El agua verde de la Bahía de Cohana, la huella del plástico y basura hospitalaria

El Katari lleva aguas servidas domésticas, industriales y mineras, así como desechos de El Alto, Viacha, Laja y Pucarani. Los comunarios hacen zanjas en los alrededores para filtrar el líquido oscuro.
jueves, 5 de marzo de 2020 · 01:52

Wara Arteaga  / La Paz

Roberto Siñani jamás olvidará el día  cuando  el río Katari  arrastró el cadáver de un feto hasta  Wila Jawira. No recuerda la fecha exacta, pero sí la época. Era fin de año, cuando las lluvias azotan la ciudad de El Alto  y el caudal lleva -  como en ninguna otra temporada -  todo tipo de desechos hasta este  pueblo del altiplano que los comunarios abandonan poco a poco. 

“En tiempo de lluvia llegan  agujas (jeringas de hospitales), perros y burros   muertos,  hasta botan  fetos. El año pasado hemos sacado uno,  lo vestimos y lo enterramos en el cementerio. Era varoncito”, evoca Siñani, el profesor de la escuelita rural Santa Bárbara, en Wila Jawira.

Foto: Marco Aguilar / Página Siete

En las   orillas del río Katari, en Cohana -  donde  se encuentra la unidad educativa de este  pueblo-  toda  la planicie está  repleta  de basura que se ve como  mixtura dispersa luego de un  día de fiesta. 

El río que pasa por el lugar  tiene  tono verde y es tan oscuro que ni el ganado se acerca;   en algunos sectores este mismo líquido se vuelve espumoso.  En las orillas  la basura se estanca: desde botellas de plástico,  vidrios, televisores, juguetes hasta jeringas y empaques de medicamentos. 

Siñani explica que recoger toda esta basura sería imposible porque debajo de estos residuos, hay  años de desechos acumulados. “El año pasado realizaron  limpieza, pero no lograron  terminar”, comenta.  Y es que todo  entusiasmo se acaba frente al monstruo de desechos que llegan con el río.

 De acuerdo con el estudio Problemas socioambientales de la Bahía de Cohana, publicado por Lidema, los residuos que son arrastrados por el agua  llegan desde tres municipios. “En  la  actualidad,  varias  comunidades del  Lago Menor  están  afectadas  por la  contaminación  del  río  Katari,  que desemboca  en  la  bahía  de  Cohana, arrastrando aguas servidas domésticas, industriales    y    mineras,    así    como desechos  sólidos. Principalmente,  de las ciudades de El Alto, Viacha, Laja y Pucarani”.

El estudio explica que en las épocas de lluvia el agua es de color pardo claro y el río Katari arrastra sedimentos. En cambio en la época seca “el agua es de color grisáceo  y verde (aguas estancadas) debido a la alta concentración de materia orgánica. 

La investigación alerta de que en estas zonas se debe analizar la posibilidad de que en las bahías altamente contaminadas “se esté formando una zona “hipóxica”. “Es  decir con niveles de oxígeno en concentración extremadamente bajas y casi exentas de vida, tal como se ha encontrado en muchas regiones oceánicas y lacustres fuertemente contaminadas del planeta”, detalla.   

Mujeres dan el primer paso

En Cohana destacan dos mujeres voluntarias, quienes  una vez al mes se acomodan a las orillas del río Katari con dos pequeños aparatos similares a controles remotos  y evalúan -  como expertas medioambientales -  la calidad del agua. Una saca agua del río en un vaso limpio, la otra realiza la medición y luego apunta el resultado. La primera devuelve el agua al afluente y vuelve a sacar otra muestra, mientras la segunda limpia el equipo. Así una y otra vez.

 

Foto: Marco Aguilar / Página Siete


Ambas, Teresa Mendoza y Luisa Luna,   aprendieron a manejar celulares Android y aplicaciones para comunicarse con compañeras de otras comunidades que viven cerca del  lago Titicaca. Así intercambian información  sobre la calidad del agua y mandan reportes por GPS. 

Ellas miden con  mucha paciencia  el PH, la conductividad eléctrica, los sólidos disueltos y la temperatura. Realizan esta tarea  dos veces por semana   para  corroborar los datos.

 Desde que iniciaron esta tarea,  las comunarias se encontraron con datos  y números alarmantes. El PH  (Potencial Hidrógeno) es de 8.12 y la conductividad eléctrica llega  a 1400.  Los sólidos disueltos alcanzaron  el número de 700 en las dos aplicaciones. 

Con esos datos, la ingeniera ambiental,  Cecilia Tapia,  explica que el PH está dentro de la norma y límites permisibles, pero (el agua) está ligeramente alcalina, porque un PH neutro es de 7, pero el dato  nos indica que hay un pequeño grado de alcalinidad. 

