El afluente del Queca se ha convertido en el botadero de Achacachi y agoniza

Montañas de basura se expanden por ambas orillas del afluente donde hasta hace unas décadas había peces y aves. Hoy su caudal es negro y viscoso y emana un olor fétidos a su paso.
jueves, 5 de marzo de 2020 · 01:02

Verónica Zapana   / Achacachi

El olor nauseabundo se vuelve más intenso a medida que uno llega al puente del río Queca, un afluente que pasa por el medio de la población de Achacachi. Ese olor  fétido para los lugareños se ha vuelto muy normal.

Los habitantes del municipio de Achacachi, ubicado a 99 kilómetros de la sede de Gobierno, se dan cuenta que llegó una persona extraña al lugar con sólo observarla, ya que los forasteros invariablemente se cubren  la nariz para evitar respirar  el aire raleado al pasar por el sector.

“¿No son de aquí, no?”, consulta un vecino de la población. “Nosotros ya estamos acostumbrados con esta basura”, explica y señala al río que está altamente contaminado con promontorios de desechos en las orillas.

Montañas de desechos

 “Nadie recoge la basura ahora. Nosotros como pobladores nos organizamos y  hasta hace un tiempo  hacíamos recoger con camiones la basura de las calles para que la traigan hasta  este lugar, pero ya no; es que no hay autoridad en este pueblo. Ahora sólo la botamos aquí (al río) y hay ratos que la quemamos”, relata el hombre de 55 años. Deja una bolsa negra en una orilla  y se aleja.

De acuerdo con el vicepresidente de la Federación de Juntas Vecinales (Fejuve) de Achacachi, Javier Quito, la basura es un problema que crece y preocupa. 

“Esa es la realidad en la que está la imagen del río Queca y la de la misma población  de Achacachi desde 2017”, refiere el representante. Ese año el pueblo tuvo un conflicto con el entonces alcalde Édgar Ramos  del Movimiento al Socialismo (MAS).

Foto:Marco Aguilar / Página Siete

 Conflicto en Achacachi

El 14 y 15 de febrero de 2017 detonó un conflicto entre los vecinos de Achacachi y grupos de  Ponchos Rojos de la región por la gestión del municipio. Los vecinos exigían la rendición de cuentas del entonces alcalde; pero Ramos no hizo caso al pedido y  buscó apoyo. Hubo  enfrentamiento entre ambos grupos y siguieron   saqueos y destrozos de viviendas.

Después de 10 días de bloqueos, ambos bandos firmaron un acuerdo donde se determinó que Ramos deje sus funciones municipales, aunque por un tiempo ejerció desde Warisata.  

El 9 de mayo  de 2019 -después de dos años del conflicto- la Justicia envió a la cárcel al exalcalde   por los delitos de uso indebido de influencias, contratos lesivos al Estado, incumplimiento de deberes, conducta antieconómica y malversación de fondos.

“Pese a que la Justicia nos dio la razón, nuestro pueblo está dolido. La basura se acumula en el río y da un mal aspecto a Achacachi”, lamenta don Valeriano, otro de los vecinos.

El representante  Quito reconoce que  los vecinos se descuidaron, no hicieron una buena gestión  de la basura y por ello apesta  el río.
 
Réquiem por un río

En el recorrido que hizo Página Siete por el borde del caudal constató que tanto niños como adultos depositan  desechos en el sector. En todo el trayecto  hay montañas de basura, donde se amontonan botellas de plástico, bolsas, juguetes, pañales desechables, bidones y hasta basura intrahospitalaria mezclada con  papeles, telas y desechos orgánicos. El olor es insoportable.

Todos esos promontorios de desechos caen en el afluente y allí también desembocan los lixiviados. Las montañas de basura aumentan cada día y    matan lentamente  al  Queca. 

Hasta hace unos años, el río era cristalino y  hasta alimentaba no sólo a los lugareños, sino a los vecinos de La Paz con una variedad de peces; entonces abundaba el pejerrey. 

Los vecinos más antiguos recuerdan esos tiempos con nostalgia ahora que el río se ha convertido en un basural improvisado y peligroso. Los desechos  en  las orillas  son  mucho más abundantes que los que llegan al botadero municipal, el cual por cierto está cerrado y olvidado.

 Basura médica

Desde el hospital de Achacachi informan  que la basura médica se deposita en el botadero municipal. Sin embargo, en las riberas  del Queca se observan envases de fármacos y similares.

  Según verificó este medio  no toda la basura médica  se  elimina de forma correcta. El día de la visita, en la porción de río detrás del hospital había  una bolsa negra, casi desecha, con una gran cantidad de jeringas gruesas y delgadas. Había a su lado varios frascos de inyectables que llevaban el nombre de Tiaxa, con registro sanitario “Ministerio de Salud NºNN391012014” del Lote L50. De cerca se podía leer también  su fecha de vencimiento: marzo de 2020.

Foto:Marco Aguilar / Página Siete

Por todas las orillas contaminadas pasan perros en busca de sobras de comida. Además  se observan palomas y hasta cerdos que escudriñan entre los desechos. A los  animales también se los ve pelear con esa agua turbia que  en algunos sectores se torna negra, espesa y viscosa por las altas cantidades de  basura que se desechan en esos espacios.

Acostumbrados a la situación, aparentemente a algunos vecinos ya nos les importa. Algunos aún se bañan, lavan ropa,  autos  e incluso recipientes donde almacenan la leche de su ganado, con las aguas malolientes de ese río contaminado.
 

 

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