El futbolista delivery que pone manos a la masa en Santa Cruz

El defensor de Guabirá mantiene a su madre y a sus tres hermanos. Sin sueldo del club, emprendió y creó una panadería.
jueves, 6 de agosto de 2020 · 05:03

Roxana Pomier Fernández Periodista

Debe tres meses de alquiler. Las facturas de luz y agua están apiladas en su mesita de noche. Desde el inicio de la cuarentena  tiene señal mínima de internet. Pero como buen defensor, Fran Supayabe Alpiri  mantiene la calma.  No puede amainar.  Su madre y sus tres hermanos son el aliciente del futbolista que en tiempos de coronavirus elige reinventarse  y emprender en Santa Cruz.

 “No me pagaron en la cuarentena”, cuenta el jugador de Guabirá. En esta coyuntura, divide su tiempo para entrenarse -en cancha y por Zoom- y promover una empresa familiar.  “El dinero no me alcanza para mantener a toda mi casa”, sustenta. Por eso, desde hace casi un mes impulsa: SUPAnadería.

 No tiene dinero, pero tiene ideas. Combina el fútbol con la panadería y ahora lidera la  producción de empanadas, panes con queso y pasteles, que elabora su madre y que luego él reparte como delivery en  motocicletas prestadas. 

 “Todos ayudan en la casa, gracias a Dios, hasta mi padre nos presta su moto para hacer las compras. Por las tardes llevo el pan hasta la casa de los compradores, con la moto de mi novia o la de mi primo”, explica.

Su emprendimiento

Presionado por las deudas y sin ingresos, Fran habla con su madre, Cristina Alpiri, y juntos ponen sus manos en la masa.  “Pasa que no alcanzaba el dinero”, refuerza.  Recuerda que un directivo del club de Montero le había dicho que acuda a él cuando le falte dinero. “Le llamé y le pedí 200 dólares prestados y de ahí empezamos a elaborar el pan”,  rememora.

  Con ese dinero y “con  una plata guardada de mi madre, compramos un  horno, sus latas y de ahí vino la harina, la manteca y todos los ingredientes para hacer el pan”. Así nace el negocio que, “si Dios quiere”,  puede ayudar a pagar las deudas. “Debemos tres meses de alquiler. Pago 800 bolivianos mensuales”, dice y su voz se debilita al agregar que “debemos del cable y el internet, estamos tres meses abajo”.

El inicio del proyecto fue modesto. “Comenzamos con siete kilos de harina, la primera semana. La segunda, con siete y ahora estamos con 12 kilos y la próxima utilizaremos más harina”, confía. 

 Los Supayabe son víctimas de  la crisis económica que afecta a  los clubes de la División Profesional del balompié nacional. “En mayo nos pagaron de febrero y en junio nos dieron el 60% de marzo. Ahora estamos dos meses abajo”, se lamenta.  Sin embargo, se estimula porque desde hace tres semanas  tiene otro ingreso.

  “Yo soy el padre de la familia porque vivo con mi madre y mis tres hermanos menores”,  detalla el joven que a sus 24 años de edad  se describe como el responsable de la casa.

  Con sus casi 1,80 m de estatura, Fran sabe que  en la cancha debe mantener la portería a cero y sostener al equipo para que pueda centrarse en el ataque. Esa también es su tarea en su hogar. “Hace tres semanas nos estábamos quedando sin dinero”, rememora.  

A su mamá,  una educadora en la Guardería Municipal de Montero, la pandemia también la ha dejado sin salario.   “Mi madre y mi primo hacen los panes y mi hermano y yo salimos a vender, entregamos en  las casas”, agrega.

Entre panes y balones

Supayabe trabaja entre limitaciones. Como no tiene dinero para pagar el internet,   juega en equipo… “Como no me pueden cortar el servicio, nos dan lo mínimo, así es que cuando tengo que entrenar por Zoom, en mi casa nadie usa el internet para que yo no tenga problemas”. 

Su plantel familiar está conformado por Roly  (de 21 años), Álvaro (20) y Jasmín  (13). “Somos un equipo y una miniempresa de emprendedores”, subraya el cruceño.   

Pero el futbolista también  se entrena todos los días desde las 6:00, en un campo de juego. Luchador como es,  desafía.  “Me prestaban la cancha del ingenio azucarero. En estos últimos días pusieron guardia, pero yo iba igual.  Luego me negaron definitivamente  y ahora estoy entrenando en un lugar más lejano. Voy con mi compañero Nelson Amarilla”, relata. 

  Su rutina continúa a las 9:00. “Yo y mi primo vamos al mercado, luego preparamos la masa. Reparto el pan a partir de las 16:00, más o menos”, explica.

Disfruta su labor de delivery, un oficio conocido para él en sus tiempos de jugador  juvenil del  equipo norteño. En ese entonces  cargaba  alimentos a  camiones repartidores.

“No me corro. Los fines de semana hacemos pan de arroz y cuñapés. Mi madre es conocida en Montero porque cocina muy rico y por eso la buscan en el ingenio azucarero”, destaca el futbolista que gana “unos 200 bolivianos diarios, aproximadamente” y quien  todos los días -mientras recorre las calles en una  moto prestada- celebra porque “no queda pan ni para el desayuno”.

 

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