Bolivia tiene más de 30 carreras de Medicina, no todas garantizan calidad

jueves, 11 de junio de 2020 · 00:04

Carla Hannover y Gabriel Díez  / La Paz

Cuando Wilma Torrez le dio el “sí” a Richard Arias (54) se comprometió a acompañarlo no sólo en los momentos de alegría, sino también en aquellos de adversidad y dolor. Hace dos años Torrez tuvo que asumir la dirigencia de la Asociación de Víctimas de Mala Praxis en Salud de Cochabamba luego de que su esposo quedara parapléjico tras una cirugía maxilofacial realizada el 2 de marzo de 2018, en la Clínica Los Ángeles de esa ciudad.

Arias ingresó a cirugía por un tumor, identificado como benigno, en la mandíbula que debía ser removido y en ese lugar debía realizarse un injerto vascular de peroné. La familia pone en duda la capacidad del profesional que lo atendió.

Varios especialistas coinciden en que muchos de los casos de mala práctica médica se dan debido a una deficiente formación de los profesionales en salud. En Bolivia se tienen alrededor de 30 facultades de Medicina, 11 de éstas se pertenecen a universidades públicas, y otras 19 son del sector privado. Según explican los expertos, gran parte de estas facultades no garantizan calidad en la enseñanza. 

Hasta hace poco Javier Peñaranda fue decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) de La Paz. Hoy es el actual rector a.i. de esa casa superior de estudios. Para él una de las grandes debilidades del sistema de salud y una de las causas por las que se dan casos de mala praxis médica tiene que ver “con la formación no planificada de profesionales médicos y particularmente con la proliferación de universidades privadas, el mercado laboral  inadecuado, y una formación posgradual con campos limitados e insuficientes”, indica. 

Sumado a ello, advierte, están “las condiciones técnico científicas deficientes que brindan los centros de salud rurales y urbanos para la formación de los médicos”. En el caso de la Facultad de Medicina de la UMSA, Peñaranda señala que es de las pocas del país que logró su cuarta acreditación internacional. 

Observa que esta exagerada oferta de formación de profesionales médicos debería ser planificada y regulada por las autoridades correspondientes. “Existen universidades públicas que no cumplen requerimientos básicos exigidos en cuanto a docencia, infraestructura, equipamientos de laboratorios y un hospital para la actividad docente asistencial, entre otros”, afirma. Por ello, concluye que en general “la formación de los estudiantes termina siendo deficiente”. 

Pero además, agrega el traumatólogo y exministro de Salud, Guillermo Cuentas, la formación de los médicos bolivianos, en su mayoría, no está acorde a los tiempos que corren y poner al día esto implica, en principio, trabajar en una mejor enseñanza para los profesionales. “Eso pasa porque las universidades actualicen su currículo. Pasa porque las universidades que ofertan la carrera de medicina tengan un currículo estandarizado”, explica.

Si de formación se trata, para el responsable del Área de Calidad y Auditoría en Salud, del ministerio de Salud, Ramiro Asturizaga, la mala práctica médica se da también por las debilidades que hay en esta área. Muchas veces los especialistas muestran una “excesiva autoconfianza, tienen conocimientos desactualizados, falta de destreza quirúrgica o desconocimiento de las normas y protocolos de atención médica”. 

Datos del Comité Ejecutivo de la Universidad Boliviana dan cuenta de que cada año se titulan entre 5.000 y 6.000 médicos. Según el exministro de Salud, Aníbal Cruz, el 80% de los estudiantes de las universidades privadas son extranjeros, pero casi el 100% de los que se forman en las públicas son bolivianos. Además, “el 90% de los profesionales que se gradúa cada año se va al exterior y solamente un 10% se queda debido a la falta de oportunidades... de éstos, sólo el 7% de los profesionales en salud accede en Bolivia a una especialidad”, asevera.

