Loteadores, inmobiliarias, tala y quema amenazan las áreas protegidas paceñas

Los vecinos de algunos sectores se han declarado en emergencia a causa de los loteamientos y la tala en los bosques urbanos. Denunciaron que detrás de estas acciones hay casos de corrupción.
jueves, 13 de diciembre de 2018 · 00:00

Gabriel Díez Lacunza  / La Paz

Los vecinos de Bolognia quieren impedir a toda costa que se construya un bloque de viviendas al interior del bosquecillo y área protegida del mismo nombre. Desde la Alcaldía se negó el permiso pero ellos creen que el riesgo aún es latente. Este caso no es aislado; el problema de loteamientos en áreas protegidas de La Paz al parecer es una constante, tanto así que los vecinos y los  investigadores se han declarado en  alerta.

En el  bosquecillo de Bolognia, ubicado en la zona Sur de La Paz,  vive Yawar Nina, un hombre de 60 años. Guardaparque voluntario, muestra unos papeles en los que se observa cómo R. S. S. posee un testimonio propietario de 9.000 metros cuadrados de esa porción arborizada; el documento data de 1987. “Luego, al parecer, vendió ese predio a una empresa constructora”, comenta Nina.

“Hace algunos años la Alcaldía de La Paz colocó letreros (en este lugar) y fueron removidos”, añade la presidenta de la junta de vecinos de ese barrio, Patricia Nacif, mientras muestra el predio una mañana de sábado. Lo cierto es que esa parte de Bolognia fue declarada monumento natural recién en 1998 y patrimonio natural paisajístico en el 2000, y posteriormente fue declarada área protegida.

El riesgo está presente en la mayoría de las 21 áreas protegidas municipales de La Paz que hasta 2015 eran 27.  Nayra Antezana, voluntaria de la Red Oxígeno, explica que una de las amenazas más representativas para la pérdida de superficie y masa boscosa de estos espacios es el avasallamiento, los asentamientos ilegales de personas. Coincide con ella la exguardaparque Claudia Figueroa, de 30 años, quien añade que en otros lugares se verificó en los últimos años tala e incendios forestales iniciados por chaqueos para aprovechamiento de tierras.

La Ley 1333 de Medio Ambiente ya había introducido hacia 1992 el concepto de área protegida e indicaba su valor patrimonial y deber de cuidado por parte del Estado. Hacia el año 2000, el municipio declara a 27 sitios, áreas y monumentos como protegidos. En 2015, a través de la Ordenanza Municipal 259/2015, reduce ese número a 21.

Ante este panorama, el investigador Álvaro Garitano-Zavala Burgos en Desarrollo urbano sostenible, una visión desde la biología, afirma que la Alcaldía paceña debe retomar las riendas y establecer de manera urgente mecanismos para proteger estos espacios. La idea es “conservar y salvaguardar el patrimonio natural paceño con un sistema funcional de espacios naturales protegidos que beneficie a todos. Esto depende de la acción decidida de todos los ciudadanos en reclamar este derecho”, añade.

En la actualidad el 23% de la superficie de las áreas protegidas municipales de La Paz están sobrepuestas por la mancha urbana, según detalla una investigación aún inédita de Yamil Maidana, egresado de Biología de la Universidad Mayor de San Andrés. Ese documento refleja que ninguna de las 21 áreas se salva. Los casos de Bolognia, Pura Pura y Auquisamaña son los más “preocupantes”, según vecinos de esas zonas.


Ocupación en Bolognia

A cada paso  se escucha más fuerte los ladridos furiosos de dos perros. Yawar y Patricia afirman que es una constante cuando cualquier persona se acerca a indagar sobre el terreno de R. S. S. dentro del predio del Bosquecillo de Bolognia, ubicado en la calle 11.

Días antes, en una pequeña casa de madera fabricada por el mismo Yawar al interior de esa área protegida, este guardabosque voluntario expresaba la necesidad de conservar los espacios verdes de La Paz. Entre ambos identificaron al menos cuatro casos de avasallamiento en esta zona.

