INTI: El alemán Ernesto Schilling encontró y dio alivio en La Paz

martes, 16 de julio de 2019 · 00:00

 Mery Vaca  Periodista

Cuando Ernesto Schilling se embarcó hacia Bolivia, aquel 1925, estaba huyendo de la crisis económica imperante en la Alemania de la posguerra. No es difícil imaginar el alivio que habrá sentido al llegar a La Paz, donde le esperaba un empleo y un futuro para la familia que todavía no había fundado.

El alivio que Schilling sintió al establecerse en La Paz se multiplicaría por el alivio de millones de paceños y bolivianos que compraron los medicamentos que él vendía y fabricaba. Nada como tener el medicamento correcto al alcance a la mano.

Cuando llegó a La Paz, el joven Ernesto tenía 22 años y mucha experiencia porque ya había ido al frente de batalla en la Primera Guerra Mundial, había estudiado una carrera técnica comercial en farmacia, había conocido a la que sería su esposa y había cruzado el Atlántico para trabajar en la droguería Albrecht, establecida en la calle Comercio de la ciudad de La Paz.

Ernesto padre y Ernesto hijo posan ante la cámara.

Tres años después  sentiría otro alivio cuando Lissy Kriete, su amada, llegó a La Paz para casarse con él. “Han  hecho su luna de miel en un viaje en mula a Palca”, cuenta a Página Siete Christian Schilling, el nieto de Ernesto, mientras habla de la identificación que su abuelo tenía con la ciudad del Illimani.

“Él amaba   La Paz, amaba  Bolivia, en sus vacaciones se iba con su carpa a los Yungas, a Sorata, a diferentes lugares a descansar”, cuenta. Y no sólo a descansar. En una ocasión recorrió los alrededores del Illimani a pie junto a uno de sus hijos.

Ernesto Schilling trabajó una década en la droguería Albrecht, para luego independizarse y fundar la droguería Hamburgo, un nombre que sería un homenaje a su ciudad de origen. Se convirtió así en un comercializador de medicamentos y en fabricante de “cosas muy simples”, como recuerda su nieto Christian. 

Pero, el alivio estaba a punto de acabar. En el fragor de la Segunda Guerra Mundial, ocurrió algo insólito. Bolivia, subordinada como era entonces a los intereses de Estados Unidos, declaró la guerra a Alemania y, en consecuencia, los alemanes afincados en el país tenían dos caminos: ir a un campo de concentración en Estados Unidos o viajar a Argentina, donde al menos eran tolerados.

El fundador de Droguería INTI llegó siendo muy joven a La Paz y se quedó a vivir en la ciudad.

Ernesto, Lissy y sus dos hijos pequeños (Ernesto y Dieter) vivieron cuatro años en Argentina. Mientras tanto, la droguería era administrada por un socio boliviano, quien , en medio de la persecución a todo lo que tuviera que ver con Alemania, cambió el nombre del negocio, que pasó a llamarse “Rea Nogales”, su apellido.

Cuando regresó, Schilling y su socio se pusieron de acuerdo para ponerle un nombre que iluminara el emprendimiento por décadas. Así surgió INTI, que tanto en quechua como en aymara significa “sol”, según relata Marcos Grissi en una de las 12 crónicas que escribió sobre la historia de la empresa de los Schilling.

No se sabe con cuánto dinero llegó Ernesto a La Paz cuando dejó su natal Alemania, pero seguramente con muy poco, dice su nieto Christian, porque venía huyendo de la crisis y era muy joven. Y, lo más probable es  que  cuando fundó la droguería no imaginó en la empresa que se convertiría décadas después.

 En el centro de esta foto está  Ernesto Schilling junto a su esposa Lissy Kriete (de abrigo claro), la pareja que dio origen a la familia afincada en La Paz.

Hoy, INTI factura 100 millones de dólares al año, tiene ocho oficinas en todo el país (excepto Pando) y, aunque aún en pocas cantidades, exporta a Perú y Alemania. El gerente de la compañía es el nieto de Ernesto e hijo de Dieter, Christian Schilling, un paceño formado en Alemania.

Hasta el país de origen de los Schilling llega nada más y nada menos que el emblemático Mentisán, el ungüento más querido por los bolivianos.

