Niños acuden a cajeros, alojamientos o a la violencia sexual para tener un techo

En El Alto los menores que no están en sus hogares hacen “lo que sea” para no dormir en la calle. El robo y someterse a violencia sexual comercial son formas para conseguir dinero para pagar un hospedaje.
jueves, 09 de agosto de 2018 · 00:00

Gabriel Díez Lacunza / La Paz


“Quiero trabajar en una casa, dormir en un catre, levantarme tranquilo y sin temblar de frío”. El testimonio fue recogido en 1989. Es de un niño que vivía en las calles paceñas. Su deseo es tan intenso como la desesperación de una joven de 17 años que en la actualidad debe “hacer pieza” y así huir del frío de la noche alteña. “Mi chico me ha pegado, ¿dónde voy a dormir?”, el llanto es desconsolado.

En El Alto hay niños en situación de calle desde los ocho años y la niña más pequeña identificada en un escenario de violencia sexual comercial tiene 11 años, dice el director de la fundación Munasim Kullakita, Ariel Ramírez.

La temática de niños, niñas y adolescentes en situación de calle cobró fuerza en el país a finales de la década del 80 hasta mediados de los 90. Una de las causas de esta situación, según investigaciones de la época, fue la crisis económica que atravesó el país; otra, la migración campo-ciudad derivada de tal fenómeno.

Todo ello acentuaba la pobreza y, entre otras cosas, obligaba a las madres y padres a dar el visto bueno para que sus hijos se incorporen al mercado laboral. Esto, afirman especialistas, en esos días y ahora, es un factor de riesgo para empezar a vivir en la calle. No obstante, el elemento determinante para su salida a la calle, coinciden, es la violencia intrafamiliar, sobre todo la sexual.

En 2015 el censo especializado para esta población identificó en La Paz a 726 personas. De éstas, el 24,8% tienen entre 0 a 19 años de edad. Mientras que en la ciudad de El Alto existen 1.071 y el porcentaje es mayor para ese rango etario (40,8%).

En la actualidad, esta población es con la que más se avanzó en cuanto a normativa e instrumentos de prevención e intervención. Sin embargo, ello no implica que deje de ser una población vulnerable. Los expertos afirman que “hay que seguir trabajando”.

De ser “de la calle” a estar en “situación de calle”

En un inicio existía una diferenciación en la denominación de esta población. Se hablaba de niños “de” y “en” la calle. Los primeros eran aquellos que habían hecho de la calle su hogar permanente y habían roto todo vínculo con su familia; los segundos, en cambio tenían todavía un lazo, aunque débil, con su entorno familiar. Un ejemplo de estos últimos son los menores trabajadores.

“(Ya) no decimos niño de la calle porque hacerlo es generarle pertenencia pero no es así. Por circunstancias de la vida está viviendo en la calle y es por eso que decimos ‘niño, niña y adolescente en situación de calle’”, explica Janneth Pérez, directora de la Alianza Maya Paya Kimsa, con sede en El Alto. En general, las instituciones y entidades estatales que trabajan la temática han optado por esta denominación.

“Hacer pieza” para pagar un alojamiento

Carmen (nombre ficticio) es “piecera” –vive de violencia sexual comercial– en la Ceja y en la zona 12 de Octubre de El Alto para conseguir dinero. De esa forma puede pagar un alojamiento barato y evita dormir en la calle. Al presentarse dice tener 24 años pero, luego, un lapsus la traiciona y sale a relucir su edad verdadera, 16 años.

Accede a la entrevista cerca de la plazuela Cívica de la Ceja una tarde de miércoles. Tiene casa pero no la frecuenta pese a tener un hijo pequeño que está en custodia de su hermano. “Ahora duermo en un alojamiento”. Hace dos años que salió de su hogar. Por sus servicios cobra “de 50 bolivianos para arriba”, lo que le alcanza para rentar una habitación en un hospedaje.