En  Pura Pura   la gente entra a lotear por las noches. 
Fotos enviadas por vecinos a Página Siete

Está el del Condominio Los Geranios, construido y consolidado hace décadas pero que, según ellos, no cuenta con catastro. El segundo, el de una empresa constructora que en el predio de R. S. S. estaría ofreciendo unidades familiares en preventa a través de redes sociales y una página web y que, incluso, ya tendrían financiamiento bancario.

El tercer caso es sobre una señora que quiere ingresar al área a la altura de la parada del minibús 344. El último se trata del sector Caliri donde, denuncian, una exfiscal y un abogado estarían implicados en el avasallamiento para urbanizar el área protegida.

Cerca del primer espacio en cuestión, ubicado en la calle 11, existe un letrero que reza “Propiedad de Cossmil” (Corporación de Seguro Social Militar) justo en el terreno de R. S. S. Según cuentan los vecinos, gran parte de Bolognia era hace muchas décadas propiedad militar. La presidenta de la junta vecinal, Patricia Nacif, relata que luego de hacerse con los terrenos, muchas décadas atrás, los militares procedieron a la venta de lotes. En los años 60, dice, se entregaron las viviendas que antes eran haciendas del “Gran Irpavi”. Añade que quien vendió parte de Bolognia a Cossmil lo hizo con la condición de que se preserve el bosque.

Al respecto, en un foro público en el que participaron vecinos y miembros de la Alcaldía, entre otros actores, el 4 de mayo de este año, también estuvo presente un representante de esa instancia castrense. “COSSMIL  tiene la intención de trabajar de forma coordinada, en apoyar en la delimitación y conversar sobre ceder espacios para protección y conservación del área protegida, los cuales no se destinen al cambio de uso de suelo para construcción”, se lee en la sistematización de ese evento.

El abogado ambientalista Vladimir Muñoz, quien conoce el caso, afirma que el riesgo con la empresa constructora y avasalladores en otros sectores de esta área protegida es latente. Afirma que por ello entablaron contacto con el subalcalde Óscar Sogliano.

A su vez, mediante sus redes sociales, Sogliano respondió a los vecinos que cuestionaban este hecho en particular. La autoridad municipal explicó que al estar vigente el Reglamento de Uso de Suelos y Patrones de Asentamiento, no se dio en ningún momento la autorización para cambiar el régimen de uso de suelo. “No permitiremos que se construya en las áreas protegidas ni en cualquier lugar que no tenga autorización municipal”, enfatizó en Facebook.

No obstante, los vecinos no se confían y buscan soluciones definitivas. Estas situaciones en el Bosquecillo de Bolognia a algunos los tienen bastante preocupados pero, al mismo tiempo, firmes en su intención de no dar un paso atrás hasta que se regularicen estos hechos y se impida de manera categórica cualquier tipo de asentamiento y posterior construcción de viviendas.

“Hay una creciente presión de gente que quiere urbanizar, lotear y todo eso. Entonces, hemos decidido ocupar el espacio con un plan de manejo integral del bosque”, afirma Yawar sobre su presencia y pernocte desde hace un año y medio dentro de esta área protegida. “Como ciudadanos tenemos el derecho y el deber de proteger lo que queda de la flora y fauna propias de este lugar”, concluye este miembro del grupo “Jucumaris”, voluntarios que trabajan en el área desde hace 25 años.

Vista de la zona sur  desde el bosquecillo de Auquisamaña. 
 Foto:Gabriel Diez Lacubnza / Página Siete

Loteadores en Pura Pura

El 29 de noviembre, un mensaje acompañado de fotos llegó a uno de los números de WhatsApp de Página Siete. “Las fotos que le pasé son del Bosquecillo de Pura Pura, donde ya hace tiempo la Alcaldía desalojó a personas avasalladoras del área verde (…) ahora (de nuevo) están  ocupando ilegalmente el lugar”, dice parte del texto.

Según el remitente, los infractores rompieron el candado de la reja de esta área protegida, ubicada entre La Paz y El Alto, para poder ingresar. “Están con una carpa y se les ve cortando árboles”, continúa.


El Bosquecillo de Pura Pura tiene una extensión de 195 hectáreas. Pese a que es considerado uno de los espacios verdes más grandes e importantes de la ciudad, una buena porción de su masa boscosa no es nativa, sino que fue introducida durante la primera mitad del siglo XX por la empresa de ferrocarriles para asentar el suelo.

