Harry Sojka apostó por la industria de la comida rápida

Llegó a los 15 años, huyendo de la persecución a los judíos en Europa y se afincó en La Paz, donde, más de 70 años después, dejó un imperio gastronómico que es un símbolo paceño.
martes, 16 de julio de 2019 · 00:00

Isabel Mercado Periodista

A finales de los años 30 del siglo XX, Europa era un campo minado. La sensación de peligro e incertidumbre se cernían sobre su población.

La persecución que el régimen nazi emprendió contra los judíos en todo el continente provocó que, en los años previos al inicio de la Segunda Guerra Mundial, muchas familias, anticipándose al holocausto, buscaran diferentes vías para dejar sus países. Una de ella fue la familia de Harry Sojka, que dejó Alemania en 1939. 

Harry Sojka Friedländer, un adolescente camino a cumplir los 15 años, en compañía de Egon, su hermano dos años mayor, su madre, Getrude Friedländer, y su padrastro, Leo Nothmann, llegaron a La Paz el 7 de marzo de 1939. Un país y un nuevo destino se abrió para ellos entre las montañas.

“Al amigo Hitler no le gustó mi nariz judía”, solía decir Harry Zojka, cuando contaba cómo o por qué dejó su país para aventurarse en  los Andes.

Sojka le puso un sello paceño al menú de Eli’s del Prado en los años 70.

“Era el campo de concentración o escaparse. Nosotros tuvimos suerte, pudimos escapar. Mi padre murió cuando yo era pequeño, de manera que mi madre, mi hermano y yo, junto con mi padrastro, decidimos venir a Bolivia. Llegamos acá porque teníamos un pariente que nos mandó la visa para emigrar”.

Llegar a un país extraño, sin mayores recursos que las ganas de vivir, fue el reto que la familia de Harry Sojka tuvo que afrontar. “Al comienzo, como es lógico, era muy duro. Éramos emigrantes, no hablábamos el idioma, no sabíamos qué hacer, cómo ganarnos la vida. Bolivia era un país con muchas carencias, acababa de terminar la Guerra del Chaco y la economía no andaba muy bien”. 

Sin embargo, a pesar de las condiciones económicas, el país abrió las puertas a los nuevos emigrantes. “Nos superamos poco a poco. Mi padrastro y yo abrimos una panadería  bajo el nombre de Leo Nothmann. Era una panadería de buen tamaño. Había muchos paisanos nuestros en aquella temporada, yo diría que éramos más o  menos 10.000 judíos que lograron salir de Alemania. Nos dedicamos a esa colonia judía, a producir el pan al que estaban acostumbrados: pan negro. Fue muy duro al comienzo, pero nos fue bastante bien”.

La señora Eli

La próspera panadería Nothmann sólo fue el inicio de la carrera empresarial de Harry Sojka. La buena receptividad de los panes forjaron en él una visión empresarial que, luego, el destino y el buen tino se encargarían de fortalecer en el negocio gastronómico. 

Pero, ¿cómo aterrizó Sojka en la industria de la comida rápida en una ciudad de costumbres culinarias tradicionales?, ¿cómo convirtió a Eli’s en una marca?

A pesar de que las nuevas generaciones conocen a Eli’s como un restaurante moderno, su historia es más antigua de lo que se cree. De hecho, es anterior a la participación de Harry Sojka y se remonta a inicios de los años 40, cuando se creó como confitería El Prado. 

Un retrato de tonos pálidos,  colgado hasta estos días en el restaurante del Prado, contiene el enigma. En él una señora se encuentra sentada en una butaca y, tras ella, un caballero de traje oscuro la sujeta por los hombros. El caballero es don Leo Nothmann, padrastro de Harry Sojka. 

Las fotos de artistas de Hollywood visten las paredes del Eli’s, justo al lado del tradicional cine Monje Campero.

Luego de divorciarse de la madre de Sojka, Nothmann se casó con Elizabeth, una señora austriaca, quien en esa época tenía un restaurante que llevaba su nombre (su apodo en realidad): Eli. 

Eli se dedicaba a atender a los muchos europeos que vivían en La Paz, sirviéndoles el tradicional te o café con tortas europeas. Era un lugar tradicional para los inmigrantes y la sociedad paceña de aquellos años.

