María limpia cada día la ciudad y protege a los paceños

Pese al temor de contraer el virus haciendo su trabajo, siguió limpiando la casa grande de los paceños.
jueves, 16 de julio de 2020 · 00:04

 Ivone Juárez Periodista

¿Y cómo nos portamos los paceños con la ciudad durante la cuarentena por el coronavirus? “Muy mal”, responde rápidamente María Acarapi para luego sonreír, como quien quiere corregir algo que no debió decir. Pero inmediatamente explica que los paceños, en los días de aislamiento, ensuciamos más las calles, dejando tirados barbijos usados, guantes y hasta pañuelos desechables.

Ella guardó la cuarentena  rígida junto con su familia, pero sólo fueron unos días porque su trabajo, al ser esencial, debía seguir siendo realizado para mantener todos los espacios abiertos de la ciudad limpios. En tiempo de pandemia era vital.

Antes de acatar el aislamiento, en su empresa, La Paz Limpia,  se les tomó algunos datos, como la edad y el número de teléfono para formar un grupo de WhatsApp, por el que, días después,  ella y otros de sus compañeros, fueron convocados para reanudar su trabajo. 

El primer día todos comenzaron a la jornada a las  7:00. Había mucho por hacer. A ella le tocó recorrer la avenida Arce y recuerda que en sólo una cuadra llenó dos bolsas con las hojas que habían caído de los árboles. La Paz estaba en pleno otoño.

Como gran parte de la población estaba en su casa, María y sus compañeros esperaban  encontrar menos desechos en la ciudad, pero no fue así. Al contrario, estaban ante  la evidencia de que los paceños habíamos retrocedido muchísimo en nuestros hábitos de limpieza, al extremo de dejar tirados en la calle los insumos de bioseguridad que usamos para protegernos.

“Si antes la gente botaba en la calle las bolsitas de jugos, colillas de cigarros o desparramaban el helado, ahora era peor. Había barbijos usados, guantes, papel higiénico tirados”, cuenta esta mujer que nació en la ciudad de El Alto, pero que vivió prácticamente toda su vida en La Paz, donde -dice- cada día quiere poner su “granito de arena para que esté limpia”.

Pero, pese a todo ese espíritu que tiene María, alimentado por el agradecimiento y un alto sentido del deber,  ese primer día de trabajo, en plena cuarentena por la pandemia del coronavirus, había salido con temor de su casa después de ver toda la información que circulaba, sobre todo en la televisión,  del mundo prácticamente sucumbiendo ante la pandemia. “Tenía mucho miedo, pensaba que al hacer mi trabajo, limpiando las calles, podía contagiarme de la enfermedad”, cuenta.

Y encontrarse con esos desechos fue una impresión muy fuerte, hasta que estuvo de nuevo en su casa, con su familia.  

“Regresé a mi casa impresionada, pero felizmente ahí estaban mis hijos para oír lo que me había pasado, pero también para informarme y orientarme. Después de escucharlos volví a lo que siempre defiendo: es mi trabajo y tengo que cumplirlo fielmente porque estoy muy agradecida de tenerlo”, afirma María.

“La empresa nos da transporte y nos desinfecta al llegar al trabajo y al salir; nos toman la temperatura y eso me hace sentir segura, porque llego sanita y me voy sanita a mi casa. Y si tenemos algún síntoma lo tenemos que comunicar de inmediato al médico que tenemos en la base”, añade

María despierta todas las mañanas agradeciendo lo que tiene: vida,  familia y un trabajo que valora mucho. No es nueva en este mundo del aseo urbano. Lo conoce desde hace más de 25 años.

“Yo trabajaba en la confitería Dumbo’s, que estaba en la Camacho, y en una de las mesas había un cliente que hablaba de la formación de microempresas para recoger basura. Me interesó tanto que me acerqué a preguntarle;  él me explicó y a los días yo estaba siendo capacitada en ese emprendimiento”, cuenta.

En poco tiempo estaba imbuida en el negocio con tan buenos resultados que se mantiene en esa actividad, aunque ahora como dependiente de La Paz Limpia. “Trabajo desde hace tres años con la empresa”, dice.

En el negocio de las microempresas de recojo de desechos conoció al que ahora es su esposo Antonio, con quien tiene cuatro hijos: dos mujeres y dos varones.

“Mis dos hijas mayores ya son profesionales. Trabajaron conmigo, aquí, en la empresa de aseo mientras estudiaban; se retiraron para ejercer sus profesiones”, cuenta satisfecha.

“Estoy muy orgullosa de mis hijos”, expresa.

Mientras realiza su trabajo todos los días recorriendo La Paz, limpiándola, piensa en lo que tiene y no desea más. “Logré lo que quería, mi sueño era tener mi casa, lo hemos logrado con mi esposo, y vivimos todos, con mis hijos; yo soy feliz”, dice.

Aunque no tiene un deseo para ella, lo tiene para el resto de los paceños, a los que observa todos los días, tal vez sin que muchos se den cuenta. “Quisiera que estemos unidos y seamos más solidarios. En estos tiempos hay  gente que no tiene para comprar un barbijo, un alcohol en gel. Si podemos, nosotros se los compraremos. Vivamos la vida hoy ayudando porque no sabemos qué pasará mañana”.

 

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