El médico que operó a Richard Arias afirma ser odontólogo especialista en cirugía y traumatología bucomaxilofacial y estar acreditado para realizar este tipo de cirugías. Pese a tener documentos que avalan su formación, a la asociación que lidera Torrez llegaron otras cuatro denuncias en su contra y cuestionan sus certificaciones. 

Consultado sobre estas denuncias, el galeno se declara completamente inocente. Afirma que este tipo de demandas son una muerte social y que afecta al entorno familiar, además de crear susceptibilidades en pacientes y colegas. “Se crea todo un sistema de anticuerpos”, lamenta.

Asimismo, aseguró haber finalizado con éxito la cirugía. “La lesión irreversible que el paciente tiene a nivel cerebral se origina en terapia intensiva. Ha sido bien controlado en la cirugía”, afirma. Página Siete solicitó información de este caso a la Clínica Los Ángeles, desde donde aseguraron que no se podía dar detalles dado que se trata de un proceso penal en curso y se “recomendó” acudir por información a la Fiscalía de Cochabamba.

Lo cierto es que un certificado médico forense del 4 de junio de 2018 señala que Arias presentaba encefalopatía hipóxica cerebral o falta de oxígeno en el cerebro, lo que ocasionó los daños que hoy presenta. Sumado a ello, la auditoría externa del Sedes Cochabamba, a la que este medio tuvo acceso, establece que Arias presentó una isquemia cerebral "por un déficit de monitoreo continuo por parte de médico intensivista", paro cardiorespiratorio por un "descuido de vigilancia del área de enfermería" y un segundo paro cardiorespiratorio por otro "descuido de enfermería".

En contacto telefónico con este medio, uno de los intensivistas optó por no referirse al caso Arias dado que se encuentra en instancias legales. El otro médico intensivista involucrado sostiene, en primera instancia, que la auditoría del Sedes es “totalmente deficiente” pues no toma en cuenta aspectos importantes, a su entender, para determinar lo que aconteció realmente.

“El martes (después de la cirugía), el (otro intensivista) con el (cirujano) pasan visita y deciden hacerle una traqueotomía. La hace también el (cirujano) sin ser cirujano de cara y cuello. Sucede un evento importante esa noche. La cánula de traqueotomía se sale de lugar por el movimiento del paciente. Ahí presenta una parada cardíaca que está reflejada en los informes de enfermería. (El otro intensivista) reintuba al paciente y ahí se presenta un daño irrecuperable. Este evento de la primera parada cardíaca no está registrado en la auditoría del Sedes”, afirma el intensivista.

Han pasado ya dos años del hecho y la familia de Arias exige saber dónde, cómo y por qué ocurrió la hipoxia y, más importante aún para ellos, quién es el responsable de dar soluciones al actual estado de salud del paciente.
 

 Formación posgradual  en el área de Auditoría Médica

  •  Informe La Defensoría del Pueblo presentó en marzo de 2020 el informe “La auditoría médica no constituye un instrumento eficaz para garantizar el acceso a la justicia”. En ese documento analiza la oferta posgradual de dos universidades estatales en Bolivia, de la Universidad Mayor Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca y de la Universidad Mayor de San Andrés. 
  • Chuquisaca La universidad San Francisco Xavier contempla en su plan de estudios  la Especialidad en auditoría médica. Entre las materias que se dictan están: Identificación e intervención de barreras de calidad, Gestión por procesos y desarrollo de indicadores de calidad, Calidad en salud, Componentes éticos y seguridad del paciente y Procesos de Calidad.
  • UMSA  Oferta la Especialidad en gestión de calidad y auditoría médica. Entre las materias están Sistemas de gestión y calidad,  Gestión por procesos e instrumentos de la calidad, además de  Bioética y Ética Médica.
  • Beni  La Universidad Autónoma del Beni “José Ballivián” lanzó, a su vez, una “Maestría en auditoría médica y gestión de la calidad en salud”.

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