ESPECIAL

La Paz, ciudad de oportunidades

Migrantes de distintas partes del mundo llegaron a La Paz desde mediados del siglo XIX, instalaron negocios y grandes empresas.
martes, 16 de julio de 2019 · 00:52

Se reunieron en la icónica  plaza de la iglesia de San Francisco, que representa la simbiosis entre las culturas que esta ciudad acogió y sigue acogiendo. De fondo sonaban las notas del Himno a La Paz; lo que en este julio es casi cotidiano en el centro porque se celebra el aniversario del Grito Libertario de 1809.  

Son los descendientes ya nacidos en La Paz de José Dueri, que vino de Belén; de los alemanes Ernesto Schilling y Johannes Popse; de los rusos Isaac  y Sally Meier; del libanés Mario Yaffar, de los japoneses Toyoka Nishikawa y Sachio Miyahara, que contaron la historia de sus antepasados en la ciudad que los recibió y les dio las oportunidades que buscaban para establecerse.   

Descendientes  de los paceños por decisión. Ellos nacieron en La Paz y se reunieron para que Página Siete les tomara una foto.
Foto: Freddy Barragán / Página Siete

Y esos apellidos suenan junto a los de Koellemberg, Violand, Alexander, Wolf, Lorini, Richter, Kieffer, Guenther, Killman, Groenwold, Köellemberger, Salvietti,  Ernst, Reznicek, Adler, Kavlin, Handal, Tobías, Nelkenbaum o Iberkleid     cuando se repasa la historia de la  economía de La Paz. Se trata de hombres y mujeres que  desembarcaron en puertos chilenos, en su gran mayoría, y desde allí llegaron a la ciudad de La Paz, después de la  mitad del siglo XIX.

Las casas  importadoras ofrecían electrodomésticos y otros productos que se ofertaban en el mundo
Fotos Facebook Fotos Antiguas de La Paz.

Fueron parte de  la ola de migrantes que se expandió por el mundo después de la Revolución Industrial.  La mayoría eligió América del Norte y países de América del Sur, como Argentina, Brasil, Chile y Venezuela,  pero algunos  también miraron a Bolivia por su historia minera con el cerro Rico de Potosí y por sus políticas de migración, dice el historiador Fernando Cajías.

Y muchos de estos extranjeros establecieron empresas. Como  los alemanes Adalberto Violand y Alberto Koellember, que en 1868, a la altura de la plaza Venezuela, en El Prado (entonces Alameda) instalaron la Cervecería Alemana; o  Salomón Alexander y Alejandro Wolf, que pusieron la Cervecería Americana. 

El  ingreso a la avenida  Camacho en los años 60, aproximadamente, llena de anuncios de las importadoras ahí establecidas.

También estaba el italiano Domingo Lorini, en su botica al lado del Loreto  (hoy Palacio Legislativo), donde ofrecía sus remedios inventados por él mismo basados en coca, como los vapores de coca o ungüentos con propiedades maravillosas para  quitar las jaquecas, la sensación de cansancio  y otras molestias que afectaban a los paceños.

Y Otto Richter, otro alemán, con  su tienda en la calle Comercio, en plena esquina de la plaza 16 de Julio (hoy Murillo), surtida con una gran variedad de  productos de ultramar. En 1883, el germano instala en Challapampa la Cervecería Nacional con maquinaria moderna traída de su país: calderos a vapor y un frigorífico gigante. Compra a Salomón Alexander y Alejandro Wolfla la Cervecería Americana para expandirse.

La Av. Camacho,  donde funcionaba 
Casa Bernardo.

Ricardo Sanjinés Ávila recopiló las historias de estos extranjeros en tierras paceñas en su libro Construyendo un país (1890-1952), volumen 1, publicado en 2010.

Durante la Segunda Guerra Mundial desembarcó otro grupo  de extranjeros, éstos  huían de la guerra, provenían de  Polonia, Austria, Rusia, Eslovaquia, Rumania y Alemania.

“Al amparo del Decreto de Libre Migración, aprobado por el presidente Germán Busch. Llegaron unos 10.000 judíos, entre ellos Guillermo Wiener de Viena, quien se dedicó a la distribución de películas; Werner Guttentag de Breslau, Solesia, quien dio vida a la Editorial Amigos del Libro”, se lee en el texto de Sanjinés.

La Yanacocha, otra calle donde se instó tiendas.

También estaban los Seligmann,  Weissmann y Saperstein, que confeccionaba camisas. Löwestain embutía salchichas y las vendía en las puertas del cine París; Leo Nothmann hizo una panadería en la calle Landaeta.

La mayoría de estos extranjeros se dedicó al comercio, sostiene Sanjinés. El importador  Moisés Bochenek se instaló en la calle Colón; Bruno Berger en la Genaro Sanjinés para vender fiambres. Erich Berliner puso una frutería en la Juan de la Riva y el importador Rachmil Zaubermann se instaló en la Potosí. Así fueron sembrando negocios en diferentes calles de La Paz, consolidando la vocación comercial de la ciudad.

La  Ayacucho, otra de las calles comerciales donde los migrantes pusieron negocios.

Estos extranjeros fueron pioneros en algunas actividades, como la implementación de grandes tiendas comerciales, como la Casa Grace,  Casa Bernardo y Hansa, entre otras, que traían a la ciudad todos los productos que se lanzaban en el mundo, también instalaron gigantes textileros, como la Forno y Said. 

Sin duda, quedan muchos nombres por destacar de estos hombres y mujeres que encontraron en La Paz la oportunidad de invertir y contribuir en la formación de su identidad.

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