El fenómeno de “hacer pieza” o robar para tener dinero y pagar un alojamiento se dio recién en los últimos años.

La calle en sí ya no es una alternativa para el pernocte de los menores en El Alto y de la gente en situación de calle en general, coinciden Pérez y Ramírez. “Se reúnen entre niños y niñas, recolectan todo el dinero del día e ingresan varios a un cuarto de alojamiento”, afirma Ramírez.

La dinámica de alquilar un espacio en este tipo de hospedajes no sólo corresponde a gente en situación de calle, sino que es una práctica habitual entre jóvenes y adolescentes en general, sostiene el jefe de la Unidad de Atención Integral a la Familia de la Alcaldía de El Alto, Harry Suaznábar. Ante ello, lanza una advertencia. “Es aquí donde comienza el problema de situación de calle (…) podrían quedarse en esa dinámica”.

Una semana después del encuentro con Carmen, ya en la noche, toca visitar la misma zona en compañía de tres educadoras de calle de la fundación Munasim Kullakita (Quiérete, Hermanita, de la traducción del aymara). En un tiempo menor a 10 minutos se puede observar al menos a 10 mujeres jóvenes, la mayoría menores de edad según cuentan las educadoras, que esperan a “clientes”.

En una esquina a media cuadra de la calle Raúl Salmón y sobre la 1 de la Ceja, dos amigas están paradas. Visten jeans y chamarras delgadas pese a que hace bastante frío, casi son las 22:00. Cuando se les habla sonríen pero no sostienen la mirada, giran la cabeza una y otra vez hacia los costados. Casi en murmullos dan a entender que debemos retirarnos, que se las perjudica.

Segundos antes de la despedida pasa corriendo Braulio (nombre ficticio), un niño de 12 años. Cuando ve a sus dos amigas se detiene un rato, las abraza y una de ellas lo sostiene con una expresión casi maternal. Le preguntan hacia dónde va pero no responde y se pierde corriendo entre los vehículos.

Los niños son altamente vulnerables a la trata y el tráfico

En el caso de las adolescentes en situación de calle la trata y tráfico de personas es un peligro latente. “Son mucho más vulnerables”, afirma Pérez de Maya Paya Kimsa. Esta situación es refrendada en documentos como el Diagnóstico de necesidades de adolescentes y jóvenes mujeres en situación de violencia sexual comercial en la ciudad de El Alto (2015) de Stepping Stones y el Diagnóstico Situacional de Niñas, Niños y Adolescentes en Situación de Calle de El Alto, publicado por Unicef y el Viceministerio de Seguridad Ciudadana en 2014.

En La Paz, en cambio, la incidencia de ese delito es menor, según explica la jefa de la División de Trata y Tráfico de la Fuerza Especial de Lucha contra el Crimen, Gaby Coca. Ello, sin embargo, no implica que las personas menores de edad, en especial, no sean propensas y vulnerables a la trata y tráfico, explica.

En algunos casos son víctimas de pedofilia

Otro de los peligros identificados para las y los niños en situación de calle es la presencia de hombres pedófilos. Los invitan a sus casas para que no estén en la calle, supuestamente con la intención de que no pasen frío, sostiene Pérez de MPK, y ahí abusan sexualmente de ellos. A estas personas los mismos niños les dicen “tío” o “Lucho”, que en jerga de la calle quiere decir amigo.

Cuando sirve encontrar algo con techo y una puerta

En El Alto la práctica de dormir en alojamientos pagando desde cinco bolivianos la noche se ha vuelto común, especialmente entre la población joven en situación de calle. Sin embargo, no todos pueden darse ese lujo porque no consiguen dinero durante el día y reciben las primeras luces de la mañana desde el interior de un cajero automático.

En La Paz, en cambio, el hábito de dormir en alojamientos no está tan arraigado entre niños, niñas y adolescentes en esa condición. Aún duermen en carpas improvisadas o en cajeros automáticos de bancos como acción más común.

