El año en que las plataformas ciudadanas cobraron notoriedad

El afán de la permanencia en el poder del masismo catapultó a los colectivos ciudadanos. El fallo del Tribunal Constitucional sobre la reelección puso en emergencia también a mujeres y jóvenes.
sábado, 23 de diciembre de 2017 · 01:00

 Lorena Rojas Paz Periodista


Cada vez y con más frecuencia se escucha hablar de los colectivos ciudadanos, los cuales  se expresan no sólo a través de las redes sociales, sino también por medio de protestas en la calle. Las plataformas se pronuncian por temas que van desde la defensa de su voto, la democracia, hasta por el cuidado del medio ambiente.


     Sin duda el 2017 es el año en el que los colectivos cobraron notoriedad, pero ¿será también el año en que se recuerde  que  estas plataformas empezaron a perfilarse como fuerzas protagonistas del acontecer nacional? Eso sólo el tiempo lo dirá… 


Pero ¿cuál es su origen? Las plataformas ciudadanas irrumpieron en medio de un escenario en el que  los partidos políticos están venidos a menos y en el que el Movimiento Al Socialismo (MAS) ostenta en el Legislativo dos tercios y, además,  tiene como base a los sectores sociales  que detentan gran capacidad de movilización.    


Iván Arias, analista e integrante del colectivo Fuerza Ciudadana, comenta: “Hace algunos años cuando empezamos, decíamos que eran los actores ciudadanos los que debían jugar un rol importante. Mucha gente consideraba que aquello no existía y que era más un discurso, y que no había que tomarlos en cuenta, pero con el pasar del tiempo se ha demostrado que los colectivos ciudadanos no sólo tienen poder electoral, sino también de movilización. Son capaces de ir a las urnas y son capaces de sacar a la  gente a las calles”.


El referendo 


El “hecho clave” para la emergencia de estas plataformas fue el referéndum del 21 de febrero de  2016. En aquellos comicios, el masismo buscó reformar el artículo 168 de la Constitución Política del Estado  con el objetivo de habilitar al presidente Evo Morales a una nueva reelección. 


“Una Nueva Oportunidad”, “Otra izquierda es posible”, “Me comprometo, Voto No”, fueron algunos nombres de los colectivos que se empezaron a escuchar en la campaña por el No a la reelección. Y ganó el No con el 51%. 


No obstante, en diciembre de 2016 el masismo en su congreso de Santa Cruz decidió ponerse en carrera para conseguir que Evo   Morales sea habilitado, a pesar del resultado del 21F. Para concretar ese anhelo  el partido oficialista determinó cuatro vías. 


En ese marco, el 21 de febrero de 2017  los colectivos ciudadanos celebraron la victoria por el  No.

Para entonces ya se hablaba de hasta 40 plataformas ciudadanas que se organizaron para evocar esa victoria con el grito de  “Mi voto se respeta”.  “El referendo hay que recordarlo una y otra vez porque fue justamente una limitación a un intento del poder de reproducirse más allá del límite que fija la Constitución”, declaró a principios de febrero José Antonio Quiroga, integrante de Una Nueva Oportunidad.


Más allá del  21F


Los movimientos ciudadanos demostraron que se interesan por causas que van desde la defensa del medioambiente e incluso llegaron a plantear una agenda de país. 


Fuerza Ciudadana  publicó el libro   Volver a pensar; y el 7 de septiembre, encabezado por Una Nueva Oportunidad,  más de 180 personalidades y líderes de distintos ámbitos  suscribieron la Agenda 21F. 


En el texto de ese documento se establece que “puesto que no hay viabilidad jurídica ni política para los planes de perpetuación de Evo Morales en el poder”, las organizaciones de la oposición y el propio MAS deben prepararse para un nuevo proceso de transición. 

El 18 de  agosto, cuando el masismo anuló la intangibilidad del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS), un pequeño grupo de jóvenes se movilizó en cercanías de la Vicepresidencia, donde se llevaba adelante  el acto del entrega del reconocimiento al Presidente por los 50 años del  Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales  (CLACSO). 


