Mario Yaffar construyó en Miraflores una panadería con sabor a mundo

Su padre, el libanés Jacinto Yaffar Zatt, llegó a La Paz en 1900, huyendo de las guerras en Medio Oriente. Francia le dio el pasaporte con el que salvó la vida, en agradecimiento llamó La Francesa a su mayor logro.
martes, 16 de julio de 2019 · 00:00

Carlos Quisbert Periodista

“Francesa”, así  bautizaron a la pequeña panadería que Mario Yaffar Corralles y su esposa, Amanda de la Barra,   instalaron en la zona de Miraflores, en 1952. El nombre,  era un homenaje al país que le dio el pasaporte al padre de Mario, Jacinto Yaffar Zatt, que le permitió escapar de las guerras en el  Medio Oriente y buscar refugio en  América del Sur.

Joven, procedente del Líbano, Jacinto Yaffar llegó a Bolivia por 1900. Ingresó a La Paz por Charaña, la población fronteriza con Chile. Se instaló en esa gélida región,  formó su hogar con Alicia Corrales  y ahí nacieron sus cinco hijos.

“Una anécdota de mi abuelo que me cuenta mi hermano es sobre su primer trabajo; lo que hizo  para ganarse la vida en su nuevo país. Compró la chatarra de un avión que se había estrellado y con ese material hizo unas mesas de trabajo tipo industrial, de las cuales aún tenemos una en la fábrica de la zona de Miraflores,  en la calle Estados Unidos”, relata Jimena, nieta de Jacinto e hija menor de Mario y Amanda Yaffar.

 Jacinto Yaffar Zatt (primero a la izquierda) junto a los técnicos que instalaron los hornos alemanes y   obreros de  La Francesa, en la fabrica de la calle Estados Unidos.

119 años después de la llegada de su abuelo,  a través del relato de Jimena, se puede conocer  cómo surgió una de las tradicionales y más entrañables empresas que aportaron a la identidad paceña.

Ya en La Paz, con el apoyo de su padre, a sus 25 años, Mario Yaffar y su esposa, Amanda, eligieron abrir la panadería como una forma de aportar al crecimiento de su ciudad, afirma Jimena.

“La Francesa empezó como una panadería. Mis papás alquilaron un horno de barro por el (cuartel del) Estado Mayor, en Miraflores, allí elaboraban la tradicional marraqueta”, continúa la descendiente del libanés que asegura  que esos inicios no fueron fáciles para  su familia.

Cuenta, por ejemplo, que cuando había desabastecimiento de agua en la casa del horno de barro, Mario subía a la camioneta unos barriles grandes y junto a su esposa  se iban a recoger agua a la vertiente que había junto a la gruta natural que se encontraba cerca de  la Curva de Holguín.

“La pasaron mal, no fue fácil. Él (su padre) era el panadero y  el administrador. Luego se trasladaron a la calle Estados Unidos, teníamos la casa detrás de lo que ahora es la fábrica. Allí nacimos los tres hermanos, Alejandro, Mario Antonio y yo”, recuerda Jimena, ahora gerente comercial de La Francesa, el legado de sus padres.

Con la nueva fábrica, además de las marraquetas pasaron a elaborar pasteles, galletas y otros panes especiales. Luego, siempre visionario, Mario Yaffar instaló hornos alemanes, con los que trataba de cumplir con la cada vez mayor demanda de los paceños.

El libanés, Jacinto Yaffar Zatt.

El ingenio emprendedor, heredado de su padre, no tenía límites en Mario. No paraba ni en sus vacaciones, durante los viajes que hacía junto a la familia,  se paraba frente a las vitrinas de pastelerías y señalaba con el dedo lo que se podía hacer en Bolivia. 

Así, en 1975, fue el primero en  elaborar el tradicional panetón navideño. Lo tomó de las panaderías argentinas, influenciadas por  la pastelería de los migrantes italianos. Los primeros moldes fueron elaborados con la ayuda de sus hijos, a los que les pagaba un salario para incentivar  en ellos el  respeto al trabajo.  

 Mario Antonio  Yaffar, Mario Yaffar, Amanda de la Barra,  Alejandro Yaffar y Jimena Yaffar en una reunión familiar.

“Todos recuerdan la imagen de mis padres. Mi mamá  vendía pan, mi papá era el  panadero y  quien cobraba. Salía de ejecutivo a negociar y pagar  los préstamos al banco. Ellos estaban siempre en contacto con el cliente, sobre todo mi mamá, siempre hablando con la gente sin hacer distinción. No tuvieron estudios de especialización,  fueron creciendo en la media que creció el negocio”, rememora Jimena.

