Jiovana, Víctor y Jhonny, centinelas del Ejército a 4.000 metros de altitud

En plena pandemia y con una labor clave en la sociedad, sus familias son su sostén y su principal motivación.
jueves, 16 de julio de 2020 · 00:04

Daniela Romero Periodista

A su uniforme camuflado, botas y casco tuvieron que sumarle hace cuatro meses el barbijo. La pandemia les obligó a cambiar su rutina, tanto profesional como familiar, pero -como ellos dicen- el orgullo de estar en la primera línea de lucha los motiva cada día para sostenerse y resguardar a toda la población.

Los tres son paceños. La capitana Jiovana Ramos, el teniente Víctor Pantoja y el soldado Jhonny Bazán son parte del Regimiento Cuarto de Caballería Ingavi y desde la ciudad de El Alto cuidan a la población a más de 4.000 metros de altitud. Ellos sólo representan a los cientos de uniformados que en estos tiempos son los combatientes directos que luchan contra el coronavirus.

La capitana Ramos es la jefa de Operaciones del cuartel. Ella está al mando de todos los operativos de control que se hacen en la urbe; identifica los puntos, organiza e instruye el movimiento de los escuadrones hacia las zonas estratégicas. 

Mientras ella trabaja en el regimiento, sus pequeños la esperan en casa. “Tengo dos hijos, uno de dos años y una bebé de dos meses. “Gracias al apoyo de mi esposo, puedo también concentrarme en mi trabajo. Como cuidamos a la población, también debemos cuidar a nuestra familia”, afirma.

Vive en El Alto, a pocas cuadras de la unidad militar. Para ganar tiempo y llegar a su departamento en pocos minutos y amamantar a su bebé usa una moto con la que va y vuelve del cuartel en 10 minutos.

En su hogar ya organizó un pequeño lugar donde se saca el uniforme y se desinfecta antes de abrazar a sus hijos. Su rutina cambió, pero el ímpetu con el que trabaja creció.

 “No teníamos mucho contacto con la población civil, pero ahora hemos tenido que salir, apoyar a la población y los soldados también han aprendido a lidiar con eso; tenemos que continuar también  con nuestro trabajo normal”, cuenta.

Comenta que tuvo que dividir su tiempo entre su familia y su profesión, lo que es difícil a veces, pero asegura que todo se puede lograr con una buena organización y con sus seres queridos apoyándola.

La capitana nació en La Paz, pero durante su carrera fue destinada a otros departamentos. Hace medio año está en el Ingavi al mando de las operaciones. “Me siento muy orgullosa de que el Ejército me haya dado la oportunidad de trabajar en mi ciudad natal y orgullosa de pertenecer a la ciudad maravilla”, confiesa con una sonrisa.

El orgullo de ser militar también lo siente el teniente Pantoja, instructor de la tropa del cuartel Ingavi. Él también es paceño, pero su familia vive en Sucre y hace cuatro meses que no ve a sus tres hijas ni a su esposa.

“Tengo a mi familia en Sucre,  pero es una motivación con la que yo trabajo, ellas saben el trabajo que hago,  me apoyan y entienden. Nos comunicamos por videollamadas, siempre mantengo contacto”, afirma.

Pantoja sale con los soldados a patrullar las diferentes zonas alteñas, enseña y también motiva a sus subalternos. 

Ocupa una de las viviendas para oficiales que está en el mismo regimiento, donde la tarde del jueves 2 de julio sus tres hijas, de dos, cinco y siete  años lo sorprendieron con un abrazo infinito. Las pequeñas, junto con un simpático chapi dulce de leche lo recibieron a los gritos.

“Tenemos que seguir adelante, estamos en primera línea y vamos a continuar realizando nuestras actividades”, asegura el teniente abrazado de sus tres pequeñas.

 Él vive en el cuartel literalmente, sus días y noches los pasa entre instrucciones, operativos y también con el cuidado necesario para evitar que sus soldados se contagien.

  Otro que duerme en el cuartel hace más de cuatro meses es el soldado Jhonny Bazán, quien a sus 20 años sabe que entró al Ejército “para servir a la patria” y una forma de hacerlo es cuidar a los ciudadanos del que llama enemigo invisible.

“Una de las cosas que me inculcaron es que los mejores defensores para la salud somos los que inspiramos la confianza y la esperanza. Me siento feliz de servir así a la patria”, dice.

Su familia vive en la ciudad de La Paz, no ve a sus padres ni a sus cuatro hermanos desde que comenzó la cuarentena, al igual de los cientos de soldados que están en los regimientos militares. “La gente también se convierte en mi familia”, sostiene.

Los tres militares, paceños de cuna y orgullosos de formar parte del Ejército aseguran que mientras ellos estén en la calle, la población estará a salvo, su Chuquiago Marka también.

 

 

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