Mario Terán, “el protegido”

Fue el elegido para dispararle a Guevara en 1967. Sus superiores le ordenaron no hablar y sus camaradas creen que es mejor para garantizar su vida.
domingo, 08 de octubre de 2017 · 12:09
Mery Vaca  /Santa Cruz

Cuando se pronuncia el nombre del Mario Terán Salazar, el suboficial boliviano que cumplió la orden de ejecutar a Ernesto Che Guevara el 9 de octubre de 1967, se produce un murmullo entre los soldados rangers que participaron del combate en el que cayó el guerrillero argentino-cubano.

Todos los conocen, lo ven de vez en cuando, pero ninguno quiere decir detalles sobre su vida y menos señalar la dirección donde vive. "Él se protege y nosotros lo protegemos”, dice Celso P., uno de los soldados y agrega que de Terán no va a hablar porque "hay gente que no lo quiere vivo y menos ahora”.

Él tampoco quiere decir su nombre completo porque teme represalias de parte de quienes hoy en día se dicen seguidores del Che y que gobiernan el país desde hace 11 años.

Mario Terán Salazar vive en Santa Cruz de la Sierra. Está jubilado del Ejército boliviano y, como tal, recibe una pensión del Estado. Tiene 75 años, está casado y a estas alturas de la vida, lo único que hace es ver pasar sus días junto a sus hijos y nietos.

El general Gary Prado, que capturó al Che en la quebrada de El Churo el 8 de octubre de 1967, se ve con Terán de forma esporádica y cuenta que hasta hace poco tenía "un problema pulmonar”. En la misma línea que sus soldados, cuenta que vive "en el anonimato y no aparece mucho” porque, en su criterio "es mejor para su tranquilidad”.

Reconoce que es eso lo que él y otros oficiales le recomendaron, "que no esté apareciendo”. Pese a eso, el 2014 fue entrevistado por el periódico español El Mundo, pero, fiel a su libreto de vida, dijo que no fue él quien mató al Che. De hecho, dispersó la atención del tema indicando que había tres soldados con su mismo nombre en la campaña de Ñancahuazú.

Sin embargo, los soldados cuentan que el 23 de marzo de este año, fecha en la que se recordaron 50 años del primer combate del Che en Bolivia, Terán estuvo presente en un acto de conmemoración en la plaza Blacut de Santa Cruz, donde se construye un monumento de homenaje a los caídos a manos de la guerrilla. 
 
Mario Terán entre siete

Luego de recibir la orden de ejecución del Che, el coronel Joaquín Zenteno Anaya, el entonces comandante de la Octava División del Ejército, reunió en una especie de semicírculo a los siete suboficiales y sargentos que estaban en la escuela de La Higuera. "Les explica que hay esta orden de ejecutar a los prisioneros y dice que necesita voluntarios, los siete se ofrecieron como voluntarios”, recuerda Prado.

"Firme”, "firme”, "firme” y así siete veces, hasta que Anaya pone el dedo sobre Terán y sobre el sargento Bernardino Huanca. El primero para que ingrese al aula donde estaba preso el Che desde el día anterior y el segundo para que se ocupe del guerrillero Willy, que estaba en la habitación de a lado.

El agente de la CIA, Félix Rodríguez, que se encontraba en el lugar para informar al gobierno de Estados Unidos de los sucesos, dice haberle recomendado a Terán que dispare del cuello para abajo para sostener la versión de que el Che había muerto en combate, tal como ya habían anunciado las radios para entonces citando a fuentes militares de Bolivia. Terán estaba armado con una carabina M2 automática, con la que disparó dos ráfagas que hicieron un total de siete disparos en el cuerpo del Che.
 
A las 13:10 del 9 de octubre de 1967, el Che murió en su ley: ejecutado. Eso es lo que él había hecho desde sus tiempos de guerrillero raso en la Sierra Maestra, como comandante de una de las columnas contra Fulgencio Batista, como encargado de la fortaleza de La Cabaña en La Habana estando en el poder, en el Congo y luego en la misma guerrilla boliviana. Según cuentan sus biógrafos, al Che no le temblaba la mano para ejecutar a los "chivatos” (soplones), a los traidores, a los flojos, a los desertores, a los torturadores e incluso a los sospechosos de todo eso.

La primera víctima de una ejecución fue Eutemio Guerra, a quien el Che acusó de pasar información a los militares en la Sierra Maestra. "Acabé con el problema dándole un tiro con una pistola del calibre 32 en la sien derecha. Sus pertenencias pasaron a mi poder”, describe en su diario. Luego, se sucedieron otras ejecuciones y, en su estancia en La Cabaña, la fortaleza habanera donde iban a parar los opositores, disidentes, seguidores de Batista, entre otros, el Che ejerció como fiscal supremo, es decir, fue dueño de decenas y decenas de vidas.

Dice la leyenda que cuando el jefe guerrillero vio ingresar a Terán, le dijo: "Sé que viene a matarme. Dispare, cobarde, sólo va a matar a un hombre”.

Prado cree que esa frase fue inventada por los propagandistas cubanos. "No hubo una sola palabra, Terán abrió la puerta, entró y disparó”, relata. Pero, ¿fue realmente Terán quien acabó con la vida del Che o existió un tiro de gracia que salió de otra mano?
 
