Wilman, del pub rockero de Potosí a la parrilla chaqueña

En sus platos, Wilman combina el amor por Tarija, donde nació, y Potosí, donde se enamoró y vive hace ya 30 años.
jueves, 6 de agosto de 2020 · 05:06

María O. García Periodista

“Chivaz Pub ahora te ofrece pollo al horno, parrillada al estilo chaqueño y lechón tupiceño”, anuncia en su página de Facebook el que fuera el templo potosino del rock. Wilman Romero, dueño y administrador del boliche  durante 22 años  tuvo que bajar temporalmente la persiana y encontró en la venta de platos de comida criolla un salvavidas ante la crisis.

“Teníamos la esperanza de que esta situación se solucionase, pero como vimos que no, que incluso se complicó y los ahorros se acabaron, tuvimos que buscar otra alternativa para poder generar ingresos”, manifiesta Wilman.

Buscándole una salida a la incertidumbre, él y su esposa decidieron emprender un negocio de venta de comida hace algo más de un mes. Y lo hicieron sirviéndose a su vez del gran aliado en esta época de pandemia, el servicio de delivery o de entrega a domicilio.

Cada mediodía, de jueves a domingo, entre ambos elaboran deliciosas recetas en las que Wilman combina el amor por sus dos tierras: Tarija, donde nació y creció, y Potosí, donde se enamoró y echó raíces.

“Llevo viviendo acá 30 de mis 54 años”, apunta. Al caer en la cuenta del tiempo, y tras un pequeño silencio, un “¡madre mía!” se le escapa: “Eso es más de media vida”. 

Cuenta que acabó en la Villa Imperial “por circunstancias de la vida”. Su idea era continuar con la carrera de ingeniería electrónica, estudios que ya había iniciado en Sucre. Pero, como suele pasar a veces, los planes dieron un giro y de repente todo cambió.

“Aquí hice familia y aquí me quedé. Mi pasión es la música y, sobre todo, el rock de los 80. Como en Potosí el 80% de la gente también es rockera me dediqué a abrir un pub de este género”, relata Wilman.

Corría 1998 cuando se inauguró el local al que bautizó con el nombre de Chivaz Pub. Durante los primeros años  los fieles al rock acudían cada día, de martes a sábado, a este su templo para disfrutar de un trago mientras movían sus pies al ritmo de los riff de guitarra que sonaban de fondo. 

Después, el tiempo dio paso a los conciertos en vivo, que acabaron por convertirse en el ritual sagrado de cada fin de semana. Alma Eterna, Crydon, Acero Imperial, Tierra Fría o Armadura son algunas de las bandas nacionales que encontraron en Chivaz Pub un refugio en el que rendir tributo a grandes leyendas del rock como AC/DC, Rammstein o Guns N’ Roses. 

“Algunas bandas hacían covers y otras venían a deleitarnos con su propia música. Al boliche han llegado grupos muy buenos de toda Bolivia y hasta antes de la pandemia nos iba muy bien”, afirma Romero.

Para un melómano como él, recordar aquellas interminables jornadas que se prolongaban hasta que los pies decían “basta” es lo más parecido que existe a un paraíso terrenal: “Disfrutaba mucho del ambiente. Y como los potosinos son muy rockeros, nuestros conciertos siempre estaban llenos, repletos”. 

Uno de los últimos himnos que sonó en Chivaz Pub fue Entre dos tierras, canción de uno de los más emblemáticos grupos de rock en español de todos los tiempos. Héroes del Silencio.

“El último concierto que tuvimos antes de que llegue la pandemia fue el de la banda paceña Sangre Hirviendo, quienes rindieron un tributo a Héroes del Silencio. Esa noche teníamos el boliche a reventar”, recuerda Wilman sobre una velada que se convirtió en  un canto a la alegría y a la vida, pero también en una despedida implícita.

Desde el 13 de marzo, un par de días después de que se confirmasen los dos primeros casos positivos de coronavirus en Bolivia, lo único que reina en Chivaz Pub es el silencio. A Wilman Romero, igual que a muchos en el país, la emergencia sanitaria lo llevó a pensar en una total y profunda reinvención laboral. Al menos hasta que todo esto pase.

“Fue un cambio muy brusco. Lamentablemente, y a la vista de que no sabemos cuándo podrán los locales nocturnos retomar su actividad, no nos quedó otra que reinventarnos. Ahora elaboramos y vendemos lechoncito al estilo tupiceño, pollito al horno, parrillada al estilo chaqueño y churrascos. Y de momento estamos bien”, explica Wilman, quien ejerce su nuevo cometido cumpliendo con el ritual del que tantas noches disfrutó.

“Siempre cocino escuchando rock y soy un fanático de Pink Floyd”, comenta. Pero no es el único placer que le brinda a sus oídos: “También llevo en mis genes la música chaqueña, así que los dos estilos comparten mi corazoncito”, confiesa.

Wilman, melómano de nacimiento y rockero por vocación, tuvo que cambiar las cocteleras por el delantal. Y mientras condimenta sus ricos churrascos con devoción y una gran dosis de rock,  aguarda con optimismo el día en el que Chivaz Pub reabra sus puertas para rememorar los buenos momentos al ritmo de los hits que marcaron a varias generaciones.

“Reabriremos. Aún tengo la esperanza de que esto pasará pronto y seguiremos haciéndole aguante al rock porque es eterno, nunca muere. Mientras tanto, seguiremos dedicándole nuestro cariño y amor a la elaboración de estos platos de comida criolla”, concluye Wilman.
 

 

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