Challapata, el epicentro del comercio de vehículos ilegales

Los automotores ingresan por rutas clandestinas, luego los comercializan con todos los permisos para circular, pero los documentos son falsos.
jueves, 19 de diciembre de 2019 · 00:00

Arropada para soportar el intenso frío de la planicie altiplánica boliviana Jenny,  la mujer que hace 14 años aprendió a pisar los pedales de un vehículo, se dirige a la tradicional feria de Challapata; donde cada sábado y domingo atiende un puesto de venta, al igual que otras mujeres que viven del comercio informal en este pueblo extendido en el sur de Bolivia. 

Jenny no escatima esfuerzo alguno, como cuando era niña y acompañaba a su madre en la misma actividad, en su natal Challapata. El nombre del pueblo proviene de dos palabras quechuas: challa-brindar y pata – arriba. 

Esta pequeña ciudad es el principal punto de descanso del transporte que conecta Chile – cuya frontera está a unos 300 kilómetros – con la ciudad de Oruro que se conecta con el resto de los departamentos de Bolivia.

Desde las siete de la mañana, Jenny comienza a ofrecer utensilios de cocina. Es una persona conocida en el gremio de comerciantes. No solamente por sus productos, sino también por el negocio que colocó a Challapata, hasta antes de 2012, como el punto clave de la venta de autos chutos, como se denomina a los vehículos indocumentados. Sin papeles. Muchos de ellos, robados.

La bonanza por la venta de autos chutos se acabó el 9 de octubre de 2012, cuando militares tomaron la población para desterrar esa actividad. La Aduana ordenó el operativo policial – militar “Pichay”, palabra en aimara que significa limpiar. Intervinieron 15 garajes y se incautaron 60 vehículos. 

Desde entonces la venta de autos chutos es clandestina. Al menos, no amparada legalmente. 

El alcalde de Challapata Martín Feliciano Choque, del partido MAS, apuesta por el turismo de la zona para lograr despertar la economía. 

El edil refiere como atractivos turísticos las represas de Tacagua, los paseos en bicicleta por la cordillera Azanaques y  por la Iglesia colonial San Juan Bautista, construida en el siglo XVI, Suchuna, distante a 3 kilómetros de Challapata. También apuesta por el cultivo de alfa alfa y quinua.

Para Jenny, esas actividades no son una buena opción. Ella prefiere vender utensilios, oficio que usa como vitrina para camuflar el negocio que le trae mayores réditos económicos: la venta de autos chutos. Realiza entregas a pedido, el modelo y color que el cliente desee. 

Al igual que Jenny, otros comerciantes de Challapata, se dedican a ese rubro. Para llegar a ellos basta comentar que uno sueña con tener un vehículo. “Tenemos que ingeniarnos. Producir quinua, habas, papa, cebada no genera bueno ingresos (sic). Inviertes, pero viene la helada, una nevada intensa y pierdes todo”, relata Jenny. Mientras acomoda un juego de ollas, cuenta que tras el abandono de su esposo y sin el apoyo de su familia, tuvo que transportar droga hasta Chile. Por cada viaje recibió 300 dólares. Realizó más de cinco viajes, revela.

Nunca fue detenida. Cuando caía la noche, dos hombres le entregaban una mochila y las coordenadas para que entregara el producto. Jenny calcula que eran al menos 10 kilos de cocaína por cada viaje. “Agarraba mi aguayo viejo (un tejido cuadricular, multicolor que caracteriza a la región andina)  envolvía la mochila y cargaba en el aguayo”, cuenta Jenny y calcula que realizaba una caminata de más de 300 kilómetros desde Challapata hasta la frontera con Chile.  

Algunos tramos avanzaba en transporte público. “Venía un bus, esos que van de una comunidad a otra. Prefería caminar de noche y dormir de día. En el primer viaje sentí que nunca iba a acabar, que me iban a agarrar, pero luego me acostumbré”, dice Jenny.

En agosto de 2005, con más de tres mil dólares en el bolsillo y sin conocer de vehículos viajó hasta Iquique junto a cuatro de sus amigos, que le incentivaron ingresar al negocio de los chutos. Jenny compró un Toyota Ipsum modelo 1999 con 2,300 dólares, contrató con 100 dólares a un jovenzuelo para que condujera el vehículo hasta Challapata. 

“Esa vez, metimos ocho autos, yo sólo uno. Ingresamos en caravana por caminos desconocidos, todo era desolado y frío”, recuerda Jenny, quien revela que vendió el vehículo a 3,500 dólares y obtuvo una ganancia de 1,000 dólares.    

Hoy Jenny, como otros pobladores de Challapata, traen vehículos sólo ha pedido. El interesado debe dar un adelanto de 100 dólares para el viático y la gasolina. El resto de la paga con la entrega del automotor. 

Un Mitsubishi Pajero Jr está entre 3,000 a 3,500 dólares; una vagoneta cuatro por cuatro, entre 4,500 a 5,000 dólares; un Ipsum, de 3,500 a 4,000 dólares.

Adquirir en el mercado legal un Mitsubishi Pajero Jr nuevo tiene un costo por encima de los 35 mil dólares, el precio baja entre 17,000 a 25,000 dólares de acuerdo al recorrido; una vagoneta cuatro por cuatro nueva está por encima de 35 mil dólares, ya con recorrido entre 12,000 a 25,000 dólares; un Ipsum, de 12,000 a 15,000 dólares de acuerdo al modelo y recorrido.

Los vehículos una vez que llegan a Challapata son escondidos en improvisados garajes cubiertos por viejas telas, o bajo los arbustos. También los guardan en talleres mecánicos, donde fácilmente se camuflan entre los automotores que están ahí para ser reparados.

El Gerente General de la Cámara Automotor Boliviana, Luis Encinas, asegura que únicamente a través de la frontera chilena ingresan a Bolivia 25 mil vehículos al año, por un valor aproximado de 310 millones de dólares. “A nosotros nos genera un perjuicio total de 120 millones adicionales, eso es lo que pierde el Estado en tributos. Adicionalmente estos vehículos consumen un combustible subvencionado, que llega a más de 1 millón 800 mil bolivianos, por subsidio de los combustibles”, explicó.

De forma legal, a Bolivia ingresan 60 mil vehículos al año, informó Encinas. Los empresarios pagan entre 10 mil a 15 mil dólares por automotor.  “Se paga el 43% del valor Free board, libre a bordo, adicionalmente se paga el flete del barco, la llegada a Chile y el seguro hasta la frontera. Se paga unos 15 mil dólares por vehículo”, señala Encinas, quien agrega que aparte es el pago por impuestos, que son el 16% del valor del automotor.
 

 

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