Pese a producir y comercializar unos 1.300 productos, el Mentisán ocupa un lugar especial en la empresa, incluso en términos económicos. Fue creado alrededor de 1937 y 1938, y la clave del éxito, dice Schilling nieto, es que ha mantenido su calidad, que la gente le tiene fe y que el ungüento les ha ayudado a mejorar su salud. A aliviarlos.

 La planta de producción de El Alto. En primer plano, el emblemático Mentisán, que ya tiene 80 años y que incluso se exporta a Alemania.

La tercera generación al mando

La receta del éxito de INTI no sólo tiene que ver con los medicamentos, sino también con una decisión de reinvertir las ganancias en la misma empresa, de comprar las acciones a los socios capitalistas y de entregar el manejo de la misma a la siguiente generación.

Así, Ernesto Schilling pasó la empresa a sus hijos Dieter y Ernesto. Y, finalmente, el hijo de Dieter, es decir, Christian Schilling, terminó convirtiéndose en el gerente general.

Christian Schilling es paceño, pero sus rasgos físicos y hasta su español, una pizca accidentado, delatan su origen alemán.

Y es que la familia Schilling, pese a vivir en La Paz y amar a esta ciudad por tres generaciones, nunca rompió los lazos con su patria. Los hijos estudiaron en el Colegio Alemán, luego continuaron su formación en universidades alemanas y en casa también preservaron la cultura alemana.

Christian Schilling,  hijo de Dieter y nieto de Ernesto. Es el actual gerente de INTI. Posa junto a un banner de Mentisán.

Pero, la que es paceña de pura cepa es la empresa. La casa de Ernesto Schilling estaba ubicada en Miraflores y, contigua, estaba la fábrica. A pocos metros de la casa del patriarca alemán se alza ahora un edificio, donde funcionan las oficinas administrativas de INTI.

Miraflores quedó chico y por eso  los hijos de Ernesto compraron un terreno de 12.000 metros cuadrados en El Alto, donde actualmente funciona la fábrica.

Desde ahí se reparten los remedios para el alivio, ya no sólo de los paceños, sino de los bolivianos en su conjunto. Así es INTI, para alivio de Ernesto Schilling, quien ahora descansa en paz.

Responsabilidad social
Un programa contra la violencia hacia la mujer

INTI tiene más de 1.000 trabajadores, de los cuales poco más de la mitad son mujeres. Para ellos y para ellas está dirigido el programa de responsabilidad social de la empresa, que busca reducir la violencia de género internamente.

Schilling asegura que “se ha podido mejorar algunos indicadores de hechos de violencia”, pero también reconoce que éste es “un problema país”.

Esta es  la “tableta” que se receta contra la violencia.

En 2014, INTI, junto a otras 30 empresas, fue parte de un estudio elaborado por la cooperación alemana, que arrojó un resultado sorprendente: las empresas bolivianas pierden casi 2.000 millones de dólares al año,  equivalente a 6,46% del PIB, como consecuencia de la violencia doméstica, lo que incluye ausencia de víctimas en el trabajo, asistencia frecuente a audiencias judiciales y otros asuntos relacionados.

 En ese marco se empezó a implementar el programa denominado “empresa segura – cero tolerancia a la violencia contra las mujeres”.

Por iniciativa de los trabajadores y tratándose de una droguería se creó una especie de medicamento llamado “Valórate”, que se tendría que recetar a las personas para evitar la violencia familiar. 

En realidad, se trata de una cajita lila y blanco que no contiene ninguna pastilla, pero que lleva incluida la posología, donde se menciona que está compuesta de decisión (500mg), valor (300mg) y autoestima (200mg) y se recomienda tomar una tableta diaria durante los 365 días del año.  Están incluidos, además, los teléfonos a los que se puede llamar en caso de violencia, las contraindicaciones  y la alerta de una posible sobredosis.

Está contraindicado, por ejemplo, volver con el agresor y hay una alerta en sentido de que la sobredosis de la tableta puede causar sed de venganza o volver agresiva a la persona que la consume. 

INTI fue un alivio para tres generaciones de la familia Schilling, es todavía un alivio para quienes compran sus medicamentos en La Paz y el resto de Bolivia y pretende ser un alivio para las trabajadoras que sufren violencia en el hogar. Y, de paso, eso puede significar un alivio para sus finanzas.

 

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