En aquella oportunidad, la joven Carla Casas tomó el estrado y profirió:  “Soy una ciudadana de Bolivia que exige su derecho al medio ambiente. Queremos que se respete el TIPNIS, que se respete la intangibilidad con todas las garantías que se merecen”. 

 
Otra vez la reelección 


El 18 de septiembre, el MAS interpuso un recurso de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP), en el que el partido oficialista pidió inaplicar artículos de la Carta Magna  con el fin de habilitar a Morales para ser candidato de por vida. La emergencia ciudadana se reactivó. 


En ese marco se dio otro de los “momentos claves” en los que se vio el “poder ciudadano”. El 10 de octubre, cuando la democracia cumplía 35 años, las plataformas ciudadanas organizaron concentraciones en las principales capitales del país.  “Bolivia dijo No”, fue la consigna que unió a la ciudadanía que llevó banderas tricolores, banderas de los departamentos y pancartas. 


Aquella vez, la fuerza de la población no sólo se escuchó en los principales departamentos del país, sino también en el exterior. En Madrid, Barcelona (España), Roma (Italia), San Francisco, Washington (EEUU), Ginebra (Suiza) y otras ciudades,  decenas de bolivianos salieron a las calles para pedir respeto del voto del 21F.


El fallo y las judiciales


Generación 21  y Ciudadanos  fueron algunos movimientos que se registraron  en la campaña por el nulo. En medio del proselitismo  se vio, por ejemplo, la montaña de la corrupción  en la que se hizo referencia a los casos más sonados, como Fondioc y CAMC. 


No obstante, en pleno proceso electoral, el 28 de noviembre -cuando faltaban  cuatro días de las judiciales-, el TCP falló a favor del masismo y habilitó al presidente Morales como  candidato de por vida.


Aquello repercutió en la emergencia de nuevos actores ciudadanos,  que se movilizan en contra del veredicto. Jóvenes,  que se conocieron en las calles cuando marchaban, decidieron articularse en el colectivo juvenil departamental    “Revolución juvenil Bolivia”.  Ellos -mencionaron- tienen como objetivo “cuidar la democracia” en el país. 


Las mujeres también emergieron como grandes  protagonistas. Conformaron un colectivo a nivel nacional a través de Facebook.  “Kuña Mbarete”, que significa “Mujer Fuerte”, es el nombre del movimiento. Ellas, en distintos departamentos del país, realizaron  marchas y concentraciones y aseguraron  que  lucharán por la democracia en Bolivia.

 “La historia está por escribirse”


Para el analista Roger Cortez, el surgimiento y la consolidación de estos movimientos ciudadanos  se trata de una respuesta que busca llenar las fallas y eficiencia del sistema de representación. 


“A partir de la presencia del gobierno del Movimiento Al Socialismo, hay un debilitamiento continuo del sistema de los partidos por una ineptitud de responder apropiadamente al fenómeno político que representa el MAS”, comenta. 


 Cortez explica que estos movimientos ciudadanos surgen en situaciones de tensión especial, como lo fue el 21 de febrero del 2016, la celebración  del 21 de febrero, un año después, y ahora durante las elecciones judiciales y el fallo que habilitó al presidente Evo Morales a una nueva reelección. 


   “Esta presencia está tratando de llenar el espacio que no puede ser copado por el tema  de representación, y logra éxitos momentáneos, y bajo este nombre se ampara una multitud muy diversa”, afirma el analista.


 Para Cortez las plataformas  van desde antiguos núcleos de militantes, semi-partidos, fracciones partidarias, hasta simples encuentros momentáneos, amparados por las autoconvocatorias de las redes sociales.


 “Es algo totalmente heterogéneo”, dice el especialista. Agrega que se está tratando de lograr un encuentro de entendimiento con los partidos políticos.


Será en los próximos meses en que se podrá ver a dónde van estos grupos ciudadanos.


“La historia está por escribirse”, afirma el analista. Comenta que estas expresiones van a prolongarse  y son resultado de la incursión y del peso mayor que ocupan las redes sociales en la vida política actual.

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