“El área plantada por la Railway hasta 1948 era de aproximadamente 260 hectáreas, dispuesta al noreste de la urbanización fabril de Villa Victoria, la cual fue emplazada sobre un espacio de 30 hectáreas”, se lee al respecto en un documento elaborado por el investigador José Ramos Sánchez.

Más allá de si se trata o no de un espacio verde natural, el conflicto con los loteadores había finalizado supuestamente el año 2015. El 10 de octubre de ese año este medio publicó la noticia “Vecinos de Pura Pura denuncian loteamiento en el bosquecillo”. La respuesta de la Alcaldía fue tajante e inmediata: no se dará certificados catastrales ni permisos de construcción.

“Hemos alertado a las personas que se han identificado como compradoras (…) a que no pueden hacer ocupaciones en esta área”, declaró en aquel entonces el director jurídico de la Alcaldía, Fernando Velásquez.

En la actualidad la alarma suena de nuevo. Vecinos y exfuncionarios municipales unen sus voces para frenar a quienes ellos identifican como loteadores. “Antes, el Bosquecillo de Pura Pura era hasta el teleférico”, hace notar la exguardaparque Andrea Vargas. Por su parte el tesista de Biología Yamil Maidana, que investiga sobre áreas protegidas, anota que antes se trataba de un área forestada muy amplia pero que se fue fragmentando por los asentamientos. “La zona de Alto Pura Pura es la más descuidada, los loteamientos la afectan”, afirma.

La historia normativa de Pura Pura la coloca como un Área Protegida desde el año 2000. Primero, en 1991 a través del DS 22927, se declaró al sector como un “bosque de permanente protección” con la prohibición de cualquier asentamiento humano, salvo el permiso para construir un parque. En 1994 pasó a ser santuario municipal del medio ambiente y la ecología. Finalmente, en el 2000 ingresó al grupo de 27 sitios patrimoniales paisajísticos “para su conservación y protección”.

Terraceos en Auquisamaña

A diferencia de lo que sucede con las áreas protegidas de Bolognia y de Pura Pura, que colindan con espacios urbanos a menos de 100 metros, para ingresar al Bosquecillo de Auquisamaña es preciso alejarse un poco del área poblada. Mientras sube a pie el camino que conecta Auquisamaña con su área verde, F. D. (de 26 años) explica que en la zona se realizan trabajos de terraceo.

Aunque no se sabe con exactitud quién ni qué empresa está a cargo de estas labores, a lo lejos en la montaña es posible ver cómo tractores y retroexcavadoras están en actividad. Tampoco se puede precisar si el sitio donde están pertenece en efecto al área protegida.

Lo cierto es que tanto F. D. como una exguardaparque de este lugar consideran que existe riesgo inminente de avasallamiento. De hecho, Andrea Vargas, exfuncionaria municipal, explica que atravesando el área protegida, al otro lado de donde ahora se ven los tractores, si existe una urbanización en proyecto.

Al llegar al ingreso del bosque está un letrero de la Alcaldía. “¿Qué es un área protegida? Es un área reconocida y gestionada mediante medios que garanticen la conservación de la naturaleza, sus servicios ecosistémicos y sus valores culturales”, se lee. Al girar es posible observar una pequeña casa donde supuestamente deberían estar los cuidadores; está vacía, abandonada.

Según Claudia Figueroa, exguardaparque, hasta el 2013 había 18 personas que cumplían la misma labor que ella en diferentes áreas protegidas de La Paz; en 2015 quedaban ocho y la gestión 2017 se cerró con cuatro. Ante este escenario, el alcalde Luis Revilla, en entrevista con Página Siete, afirma que el plazo y compromiso para reponer estos ítems es 2019.

“En lo que podemos actuamos, para  ir a demoler una vivienda necesitamos apoyo policial. Como vamos a ir a demoler una vivienda donde hoy gente peligrosa, necesitamos apoyo policial”, dice Revilla y agrega: “En algunos casos hemos tenido el apoyo de la Policía y en otros casos no. Se necesita la actuación y acompañamiento de la Policía”, demanda. 

 

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