El soldado Celso P., que ahora está entre los veteranos de Santa Cruz, dice que algún oficial le dio un tiro de gracia con su pistola porque Terán no habría logrado su objetivo. La versión coincide con un testimonio anónimo de otro soldado contenido en el libro de Carlos Soria Galvarro El Che en Bolivia, documentos y testimonios, su último combate, que dice que "no solamente le disparó Mario Terán, sino que lo remató también con un tiro Carlos Pérez Gutiérrez. Posteriormente, un soldado apellidado Cabero entra y le dispara también porque su compañero Manuel Morales, que era de su región había muerto”.

Las versiones de que Terán estaba ebrio cuando ejecutó al Che se multiplicaron por diversos documentos. El mismo soldado consultado por Soria Galvarro dice que estaba "bien borracho” y que incluso llegó a increpar al Che diciéndole "oiga, carajo, por qué ha matado tanto soldado”. Según otro soldado, también consultado por Soria Galvarro para el mismo libro, Terán quería matar al Che con el argumento de que en la compañía B "habían muerto tres Marios, él también se llamaba Mario, entonces decía en honor a ellos deben darme el derecho de matar al Che”.

En 2014, cuando El Mundo de España le preguntó a Terán si él formaba parte del grupo que detuvo al Che, contestó: "No es cierto. Habíamos dos o tres Marios Teranes (sic) en el Ejército, pero con diferentes apellidos maternos...”.

Sin embargo, los periodistas que lo entrevistaron le muestran la única foto que se conoce del sargento que disparó contra el guerrillero, a lo que termina reconociendo que es él. Ese retrato en blanco y negro fue tomado por la periodista francesa Michéle Ray en diciembre de 1967, meses después de la muerte de Ernesto Guevara. Ahí, Terán luce uniforme militar y un rostro serio.

Otras fotos de él no se conocen. Incluso, llama la atención que el diario El Mundo no haya sacado una imagen de buena calidad cuando lo entrevistó. Acompaña su crónica con una foto de perfil, en el que casi no se puede apreciar el rostro.

Un suboficial "nada especial”

Gary Prado reconoce que se trata de la misma persona, el de la foto es el mismo que disparó en contra del Che. Y él lo conoce muy bien porque Terán fue su alumno cuando cursaba el último de tres años en la Escuela de Sargentos de Cochabamba. Después, la vida de Prado se volvió a cruzar con la de Terán en el regimiento Ingavi de La Paz y otra vez en la Escuela de Sargentos, donde ambos estaban como instructores.

Durante el combate de El Churo, Prado era comandante de la Compañía B, mientras que Terán integraba la Compañía A, al mando de Celso Torrelio Villa. Prado lo recuerda como alguien "tranquilo, eficiente, cumplidor de sus obligaciones, nada especial”.

Nacido en Cochabamba en 1942, Mario Terán es hijo de Vicente Terán y Candelaria Salazar. Según El Mundo, se casó el 21 de julio de 1965 en Montero, provincia Obispo Santistevan del departamento de Santa Cruz con Julia Peralta Salas, con quien tuvo seis hijos.

Terán siguió su carrera militar en diferentes unidades del país hasta jubilarse e instalarse definitivamente en Santa Cruz, donde el único asedio al que está expuesto es al de los periodistas de todas partes del mundo, que darían cualquier cosa por entrevistarlo.

Mucho se dijo en  los libros sobre Mario Terán, pero lo cierto es que su vida doméstica es un misterio. Paco Ignacio Taibo II, en su libro Ernesto Guevara, también conocido como el Che, afirma que Terán "vaga alcoholizado por las calles de Cochabamba, perseguido en sus pesadillas por la imagen del Che y que, al igual que el sargento Bernardino Huanca, ha tenido que someterse a frecuentes tratamientos psiquiátricos”.

A decir de Jon Lee Anderson, autor de Che, una vida revolucionaria,  "Mario Terán es un personaje patético, un hombre que vive oculto -a veces usa pelucas- y disfraces convencido de que Cuba y sus aliados lo buscan para asesinarlo”. Lo cierto es que los cubanos lo encontraron, pero no para asesinarlo, sino para practicarle una cirugía en uno de sus ojos, aunque, claro está, sin saber que a quien estaban operado era al verdugo del Che.

Jon Lee Anderson, claramente enfadado, agrega que "Terán es un hombre sumamente amargado, se considera un chivo expiatorio de sus superiores que escribieron libros y ganaron gloria y ascensos con la derrota del Che. Acepta responder sobre los sucesos de La Higuera del 9 de octubre de 1967, pero sólo por dinero”. Lo cierto es que el autor no logró que Terán le diera la entrevista. Pero él no es el único que ha sido rechazado  y no se conoce que haya recibido dinero por hablar de los sucesos. Al menos no hasta ahora.

La operación milagro

En octubre de 2007, cuando se ultimaban los preparativos para la conmemoración de los 40 años de la muerte del Che, el diario oficial de Cuba, Granma, informó que médicos cubanos que trabajaban en la "Operación milagro” en Bolivia habían operado y devuelto la visión a Mario Terán.
Sin embargo, en la entrevista con El Mundo, Terán dice que es falso que le hayan devuelto la vista. "Me han fregado, me han dejado el ojo (derecho) colorado”, reniega.

Más allá de la ironía, lo cierto es que Terán vive a la sombra del Che. Si existiera la supuesta maldición en contra de quienes participaron de la captura y ejecución del guerrillero ésta habría pasado por alto justamente a Terán.

En todo caso, este hombre, como los demás soldados, únicamente estaba cumpliendo con su deber en medio de una guerra. 

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