El Oncológico de Santa Cruz sobrevive gracias a fundaciones

Las instituciones de voluntarios apoyan con equipos y recursos para comprar medicamentos y cancelar estudios de laboratorios. Médicos operan gratis.
jueves, 18 de octubre de 2018 · 00:21

Wara Arteaga / Santa Cruz

En el patio del área de quimioterapia del Oncológico del oriente boliviano, Dilvani Cabrera recuerda que vendió casi todos sus bienes para salvar a hija mayor que lucha contra el cáncer. Fue hace tres años. Se quedó sin trabajo y fue abandonada por su esposo.

Estaba a punto de perder la fe, pero con ayuda de los médicos de este hospital se contactó con las fundaciones que colaboran con dinero para pagar los gastos de las recetas y los estudios. “Acá los doctores tratan a los niños como si fueran sus hijos, los tratan mucho mejor porque saben cómo viven”, explica Cabrera.

Asegura que el costo de la quimioterapia de todos los niños del Oncológico cruceño es financiado por una fundación española.

Y es que en Santa Cruz es un secreto a voces y toda la gente sabe que el Oncológico del oriente boliviano sobrevive gracias a las fundaciones y voluntarios. En este hospital de cuarto nivel que se especializa en el tratamiento del cáncer, los 35 oncólogos y los cinco pediatras oncólogos trabajan tiempo extra para atender a todos los pacientes.

Pese a que tiene el mayor número de especialistas en Bolivia y cuenta con un acelerador lineal y otros aparatos para tratar el cáncer, este centro no puede cubrir la gran demanda de enfermos que llegan de los nueve departamentos del país. Según los pacientes y familiares, faltan ítems y equipos.

Los médicos incluso contactan a los enfermos de bajos recursos con las fundaciones. Algunos operan gratis. En los últimos días de septiembre, los especialistas del Oncológico no aceptaban entrevistas para evitar hablar del caso del niño Sebastián, que perdió los dos riñones por mala praxis. El pequeño se sometió a una cirugía gratuita porque sus padres eran de bajos recursos. Hoy es atendido en Brasil.

Una madre de familia ingresa a consulta con su niña.

Cabrera espera a su hija mayor, Gabriela, de ahora nueve años, y a su otra pequeña de cuatro. La primera realiza sus controles quincenales, mientras que la pequeña aprovecha para ir a la escuela del oncológico, que es una amplia sala donde los niños pasan clases. Pese a que los barbijos ocultan sus sonrisas, desde afuera se escuchan los gritos de alegría de los pequeños.

Una mujer que viene de San Matías, frontera con Brasil, cuenta que viaja por carretera 12 horas para llegar al Oncológico y por el tratamiento de su retoño, decidió hace unos días mudarse a Santa Cruz. “A veces tienes que esperar los sábados o domingos para cumplir con la quimioterapia, si se enferma tienes que quedarte. Mi esposo no entendió todo eso y se fue”, cuenta. “Acá uno aprende a ser fuerte, con tantos problemas”, recalca.

Ana Figueroa, representante de los padres de los niños con cáncer del Oncológico cruceño, repite el secreto a voces. “Acá falta de todo, todo lo que vemos es esfuerzo de voluntariado, que siempre vio por los niños. La atención médica es excelente, pero faltan las condiciones: infraestructura, equipamiento y personal. Ante esas necesidades, vimos la manera de luchar, no por dinero, sino para recaudar medicamentos e insumos, porque a veces no tenemos ni para papel higiénico, aunque suene irreal”, asegura.

Figueroa cuenta que muchos papás se quedan en el hospital para acompañar a sus retoños e incluso ya no tienen dinero para la comida de sus otros hijos. “Salgo de casa con 20 pesos, a veces menos y se va 10 en pasajes. Si mi niña quiere agua, o la otra necesita un medicamento ya no alcanza el dinero”, lamenta Cabrera.

“El Oncológico es un referente en el país de la atención del cáncer, si bien depende de la Gobernación, hay mucha ayuda social. Las damas de la sociedad Argentina, por ejemplo, salen a las calles y hacen campañas para recolectar dinero destinado para mantener el oncológico”, dice el abogado Jodael Bravo, quien investiga la situación del nosocomio.

El área de internación para niños fue ampliada y remodelada por las Damas Argentinas. “Antes eran salas, ahora son cuartos que hacen que los niños se sientan un poquito mejor y no les dé pánico cuando les digan que tienen que internarse. Es que los niños que llegan aquí, si sobreviven, se quedan por lo menos ocho años”, asegura.

“Este hospital subsiste gracias a las fundaciones, una de ellas es la Legión, las Damas Argentinas y hay muchas otras que dan ayuda. Por ejemplo, en pediatría está Fanig España, Fanig Bolivia, Gotitas Rojas, Fundesi, Esperanza de vida, el Grupo Bao, el Grupo Aba, que es otro voluntariado, pero hay muchas más que ayudan para que el hospital funcione”, explica Figueroa.

Dilvani y su hija de nueve años que recibe quimioterapia.

Las fundaciones apoyan con equipos y recursos para comprar medicamentos y cancelar estudios de laboratorios. Incluso se hacen cargo de recetas caras.

La Asociación de padres de pacientes con cáncer del hospital cruceño nació hace cinco años. Se creó para que la ayuda llegue por igual a los niños. Y es que muchas de las madres dejan de trabajar por cuidar a sus niños y se quedan sin dinero. Una historia que reveló esta realidad es la de Claudia, la boliviana que fue encarcelada en Argentina por llevar droga a cambio de un dinero para pagar la quimioterapia de su hijo, Fernando.

Según los padres y madres, la primera voluntaria por los niños del oncológico fue la doctora Yolanda Ernst.

En la puerta de la escuela del Oncológico, los padres esperan que sus niños salgan de clases y en ese tiempo también buscan a sus salvadores: los voluntarios de las fundaciones.

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