El estilista cochala que puso a su peluquería sobre ruedas

La crisis le obligó a cerrar su local. Tras noches de insomnio, montó su salón en una camioneta. Y lo hizo en 12 días.
jueves, 6 de agosto de 2020 · 05:04

Liliana Carrillo V., Periodista

En su salón de belleza, ubicado en pleno corazón de la zona de los trancapechos, no faltaban clientes y cada fin de semana salían novias y quinceañeras listas para bailar el vals. Pero llegó el virus y con  él la crisis y el cierre del local de Iván Navia. Sin trabajo y con dos niñas pequeñas, el estilista  “no dormía en las noches pensando qué hacer”. Y lo que hizo, a plan de ingenio y trabajo,    fue construir la primera peluquería móvil que hoy recorre  la Llajta.

En  su camioneta ploma, Navia ha instalado un sillón de peluquería, espejos, un área de lavado cubierta y todas las máquinas necesarias para cortar, teñir o peinar: un salón completo.  “Es  mi creatividad nomás y  cada día aumentamos alguito pensando en los clientes”, dice.

Nacido en Cochabamba hace 35 años, el esposo de Jimena y papá de Paola y Nicole (de cuatro años y seis meses, respectivamente) decidió ser estilista porque “con ningún peluquero estaba conforme y de ahí me nace la idea de aprender”. Empezaba la década de 2010 cuando Iván,  en España, hacía sus primeros cortes de pelo y descubría una vocación.  “La verdad, a mí me apasiona  el mundo de la belleza”,  reafirma ahora. 

 Durante los últimos siete años, el salón de belleza de Iván fue el más conocido en las inmediaciones del mercado Ingavi de la Llajta. “Pero con la pandemia,  cuatro meses no se trabajó bien, estuvimos a media máquina, no se podía seguir pagando los alquileres que son altos en la zona que es  comercial. Mis ahorros  los estaba acabando. Así que tenía que tomar decisiones  bien rápido”. No había opciones, Navia cerró su peluquería con “mucha pena”.

 Pero la emergencia se extendía y urgía generar ingresos. “La cuarentena se alargaba cada vez y yo tenía que pagar pañales, leche, comida -recapitula  conmovido-. No puedes explicarle  a tus hijitas que hay un virus que está atacando  también la economía. Te duele en el corazón, en el alma, no darles todo lo que necesitan y de algún modo debes buscar nuevas formas para salir adelante”.

Entonces vinieron los días de insomnio: “He dicho: no tengo local pero tengo cabeza y voy a poner una peluquería móvil”, fue la resolución del joven que desde siempre había sido aficionado a la carpintería, a la costura y a la mecánica. “Gracias a Dios en el transcurso de mi vida he hecho de todo y tenía mi cajita de herramientas”.

  Con esas herramientas comenzó la transformación de su camioneta. “Lo primero era acomodar todo: me preguntaba donde pongo el sillón, las capas limpias, los desechos, el agua… tantas cosas que uno necesita. Pensando en eso acomodé el sillón, los espejos, las máquinas teniendo cuidado con los cables.  Para  privacidad de los clientes, puse una cortinita para   otro ambiente. Después hallé un cartelito antiguo y así...”. Y todo lo hizo en 12 días.

“Tuve ayuda de mi esposa y algunos amigos, especialmente en las áreas que yo no conocía bien. Les agradezco mucho pero la mayoría de la instalación la hice solo, pensando mucho, equivocándome también y aprendiendo”, relata.

  La prueba decisiva  llegó  cuando comenzó a rodar la peluquería. “Gracias a Dios desde el primer día que he abierto ha habido aceptación de la gente. Primero los clientes antiguos que me buscaban por WhatsApp. De la misma zona empezaron a venir curiosos y yo les convencía: ‘pase, pase, tome asiento. Va a salir más guapa’”.

Ahora  la peluquería móvil de Iván -como la han bautizado los propios clientes pese a que el dueño tenía en mente decenas de nombres “más vistosos y llamativos”- trabaja todos los días desde tempranito. De 7:00 a 9:30, Navia realiza trabajos a domicilio. Después recorre algunas calles en su salón sobre ruedas y finalmente se estaciona frente al colegio España, donde espera a los clientes hasta pasadas las 15:00.

En un buen día atiende hasta una decena de clientes. “Si llegan 11 personas es de suerte  porque ha bajado harto la demanda. Actualmente  la gente anda temerosa y un poquito le cuesta acceder a la peluquería”, asegura el estilista.

 Iván cuida al máximo las medidas de seguridad en su peluquería móvil; lo hace también para protegerse y,  por ende, a su familia. “Trabajamos con todas las medidas: traje de bioseguridad, barbijo y guantes. Limpio  con amonio cuaternario disuelto; antes de entrar y al salir fumigo el salón. Usamos capas personalizadas, una individual para cada persona; además esterilizador para navajas y otras máquinas”, recalca.

¿Y si aparecen quienes imiten su iniciativa? “Si van a copiar, que lo hagan y saquen adelante a sus familias. Estamos en crisis y  no debe haber envidia. Es un tiempo para apoyarnos”, asegura el estilista convencido de que “sólo unidos vamos a salir adelante todos  los bolivianos”. 

“Yo agradezco tener manos y cabeza; trabajo me voy a inventar por mis hijitas”. Palabra de Iván.

 

 

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