Un diagnóstico errado puede derivar en una mala práctica

“¿De qué sirve tener equipos de última generación si los profesionales no van a saber usarlos?”, se pregunta el exministro de Salud Guillermo Cuentas.
jueves, 11 de junio de 2020 · 00:04

Carla Hannover y Gabriel Díez  / La Paz

Cuando Patricia Salcedo Argandoña (62) llegó al Hospital Municipal  “La Merced” de La Paz, el 22 de marzo de 2019, tenía insuficiencia respiratoria. Le realizaron una radiografía y, por el resultado, se creyó que tenía líquido pleural en el pulmón derecho. Por ello, los médicos que la atendieron decidieron colocarle, dos días después, un tubo para drenar ese elemento. No le hicieron estudios complementarios.

“Mi mamá no tenía líquido pleural masivo, no había necesidad de meter el tubo. Le causaron un trauma pulmonar”, recuerda su hija, Sharen Gutiérrez Salcedo (39), luego de conocer estudios posteriores. La familia denuncia que un médico interno —y no así el cirujano que dio luz verde para colocar el tubo de pleurostomía para sacar el supuesto líquido del pulmón— realizó la maniobra de intubación ocasionando un daño severo a Salcedo. “No se evidencia salida de líquido pleural —durante el procedimiento— y se identifica masa sólida que no permite que el tubo progrese”, se lee en el informe, al que tuvo acceso Página Siete, que remitió el entonces Jefe Médico, Fabricio Asin, a la directora del Hospital Municipal La Merced, Ximena Salinas. 

Los diagnósticos errados son una de varias causas por las que se incurre en una mala o inadecuada práctica de la medicina. De los 10 casos a los que Página Siete hizo seguimiento, dos de ellos se dieron debido a un mal diagnóstico. El de Salcedo y el del niño Sebastián O., quien en 2011 falleció luego de que, producto aparentemente de un diagnóstico impreciso, no se dispusiera su internación tras estar varios días con fiebre y vómitos. El hecho ocurrió en la clínica Niño Jesús II de Santa Cruz.

Para el responsable de la Unidad de Auditoría Médica y Control de Calidad del ministerio de Salud, Ramiro Asturizaga, los médicos de hospitales y centros de salud públicos corren continuamente el riesgo de incurrir en equivocaciones debido a las  condiciones de trabajo. Los errores en medicina pueden darse porque los médicos otorgan “poco tiempo para el paciente durante una consulta, (enfrentan) largas y fatigosas jornadas laborales, realizan prácticas invasivas por exigencias del paciente y porque trabajan con instrumental médico en mal estado”, afirma. 

Guillermo Cuentas, traumatólogo, exministro de Salud y especialista en la gestión del área, coincide con Asturizaga. Señala que si se analiza con seriedad el problema a un nivel macro se constataría que, en el sector público, “desde el punto de vista estrictamente teórico, casi todos los días los médicos cometen imprudencia porque están haciendo procedimientos sin los instrumentos y los equipos adecuados”, indica. “Si el médico tuviera que cumplir para evitar la imprudencia, la mitad de las cirugías no se harían en Bolivia”.

Tampoco se cuenta con equipamiento necesario y moderno para las cirugías. “Yo soy traumatólogo de profesión y en mi especialidad hoy en día el 90% de las cirugías invasivas se las realiza con apoyo de un equipo que se llama Arcon C que me facilita el tiempo quirúrgico, la precisión en el uso del material y me permite que ese paciente pueda salir del quirófano en el menor tiempo posible, pero ¿dónde tengo Arcon C? sólo en algunas clínicas privadas”, detalla Cuentas.

Los últimos reportes que obtuvo Página Siete sobre el tema dan cuenta de las deficiencias en el sistema de Salud boliviano en distintos niveles que, además de no garantizar el acceso a una salud de calidad, ponen en riesgo a los pacientes de sufrir deficientes procedimientos médicos. Para el exdirector del Hospital General de La Paz, uno de los más grandes del sistema, Omar Rodas, existen dos situaciones que sintetizan lo que ocurre: “negligencia administrativa” y “negligencia gerencial”. 

La primera, afirma, se da a partir del incumplimiento por parte de personal administrativo de solicitudes del médico de contar con materiales para realizar su trabajo. “Esto termina en una negligencia administrativa que repercute en el acto mismo del profesional, pero no necesariamente por querer del profesional o por responsabilidad del profesional”, complementa.