“Los otros parámetros nos pueden dar una idea básica, pero se requiere hacer un estudio más profundo sobre la dureza, los  metales y  parte bacteriológica. Se  requiere además otro tipo de muestreo. La conductividad  eléctrica  está por debajo del límite permisible que es 1.500,  pero se está acercando al límite”, detalló.

Foto: Marco Aguilar / Página Siete

El río arrastra también metales y grasa de automóviles
Residuos médicos  llegan en bolsas negras hasta el Lago

Página Siete  / Cohana

En   la Bahía de Cohana,  hay  un    tratamiento   de los residuos médicos  diferenciado, pero es precario. Esto no sucede con  los residuos hospitalarios que -según los comunarios-  llegan por el río Katari, incluso en bolsas negras. 

Enrique Condori es  el encargado de limpieza del Centro de Salud de Cohana. Entre sus tareas está barrer   la calle aledaña  a este establecimiento y mantener impecables  los consultorios, el baño y la cocina. Hace además el tratamiento de los residuos hospitalarios.  “Tengo un pozo, un hueco cavado. Ahí se queman las jeringas, todos los residuos peligrosos, todo eso lo quemo. Eso revienta como cohetillo”, comenta. 

Es cierto. Condori - que nació en esta localidad, se trasladó a Cochabamba, pero volvió-se encarga de que esos residuos no vayan a parar entre la basura común. Detrás del consultorio médico   tiene una fosa de poco más de un metro, donde ya reposan algunos pequeños frascos y jeringas a medio derretirse. “No es mucho lo que se echa”, comenta, en poco tiempo cubrirá la fosa con tierra y abrirá otra.

Foto: Marco Aguilar / Página Siete

Esta técnica, cuenta, la aprendió en Cochabamba.  Allí, cuando era  parte de la directiva de una organización, la doctora de un hospital  cercano les enseñó a él y a sus vecinos cómo tratar estos residuos. 

El subalcalde, Pablo Huallpa, explica que hasta la Bahía de Cohana llegan desde metales hasta grasa  y aceite de auto. “Eso nos puede dañar, pero hasta el momento, como somos ganaderos en el sector, los animales no toman agua del río. Hemos hecho unos pozos subterráneos, entramos metros adentro y esa agua es más limpia, eso toman nuestros ganados”, dice. 

Pronto organizarán una limpieza general de Cohana.  En el puerto que da la bienvenida al río, una montaña de basura está estancada. “Es de la limpieza del año pasado”, dice una vecina.  En Cohana  se pueden ver frascos de medicamentos  vacíos o botellas con líquidos blanquecinos que nadie se atreve a abrir. 

Foto: Marco Aguilar / Página Siete

En Wila Jawira la gente huye de la basura 

“La gente vive tranquila nomás. Muchos ya no radican en Wila Jawira, porque  tienen terrenos en Cohana, entonces sólo vienen para alimentar al ganado. A veces el agua llega turbia, verde; a veces llega negra”. Ese es el testimonio de Roberto Siñani, profesor  rural que después de trabajar 10 años en la escuelita de Wila Jawira, ahora ve cómo la gente abandona el pueblo.  Ahora sólo tiene dos estudiantes. 

“Los ganados son valientes, no se han escuchado ninguna enfermedad. Además no se consume de esta agua, el ser humano tiene cosecha de agua”, resume Siñani. 

Es cierto. En las orillas se pueden observar  pozos que abandonados  que todavía albergan restos de lodo y hongos. Aquí las personas se han dado modos para filtrar el agua oscura que llega hasta la Bahía de Cohana para hacerla potable por lo menos para el ganado. 

Un informe de Lidema (Liga de Defensa del Medio Ambiente), que trata sobre los problemas socioambientales  de Cohana explica que este método no es tan eficiente. 

“Las   comunidades   afectadas   por   la contaminación  del  río  Katari  buscan diferentes  formas  de obtener  agua para su consumo. Por ejemplo, habilitan pozos a las orillas del Lago, de donde fluyen las aguas contaminadas, tratando de obtener agua purificada por la arena y el suelo: pero es improbable que esas aguas   subterráneas   poco   profundas estén  purificadas  y  sean  seguras  para uso y consumo humano”, indica el informe. 

Según Pablo Huallpa, el subalcalde del Cantón Cohana (provincia Los Andes de La Paz) desde hace  varios años se  solicita a El Alto que realice acciones para parar la contaminación en Cohana. Y es que las aguas  que desembocan en la Bahía parten de Milluni y se unen a los ríos Seco y Seke, para luego  alimentar al río Pallina y al Katari Alto y Katari Bajo. 

“Intenté  hablar con la alcaldesa de El Alto, pero ella no nos escucha, no se preocupa. Conozco de esta situación desde 2008, esa vez yo estaba con otro cargo en la federación de trabajadores de las 20 provincias. Mandamos documentos para que vea sus residuos”, dice.

 

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