Roberty, pausa en consultorías para resurgir en la confección

Esta licenciada en Turismo quedó shockeada por la pandemia, pero pronto halló la forma de resistir. Esta, su historia.
jueves, 6 de agosto de 2020 · 05:08

Sergio Mendoza Periodista

Hace muchos años, cuando estaba embarazada de mi primer hijo, más o menos en 2011, yo hacía bolsas artesanales. Vendía mis bolsos y con este negocio llegué a ser parte del directorio nacional de mujeres emprendedoras. Era coordinadora.

¡Qué me iba a imaginar que nueve años después volvería a la máquina de costura en medio de una pandemia  de coronavirus! Tampoco que me volvería a emocionar tanto con mis máquinas, con una nueva empresa que otra  vez involucraran telas, pero en vez de bolsos, haciendo barbijos y trajes de bioseguridad.  

 Mi nombre completo es Dafne Roberty Tórrez Villegas. Soy presidenta del Colegio de Profesionales de Turismo en Chuquisaca.   Tengo 42 años y soy chuquisaqueña. Esta es mi tierra y aquí, en Sucre, he vivido desde que tengo memoria, cuando mi padre, que era ingeniero, se vino  aquí desde Uyuni, Potosí, donde yo nací.

 Soy la tercera de cinco hermanas, todas somos mujeres y yo soy la tercera, la del medio, digamos. Hay dos mayores y dos menores. Pues la historia de mi  segundo nombre, si quieren que se las cuente, tiene que ver con eso. Mi padre, en todo su deseo de tener un varón y al ver frustradas sus expectativas, se le dio por llamarme Roberty.  

 Mi esposo es también de Potosí, pero él se vino a Sucre por enamorado. Enamorado de mí, por supuesto. Yo me casé en 2009, hace 11 años. Los dos siempre hemos sido bien emprendedores e independientes. Así, hace cuatro o cinco años  creamos Roberty Corp. Engineering MSK SRL. Ese es  el nombre oficial de una consultora que abarcaba muchas áreas, como turismo, pero se enfocaba en minería y medioambiente.

 No les dije que mi esposo es ingeniero ambiental y en procesos. Yo tengo una licenciatura en turismo.

Nos iba muy bien. Asesoramos a varias empresas mineras en Chuquisaca. Nuestra empresa fue una de las impulsoras para que los mineros se orienten en su trabajo. Mi esposo los asesoró y guió. 

Fue un proceso de crecimiento duro, pero logramos consolidarla y crecer. Era nuestra principal fuente de ingresos, hasta que vino la pandemia y quedamos todos shockeados. 

Nuestra consultora quebró. En marzo comenzó la pandemia y en abril ya no teníamos ingresos. La minería murió y los clientes no pudieron pagarnos, todavía hay algunos que nos deben. 

 Cuando no tienes ingresos tus ahorros vuelan. Entonces recordé   la máquina para costurar de cuando estaba embarazada. Dijimos hay que hacer algo, entonces hicimos barbijos y trajes de bioseguridad, todos en familia.   

Les cuento que nos fue bien, comenzamos a vender y a tener contratos. Pero, ¿saben qué es realmente frustrante? El Estado no incentiva al emprendedor, al pequeño empresario. En vez de generar oportunidades de empleo siempre ponen trabajas. Nosotros con el ánimo de crecer hicimos propuestas a la gobernación y a la alcaldía, pero nos pidieron certificados para los barbijos, cuando sabemos que Ibnorca no estaba activo. Ellos deberían pensar en el empresario pequeño para que nuestra economía surja. Los barbijos están garantizados, pero nada. 

Nuestra empresa tiene todos los papeles en regla, todo legal. Pero ni así. ¡Ah!, no les dije, este emprendimiento nuevo se llama Roberty Art.

 Pero el apoyo que no recibimos del Estado lo encontramos en empresas privadas. Hicimos varios contratos y comenzamos a vender. Incluso tuve un pedido de Potosí. Es más, una vez recibí un pedido muy grande que yo sabía que no iba a poder cumplir, entonces saben qué es lo que hice, me contacté con tres señoras emprendedoras y se les dio el trabajo a ellas, porque hay gente que necesita y están desesperados. 

Esa es la idea, saben, la idea no es ser egoísta y pensar que el mundo da vueltas sólo a tu alrededor. Hoy en día con la pandemia tenemos que cambiar hasta de ideas. Tenemos que readecuarnos, pensar mejor, no sólo en nosotros, sino en apoyo al resto.   

 Siempre estamos queriendo imitar lo de afuera, lo del exterior, y no hay personalidad en nuestra producción. Están poniendo logos de Nike y de Adidas en las prendas. Yo puse una banderita boliviana en los barbijos y los trajes de bioseguridad. Esto es para distinguir que somos producción boliviana. Ojalá nuestros gobernantes la apoyaran en vez de comprar barbijos desde la China.

Así como las señoras que contraté para que me ayuden con ese pedido estaban chochas, en mi familia igual estábamos contentos. Todos trabajando juntos. Con mi marido y hasta mis hijos nos ayudaban a etiquetar y empaquetar los barbijos. Tengo tres hermosos enanos. Los tres me ayudaron. 

¿Qué va a pasar con la consultora que quebró? Miren, no quisiera que muera. Estamos pensando que si nos va bien con esto de los barbijos incluso podemos inyectar algo de capital para que una vez que pase esto de la pandemia lo reactivemos. 

 ¿Qué va a pasar con el emprendimiento de los barbijos?  Les dije que estas máquinas ya las tenía hace muchos años  y estaban ahí, sin ser utilizadas. Mi idea era venderlas porque ya nadie las usaba. Estaba a un paso de venderlas, pero Dios es grande. 

  Este negocio nos ayudó a subsistir, a resistir.  

 Quería deshacerme de las máquinas; pero no lo voy a dejar. Amo este emprendimiento porque nos ha dado estabilidad económica y seguridad en estas épocas tan difíciles. Yo ahí continuaré, es más, mi objetivo es hacerlo crecer, porque vale la pena, realmente lo vale.

 

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