Después de trabajar en la panadería Nothmann, el espíritu inquieto de Harry Sojka lo llevó a una segunda migración, esta vez a EEUU. En 1950, con 26 años, llegó a Nueva York en búsqueda de nuevas oportunidades. Las cosas no fueron mal, pero un tiempo después, su segunda patria, Bolivia, le hizo un llamado. 

Era el año 1967. Don Leo Nothman y su esposa, Elizabeth, habían decidido jubilarse y retornar a Europa y, deseosos de transferir el restaurante, le pidierona a Harry  que se hiciera cargo de él. No lo dudó: su destino no podía separarse de este país. 

De vuelta a La Paz, asumió el mando de Eli’s con la idea del cambio. 
 
Las ganas de hacer las cosas

A Harry Sojka le gustaba poner su sello a las cosas. Cuando volvió de EEUU para tomar las riendas del Eli’s, lo primero que hizo fue ponerle su impronta: las fotos de las estrellas del cine de Hollywood tomaron las paredes del restaurante y la carta, en vez de mirar solamente hacia el exterior, se volcó a algunos platos típicos que, junto a la comida internacional, conformaron un menú insustituible para los paceños.

Un lugar imperdible fue el Eli’s de los 70 y 80, y lo prueban los recuerdos del paso de famosos de todos los campos: desde el Che Guevara hasta artistas y, por supuesto, los presidentes de la República fueron comensales del famoso restaurante.

Pero, a finales del siglo XX, todo parecía necesitar un cambio, una transformación, fue así que, uniendo sus ímpetus a los de su hijo, pensó en cambiar el modelo de su negocio y empezó con las pizzas neoyorkinas.
Harry Sojka murió el año 2012, en New York, pero su imperio construido en más de 70 años continuó, vigoroso, su legado.

Eli’s, de restaurante a cadena de pizzas

La pizza  neoyorkina por tajadas es el producto estrella de Eli’s

Don Harry Sojka inició con enorme visión: el negocio de la comida rápida en una ciudad emergente, como era La Paz de finales de los años 60. Con enorme acierto, apostó a mantener el gusto tradicional paceño sin dejar de innovar con nuevos productos. Así, a los platos clásicos se incorporaron las pizzas, en un momento en que éstas eran un producto propio únicamente de las grandes capitales. 

De esa manera, con el aporte de su hijo Peter, Eli’s se fue estableciendo como símbolo de la conjunción gastronómica de lo tradicional y lo moderno. 

Un restaurante en el Prado, la avenida más emblemática de la ciudad de La Paz, es y era un privilegio. Así lo tomó Harry Sojka, cuando decidió impulsar en serio el crecimiento de Eli’s.  “Éramos los únicos en el Prado, en la mejor esquina, la más popular de La Paz: la esquina del Monje”, contaba. 

Pero, Eli’s no se quedó ahí. A los pocos años, el negocio se fue ampliando: primero en La Paz y luego en otras ciudades. 

El restaurante  es un punto de encuentro.

Peter Zojka , quien se había criado en Nueva York llegó para colaborar a su padre y descubrió una gran oportunidad empresarial. “Siempre he sido fanático de la pizza neoyorkina… Cuando llegué a La Paz, vi que no había pizzas y decidimos incursionar en la pizza al estilo de Nueva York porque es la que conocemos.  Inicialmente, abrimos una pizzería al otro costado del Cine Monje Campero, esa fue la primera”. 

Según don Harry,  “el mercado de la pizza era virgen en Bolivia, nadie hacía la tajada de pizza como nosotros. En esa época había que entrar a una pizzería, pedir una pizza entera, y esperar mínimo 40 minutos. Hoy día la gente no quiere esperar, todo el mundo anda apurado, Bolivia se ha vuelto también un campo de competencia. En parte, el éxito está en la rapidez”.

La personalidad tradicional de Eli’s fue cambiando a la de una cadena de restaurantes, un moderno sitio de encuentro para jóvenes y para las familias. El restaurante del Prado, sin embargo, conservó su aire tradicional y su renombre como un símbolo paceño. “Este es el único restaurante donde no se sirve pizza. Acá hemos mantenido la decoración clásica, con fotos antiguas de La Paz y de los clásicos de Hollywood, que mi padre amaba tanto”, agrega Peter.

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