La segunda, la negligencia gerencial, está vinculada, a su entender, a no escuchar solicitudes. “Llegó el 1 de marzo de este año (2019) el SUS (Seguro Universal de Salud) y no llegó con la forma con la que se iba a implementar. A nosotros nos dijeron ‘a partir de hoy todo es gratis’. Y entonces nos ponen en una situación complicada porque no se tomaron decisiones y eso repercute en el acto médico de decir ‘le atiendo o no’, ‘es gratis o no’ por las consecuencias”, refiere.

En cuanto insumos de trabajo hasta principios de 2019, de los 34 hospitales de tercer nivel que hay en el país, el 80% tiene equipamiento obsoleto e infraestructura que data de hasta un siglo, así lo confirmaron los directores de diferentes Servicios Departamentales de Salud del país semanas antes de que el Gobierno de Evo Morales implementara en Bolivia el Seguro Universal de Salud (SUS). De hecho, centros públicos de referencia como el Hospital San Juan de Dios (Santa Cruz) tiene más de 180 años, el Hospital de Clínicas (La Paz) el año pasado cumplió un siglo, el Viedma (Cochabamba) tiene más de 130 años y el Daniel Bracamonte (Potosí), entre otros, tiene más de 70 años. Es decir que su infraestructura tampoco responde a las necesidades actuales. Sumado a ello, hasta el año pasado, el país contaba únicamente con 145 camas de Terapia Intensiva en hospitales públicos para 5,6 millones de personas —que tienen arriba de cinco años— que representan la demanda actual de los servicios en esos centros.

Tras la promulgación del Seguro Universal de Salud, hubo el compromiso de Morales de invertir mayor cantidad de recursos en infraestructura y equipamiento, que se cumplió en cierta medida. Pero “¿de qué sirve tener equipos de última generación si los profesionales no van a saber usarlos?”, cuestiona el exministro Cuentas,

 Sucede que la falta de equipamiento moderno no es el único problema que atraviesa el sistema de salud boliviano, pues tampoco se cuenta con personal especializado “ya que todos los que estudian se van al exterior o se quedan en los países donde realizan su especialidad, pues hay mejores salarios que en el país”, explicó el ahora exministro de Salud, Aníbal Cruz, a fines de 2018.

Patricia Salcedo falleció luego de 11 días de agonía a causa de lo que se sospecha fue un diagnóstico errado. Página Siete solicitó información sobre el tema con la directora del Hospital La Merced, Ximena Salinas, pero la  funcionaria respondió, mediante carta, que desde ese hospital ya se brindó la información correspondiente a la Fiscalía y que para no entorpecer el desarrollo de la investigación “no puede brindar información adicional”.

Lo que la familia de Salcedo constató fue que producto de ese procedimiento la salud de su madre se deterioró hasta llevarla a la muerte. “Cuando entré en la sala mi mamá sangraba por la boca. En ese momento mis hermanos y yo decidimos sacarla de ese centro médico y buscar otro”, cuenta la hija de Salcedo quien busca esclarecer lo acontecido con su madre. 

Luego de salir del Hospital La Merced, Salcedo fue ingresada en el Hospital San Gabriel, donde se le realizó una ecografía base de pulmón derecho donde se confirmó que no había derrame pleural en el pulmón derecho. Pero poca fue la ayuda que encontraron en ese hospital al no tener éste una unidad de terapia intensiva. El 26 de marzo de 2019 fue internada en la clínica Unifranz y días después en la clínica Europa, donde dio su último respiro. “¿Quién puede vivir con un pulmón perforado?”, se pregunta Gutiérrez entre sollozos.
 

Medicina  defensiva

  • Prevención Para evitar cualquier tipo de equivocaciones algunos médicos proceden con la “medicina defensiva”, explica el médico e investigador Fortino Agramont. 
  • ¿Qué es?   El profesional explica que se trata de situaciones en las que los médicos, para blindarse ante potenciales demandas o reclamos, optan por realizar la mayor cantidad de exámenes o estudios complementarios para reforzar el diagnóstico inicial y no caer en errores que perjudiquen al paciente.
  • ¿Qué implica?  Agramont afirma que esto conlleva mayores gastos. Añade que lo ideal es valerse de la idoneidad de los médicos y no “exagerar”.

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