Los hermanos Reznicek , los checos que pintaron La Paz

Vlastimil y Zdenek huyeron de la Checoslovaquia comunista, en 1948. Con los pocos centavos que tenían llegaron a esta ciudad. Desde un garaje, en la calle México, ayudaron a construir la identidad paceña.
martes, 16 de julio de 2019 · 00:00

Roxana Pomier Periodista

No nacieron en La Paz; la eligieron. En 1948 huyeron de una Checoslovaquia embebida  en el golpe de Estado del Partido Comunista. Con los pocos centavos que tenían en los bolsillos y con una decena de palabras en español, recogidas de   un libro, los hermanos Vlastimil y Zdenek Reznicek emprendieron  el viaje más arriesgado de sus vidas.

Debían recorrer más de 11.000  kilómetros para comenzar una nueva vida en La Paz, la ciudad de montañas y los ríos.

 

 Zdenek Reznicek fue el acompañante ideal. Dirigió  la empresa  hasta que decidió partir a Costa Rica, donde falleció.

Meses antes habían dejado atrás una época “muy dura”: su abrupta salida de casa y sus días en una cárcel de Bélgica, donde fueron recluidos por ser ilegales. “Felizmente mi padre tenía amigos ahí, uno de ellos era amigo del Ministro del Interior de Bélgica, así que en cuatro días nos soltaron”, recordó Vlastimil Reznicek en una entrevista concedida al  diario Estrella del Oriente y  publicada en la revista 70 aniversario de la industria Monopol. 

En territorio belga idearon su futuro. “Trabajamos un poco para ahorrar algo de dinero, finalmente decidimos ir a Sudamérica en busca de aventuras”, evocó. Visitaron a todos los cónsules que habían en Bruselas hasta que encontraron un diplomático que trabajó en Bolivia. 

“Le contamos los porqués por los que queríamos ir a Sudamérica, a lo que nos respondió ‘a ustedes Bolivia los necesita’”, apuntó el visionario. Luego de una escala en Perú, donde enriquecieron su léxico castellano, los hermanos Reznicek llegaron a su destino, a una Bolivia  que en ese entonces estaba  gobernada por  Enrique Hertzog Garaizabal.

El garaje de la calle México

Los Reznicek fundaron Monopol ese mismo año. Un garaje ubicado en la calle México –que después se convirtió en el Coliseo Julio Borelli– fue su centro de operación.

 Monopol guarda, en Villa Fátima, sus  viejos instrumentos utilizados  para hacer crecer a la empresa.

Con “alguna platita” que ganaron en Bélgica alquilaron el estacionamiento. En una pequeña habitación y con su escasos conocimientos, fabricaron mermeladas, licores y pinturas. 

En esa La Paz de los años 40, la mayor parte de la gente  utilizaba una pasta blanca y aceite de linaza para pintar casas. 

Los hermanos no tenían dinero, pero tenían muchas ideas. Querían  conformar  su propia empresa. Debían explotar una de esas vetas.  Un  experto  les mostró el camino y apostaron por la pintura. “Monopol nació en 1948 cuando llegó un ingeniero técnico en curtiembre y textiles, que fabricaba un aceite rojo  turco a base de aceite de resino, a ese aceite entre los conocidos lo llamaban aceite Monopol y fue  con ese nombre que se quedó la empresa”,   explicó Vlastimil Reznicek. 

Los primeros años fueron de sufrimiento y aprendizaje. “Ni yo ni mi hermano éramos químicos, pero con el tiempo aprendimos mucho”, reconoció.

El mercado paceño era pequeño y muy complicado.  Los emprendedores tenían que importar “hasta gasolina” para producir la pintura. Nació la Fábrica Nacional de Productos Químicos Monopol. Su perseverancia fue puesta a prueba en 1952, cuando explotó la revolución. Los ingenieros  químicos renunciaron para huir de un país que parecía inviable.

Vlastimil y Zdenek Reznicek  se enfrentaron a otra dura determinación, quedarse  o cambiar de destino. Optaron por la primera opción. No se equivocaron.   Apostaron por nuevos  mercados   en  el país y el cambio de tecnología. “Antes se preparaba la pintura en fondos pequeños, con ricinas, que se llamaban Monopol, traídas desde Alemania. Batían el producto con palos grandes”, recordó Jhonny Plata, el obrero más antiguo de la planta ubicada en Villa Fátima.

