«Dame plata para mi barbijo»: la lucha diaria de Silvia, una guardia alteña

De lunes a viernes es una heroína contra el virus en las calles. Pese a agresiones, lucha por proteger a la gente.
jueves, 16 de julio de 2020 · 00:04

Roxana Pomier Fernández Periodista

Una mujer cae al piso. Nadie la auxilia. “¡No la toquen, debe tener coronavirus!”, se escucha.  La larga fila en un banco de la zona de Senkata se disipa.  Sólo Silvia Carpio corre al lugar. La guardia de la Alcaldía de El Alto se da cuenta que poco puede hacer. Llama a dos policías y minutos después una ambulancia se lleva a la afectada, pero quedan unas imágenes que la agente edil no olvida.  “Aún me afecta”, cuenta la paceña que de lunes a viernes esquiva golpes, desoye insultos y masculla bronca como heroína cotidiana esencial en la lucha contra la pandemia.

 Aunque ese incidente aún la conmueve, también la incentiva. La joven lucha en primera línea.  Literalmente, pelea… a su modo.    “Cuesta hacer entender a la gente que si no se cuida se puede contagiar”, se lamenta.  Ante cualquier advertencia a peatones negligentes, Silvia sabe la respuesta: “Dame plata para que me compre barbijo, pues”.  Está acostumbrada. 

Sus cuatro años de experiencia la fortalecen. Reacciona con la misma firmeza con la que cada día se enfrenta con choferes que conducen minibuses repletos. “‘¡Qué te crees, choca de la Chapetona!’, me dicen y me insultan de todo”,  se queja. Pero segundos después su lamento es reflexión: “Recomiendo a la ciudadanía que por favor salga protegida a las calles y que no tome vehículos llenos para que no se contagie de esta enfermedad que mata”.

Silvia Carpio no tiene que sustentar sus dichos. Su actitud dice de ella. “Soy guardia porque me gusta mi trabajo, me encanta”, enfatiza. Habla con convicción. De eso sabe mucho. “Yo quería ser policía, pero mi familia no tenía plata”, cuenta.  Por eso tiene la insignia de premilitar y diplomas de cursos SAR (grupo voluntario de salvamento). “Les enseño a mis camaradas. Nosotros estamos para servir a la gente, aunque nos dicen de todo”, resalta la guardia municipal de transporte de El Alto. Está feliz por eso. “Hay que ser dinámica, correr y ayudar a la gente”, sustenta.

 Su entereza comienza en casa, en la suya y en la de sus padres. Es la segunda de siete hermanos. A los 19 años tuvo que dejar el primer año de derecho por su primer embarazo.  “Fue duro para mí, pero mis papás no tienen dinero. Tenía que trabajar”, recuerda.

Una década después, sus prioridades son sus “bebés”. “Despierto a las 6:00. Soy madre sola. Les doy avena a mis bebés porque ahora no van al colegio. Dejo la comida y salgo a trabajar”, explica la madre de un niño de diez años y unas gemelas de ocho. “Mi hermanito menor me ayuda a cuidarlos, a veces”, destaca.

  Vive en Villa Exaltación y trabaja por la  Ceja de El Alto.  “Tengo que estar formando a las 10:00 a cargo de mi suboficial Félix Tarqui, luego salgo a las calles”. Su “querido” traje azul, su gorra y su chaleco fucsia son sus compañeros desde hace casi un lustro. Hace cuatro meses que un barbijo, unas gafas y el alcohol desinfectante también están en su equipo. 

 “Antes de salir siempre me encomiendo a Dios, pido que como guardia de seguridad de transporte nos proteja del coronavirus”. No puede descuidarse. Debe repartir su sueldo entre deudas, alquiler de dos habitaciones y la comida de ella y de sus tres hijos. No tiene para más.  “Soy mujer sola”, repite a través de un teléfono celular, “de los antigüitos”. “No tengo WhatsApp, mi celular es chiquito”, aclara.

 Antes de la pandemia, su única frustración era la inseguridad. “Roban en mi frente. No puedo hacer nada”, reniega por un episodio en la calle 3 del Barrio Chino. “Vi cómo le robaban a una chica. Le cortaron todo y le quitaron su cartera. Yo quise reaccionar, pero dos tipos estaban amenazándome por detrás”.  La historia se repite en la crisis sanitaria.

 Con  sus casi 30 años  suma batallas. “El año pasado, en las protestas luego de que se fue Evo Morales, nos apedreaban. Teníamos que  proteger la Alcaldía”, resalta.

  Ahora, el coronavirus también le pega duro. Su madre, de la tercera edad, “sale a vender” porque de eso depende su comida del día. “La situación es complicada”,  reconoce. Hay días que no tiene los 1,50 bolivianos para pagar su pasaje en minibús.  Es lo de menos. “Tenemos que salir juntos de esta pandemia. Nos tenemos que proteger. No me cansaré de repetir eso a la gente”.

 Trabaja de 10:00 a 16:00. Es optimista. “Hay gente consciente. Hay choferes que entienden que no deben cobrar tres bolivianos a la gente, que tienen que obligar a sus pasajeros a usar barbijo”, se alienta.

Silvia es esencial para La Paz. Lo demuestra todos los días. Es la más destacada de la Guardia Municipal de El Alto. Pero especialmente es vital en su hogar, al que todos los días vuelve con frustraciones que contrastan con su entusiasmo porque una de sus reflexiones pueda salvar una vida.

 

 

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