La empresaria asegura que su padre no llevó un centavo al exterior, Mario Yaffar reinvertía su capital en La Paz y en el banco y, como garantía de pago, bastaba su  palabra. “Sólo había que estar atento a su nuevo emprendimiento”.

Fue el primero en pensar que la cosmopolita y creciente La Paz necesitaba un supermercado. “¿Supermercados? Papá, nosotros no sabemos nada de eso”, fue la reacción de sus hijos el día que se los propuso. “¿Ah, no? ¡Pues vamos a aprehender!, eso es lo que necesita esta ciudad”, les respondió.

Galletas Amandi y la foto de Mario Yaffar, quien nombró así su producto  en homenaje a su esposa,  Amanda de la Barra.

Así planificó, construyó e inauguró en Sopocachi  Supermercados Zatt, Zatt era el segundo apellido de su padre. Para el nuevo negocio, además de los alimentos, importó mercancía de Inglaterra y otros países. “Traía cosas finísimas, apuntaba a traer  lo mejor para que la gente tenga algo que les dure”, asegura la heredera de Mario Yaffar, quien siempre fue un hincha de Bolívar.

Su afinidad con ese equipo lo acercó a  Jorge Lonsdale, alto dirigente de Bolívar, quien le propuso ser su sucesor en la presidencia del club celeste, pero no aceptó, su mayor pasión era su familia y la fábrica, “que levantó con su esfuerzo”.

Yaffar murió en 1999 a los 72 años, sus hijos aseguran que nunca miró hacia  fuera de su ciudad sino era para traer lo mejor. Creativo y  sutil,  nunca olvidó el agradecimiento  a la nación que   ayudó a salvar la vida de su padre y bautizó a cada uno de los   productos de su fábrica con nombres relacionados a Francia, excepto uno: las galletas Amandi; las  nombró así en  homenaje a su esposa, Amanda, quien cuidó su legado hasta hace tres años, cuando partió a su lado.

La Francesa, de las marraquetas a los lácteos

La Familia Yaffar,  inauguración de planta industrial en El Alto, 1980.

Con 61 años de experiencia en el mercado alimenticio, la familia Yaffar ha hecho de La Francesa  una empresa indispensables para el menú del paceño. Entre los 140 productos que elabora a diario ofrece las crocantes marraquetas, que degustan los paceños, hasta los panes de hamburguesa, que se sirven en algunas de  las cadenas de restaurantes  de comida rápida en el país.

Pese a que creció y pasó del alquiler  y de un horno de barro en Miraflores a instalar una fábrica con  29 tiendas en el país, 15 de ellas en La Paz,  la gerente comercial, Jimena Yaffar de la Barra, asegura que muchos paceños prefieren comprar en la tienda que aún mantienen  en la calle Estados Unidos.

“Me atrevería a asegurar que el producto más paceño es la galleta de agua Pancrek”, afirma Yaffar. Considera que ese producto  no sólo es consumido por su sabor,  sino porque es el producto tradicional en la dieta de personas convalecientes, pues incluso son  recetadas por algunos médicos.

Guido Vildoso  y Mario Yaffar, en 1982.

Mario Yaffar Corrales, el fundador de la empresa y su esposa, Amanda de la Barra, vivieron las dictaduras militares de forma diferente, pues vivieron la necesitad de quienes en tiempos de escasez hacían   largas filas en las puertas de su panadería. Debían repartir sus esfuerzos entre aprovisionar a  las pulperías de la Corporación Minera de Bolivia  y vender pan a la población.

Fue esa  demanda la que movió a Mario Yaffar a construir una planta más grande, con la que diversificó sus productos con galletas. Yaffar  cortó la cinta de inauguración de su empresa  en 1982, lo acompañó el  presidente que entregó  el mando  y devolvió la democracia al país, el general  Guido Vildoso.

En 2005  se transforma en una Sociedad Anónima,  Sociedad Industrial y Comercial La Francesa SA, el sueño hecho realidad en memoria de su fundador. Desde 2009 incursionan en la  producción de lácteos y dan trabajo a 270 bolivianos.

El hijo mayor de Yaffar,  Alejandro, fue  presidente de la Cámara  Nacional de Comercio durante ocho años y el menor, Mario Antonio, presidió  la Cámara de Industria y Comercio por seis años. Alejandro  preside el directorio de La Francesa  y  Mario es el  gerente general. 

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