Sus tres décadas  en Monopol  le dan el conocimiento suficiente  para hablar de los Reznicek.  “Conocí a don Patricio (Vlastimil).  Era una persona tranquila, muy correcta. Tenía unos buenos principios y valores que aún seguimos. Pensaba mucho antes de hablar”, evocó el hombre que lleva casi  una vida en la fábrica.
 

  La Fábrica Nacional de Productos Químicos Monopol comenzó su modernización hace casi 30 años.

La transformación

En los últimos 40 años, la empresa de los Reznicek se transformó gracias al ADN de la familia. “Mi padre, a quien cariñosamente todos llamaban Don Patricio, trabajaba en la gerencia general, mi tío Zdenek, en el área administrativa y mi hermano Carlos en el área técnica”,  contó la gerente general Patricia Reznicek, hija de Vlastimil,  en la memoria homenaje a la empresa.

Con el espectacular crecimiento, Monopol necesitaba una casa más amplia. Villa Fátima era el lugar ideal. Se implementó nueva tecnología  en su  diversificación, que llegó a su punto culminante en 1975,  cunando  se inauguró  la primera planta. 

“En la ciudad de La Paz seguimos ocupando el mismo predio desde 1975, el mismo ha ido optimizándose según las necesidades identificadas y la capacidad de producción requerida”, agregó la heredera, quien sigue con la tradición de los pioneros.

Vlastimil Reznicek se casó con una alemana. Tuvo tres hijos. Su hermano Zdenek se fue a Costa Rica, donde falleció. 

“No nací aquí,  yo elegí venir aquí,  y para mí valió la pena haber elegido Bolivia”, enfatizó el hombre que murió el 11 de octubre de 2005, a los 86 años de edad.

Monopol le da color al país  desde hace casi  71 años

Moraes, Plata  y Manríquez, trabajadores de la fábrica Monopol. 
Foto: Marco Aguilar / Página Siete

“Monopol creció con La Paz”. Esa frase es común en los trabajadores de la empresa que nació con la visión de los hermanos Vlastimil y Zdenek Reznicek, hace casi 71 años. Actualmente, Monopol tiene dos plantas, una en La Paz y otra en Santa Cruz, además de 21 sucursales y más de 4.000 puntos de venta en todo el país.

“Fui testigo de la gran transformación de la empresa. Cuando entramos a la certificación ISO, se nos hizo estandarizar y registrar nuestros procesos. Se cambió de mentalidad  y el sistema de calidad”, resaltó Sergio Moraes, jefe de producción de la planta ubicada en la zona de   Villa Fátima.

La firma que nació en La Paz y se extendió por el país ofrece más de 250 productos, entre pinturas, barnices, material anticorrosivo, pintura industrial y combinaciones especiales. Se provee de materia prima de 25 partes del mundo.

“Antes trabajábamos con ollas de 400 litros, ahora trabajamos con unas de 1.000. Hace 25 años era una industria, ahora estamos muy potenciados”, añadió Moraes.

Monopol opera  desde Villa Fátima. 
Foto: Marco Aguilar / Página Siete

Se implementó nueva tecnología durante esta diversificación. En 1975 se inauguró  la primera planta de producción de Monopol, en Villa Fátima.

“Vi crecer Monopol. Ahora tenemos el mercado en gran parte del país. Nos gustaría ver todas las laderas pintadas, ese es nuestro principal objetivo”, apunta el jefe de producción.

El crecimiento de la industria fue tal que en 1996, la familia Reznicek inauguró su segunda planta de producción, en Santa Cruz, siempre con el alma de sus fundadores.

“Monopol es el color de Bolivia. Estoy como 30 años, vi crecer la empresa. Comenzamos con instrumentos rústicos, artesanales  y llegamos a los instrumentos que tenemos ahora, es increíble. La capacitación es constante y eso nos faculta a decir que somos los mejores”,   consideró Héctor Manríquez, miembro del departamento reactor de la firma. 

Con los años, la compañía se convirtió en el hogar de los trabajadores. “Los fundadores aprendieron aquí. Monopol es parte de la ciudad, es como un brazo artístico que no dejó de crecer junto a su ciudad”, apuntó Jhonny Plata, obrero. 

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