Álvaro Martínez y Pilar Montesinos diseñaron el logo de la FIL, que muestra a un Quijote sujetando una lanza con libros.

¿ Y cómo Márquez logró el éxito? El librero responde que se debe a dos factores: el legado de su familia que se dedicaba al comercio y a su pasión por los libros. Tuvo dificultades, pero nunca pensó en dejar su actividad. Ahora se lo ve contento y orgulloso de ser el arquitecto de la principal librería de La Paz.

 La misma expresión se nota en el director de Plural Editores, José Antonio Quiroga, cuando habla de las satisfacciones de su trabajo. En 2004, en Plural -recordó- empezaron a publicar una Biblioteca del Bicentenario. Lanzaron 30 libros, pero hace cuatro años  llegaron a un límite. Entonces Quiroga comentó la idea con el vicepresidente, Álvaro García Linera.

"Le entusiasmó mucho la idea y la adoptó. (...) Haber concebido y publicado unos 30 volúmenes con esa primera biblioteca que hicimos ha sido una de las satisfacciones. Además, ver que eso tiene una continuidad ahora en manos del Estado es también uno de los logros de Plural”.

Quiroga cosechó otras alegrías al publicar obras, como la Historia de la Villa Imperial de Potosí de Bartolomé Arzans de Orsúa y Vela, las obras completas de Jaime Saenz o las 15 novelas fundamentales de la literatura boliviana.

Plural también sorteó dificultades. "La edición independiente no es un buen negocio en ninguna parte del mundo”, explicó. A pesar de las adversidades, Quiroga se mantiene firme por una vocación de servicio. Desde 1992, Plural ha publicado más de 1.000 títulos. De ellos, 200 están agotados.

En realidad, el dedicarse a los libros implica un estilo de vida. El director de Editorial 3600, Marcel Ramírez, por ejemplo, considera que publicar y editar es lo único y mejor que sabe hacer. Su casa editorial tiene su origen en la Editorial Gente Común que desapareció hace tres años.

Ellos quieren llegar a un público masivo con libros de calidad. Por ello cuidan detalles que faciliten la lectura. Así se imprime en un tamaño de letra adecuado para que se pueda leer mientras uno se transporta en un vehículo. Han publicado al menos 100 títulos. "A veces es  un esfuerzo no muy bien remunerado (...) Entre los que nos dedicamos a este rubro, tiene que haber un alto grado de compromiso y de pasión”, añadió.

La Editorial El Cuervo es otra casa editorial relativamente nueva: nació en 2008, cuando publicó Cuaderno de sombra de Julio Barriga. Desde entonces ha lanzado 41 títulos, de los que ocho están agotados.

Su director, Fernando Barrientos, cree que Bolivia atraviesa por un momento literario excepcional. Y apuesta a reunir a los autores que representen ese momento dentro y fuera del país. Han publicado a autores de Bolivia, Argentina, Chile y Uruguay.

Las redes sociales juegan un papel crucial para la difusión de los títulos de El Cuervo. Hay mucha gente que piensa que internet ha perjudicado a la lectura, pero, al parecer se trata de un mito. Para el dueño de la librería El Pasillo, Carlos Ostermann Stumpf, internet es un aliado. "Gracias a internet, nuestros jóvenes son consumidores racionales. Ellos buscan libros reales, novedosos”, explicó.

Ostermann empezó a vender libros en 1992. Entonces era parte del Centro de Cultura Taipinquiri de  San Miguel. "Era sólo un pasillo, por eso se llama El Pasillo”.

En sus inicios, tuvo el apoyo del fundador de la Editorial Los Amigos del Libro, Werner Guttentag. Ahora está orgulloso de ser el propietario de la primera librería de la zona Sur. Pero, considera que ésta se mantiene por un legado de Guttentag: el oficio del  librero.

"El librero es un facilitador entre el público y los libros. El librero te dice cuáles son las novedades. Una buena librería debe tener un librero, una persona que conozca el oficio. Nuestras librerías todavía funcionan así”.

Obviamente, el recuerdo de Werner Guttentag es más fuerte entre quienes trabajaron con él. Es el caso de Amparo Linares, que trabajó con Guttentag entre 1990 y 1998 y ahora es responsable de la librería de Editorial Los Amigos del Libro en La Paz. "En honor a don Werner Guttentag me he hecho cargo de la librería, para que esta sucursal vuelva a tomar el rumbo que tenía anteriormente, para que recupere el prestigio que tenía”, dijo.

"Cuando llegaba a La Paz, siempre lo veíamos de buen humor, era una persona muy carismática, aunque en Cochabamba renegaba. Más que un jefe era un amigo”, explicó al mostrar la famosa frase de los libros de esta casa editorial: "No leer lo que Bolivia produce es ignorar lo que Bolivia es”.