Y, en resumen, ¿qué es vivir en situación de calle para un niño? “Soy un perro de la calle, caminando, yo me llamo Andresito con sólo 10 años, ya lo ves, un maldito, su único delito (es) que no tiene sus padres. Fue abandonado y bautizado por la calle, con la panza vacía, con los chicles todo el día”.

Ese es un extracto de El rap del Andresito, single grabado y distribuido en CD por el proyecto Hormigón Armado, donde uno de los niños lustra calzados que frecuenta el Prado paceño cuenta lo que muchas veces la sociedad ignora, la historia detrás de cada uno de ellos.

Niños, niñas y adolescentes en situación de calle en Bolivia

  • Prevalencia Según datos y conclusiones del censo de personas en situación de calle (2015) existen más casos de niñas, niños y adolescentes (NNA) en esta condición en La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz.
  • La Paz En ese documento se establece que los NNA en situación de calle y alto riesgo están en zonas como Pampahasi, Villa Armonía, Villa Copacabana, Gran Poder, plaza Eguino, plaza Alonso de Mendoza, plaza Triangular, El Prado, Estación central, avenida del Poeta, avenida de Los Leones, Obrajes y Chasquipampa.
  • El Alto El censo indica que en el Distrito 1 es donde existe mayor concentración de NNA en situación de calle. Zonas como la Ceja, 12 de Octubre, Villa Dolores, Mirador Corazón de Jesús, avenida Panorámica, plaza Cívica y el Barrio Chino son algunos de los lugares de concentración y de pernocte de esta población.
  • Actividades Los menores de edad que están en situación de calle realizan distintas actividades. Tomando en cuenta que vivir en esta condición es una pérdida de derechos, cada día ven la mejor forma de generar recursos económicos para no dormir en la calle y poder pagar un alojamiento, especialmente en El Alto. Los varones, algunos, piden dinero en las calles o lo sustraen mientras que las adolescentes “hacen pieza” (son objeto de violencia sexual comercial).

Punto de vista
Ximena Rojas LandívarInvestigadora en la materia


“En 2018 se ven niños en la calle”

Uno de los factores expulsores, y para mí el mayor, para que un niño o niña decida que la calle es un lugar más seguro que su casa es la violencia intrafamiliar, (aquí incluyo la negligencia y toda forma de maltrato). Esto no con el afán de culpar únicamente a las familias porque para que este tipo de violencia se genere tienen que haber muchas razones, entre ellas, las violencias estructurales.

Este concepto lo extraigo de la metodología internacional del trabajo de calle, estas violencias son generadas por los mercados dominantes como el desempleo, la pobreza y la explotación.

Una niña de 10 años dijo una frase que me llevó a reflexionar mucho, sobre el por qué las personas deciden quedarse a vivir en la calle. “La calle no es buena y no es mala, hay que saber cruzarla”.

Y en realidad la calle tiene cosas buenas para las personas que optan por hacerla su casa, pero también tiene cosas malas.

Entre las cosas buenas son las que encuentran en la calle y no las encontraron en la comunidad donde se desenvolvían; por ejemplo, la inclusión, pues los niños, las niñas, los adolescentes, los jóvenes, las familias y los adultos que están en situación de calle se sienten incluidos en un grupo, tienen la sensación que necesitamos todos los seres humanos de pertenecer a algo, de ser respetados y protegidos. Porque, aunque no lo creamos, entre estas personas se generan lazos de amistad, respeto, cuidado y familia.

Entre las cosas malas es que también hay violencia en la calle que es una respuesta a las violencias estructurales, a este círculo de violencia que se genera y no tiene fin.

En el censo que se hizo el año 2013 uno de los resultados que dio es que había pocos niños y niñas en situación de calle que la mayoría eran jóvenes y adultos, pero la situación cambió. Ahora en 2018 se ven niñas y niños pequeños en calle. Es imprescindible hacer un nuevo censo y diagnóstico para tener una lectura clara y actual.