Desde el lago Titicaca
te han contado

Presentamos una selección de microrrelatos que capturan instantes, historias e imaginarios de La Paz escritos por los participantes del taller de Artes y Oficios del Relato de la carrera de Literatura de la UMSA.

Especial01
Redacción Diario Página Siete
Por 
La Paz - sábado, 16 de julio de 2022 - 5:00

La Paz ha sido desde siempre fuente inagotable para el arte y son muchos los que han querido capturar en el lienzo, en la página o en el acorde el ajayu chukuta. En esa línea, los alumnos del taller de Artes y Oficios del Relato de la UMSA retratan a la ciudad.

Sea como protagonista o como escenario, La Paz ha sido cantada y contada por sus creadores. Ya lo dice el tango (Es tu cielo de un azul inmaculado/ son tus flores de un perfume sin igual/desde el lago Titicaca te han cantado/mil sirenas con sus voces de cristal) que ha inspirado a una antología de la cual tomamos prestado el título de esta sección.

Édgar Arandia y Mario Conde han pintado los suburbios de una ciudad festiva y herida. Wara ha cantado a la Collita y ha hecho sonar matracas en tributo al Illimani, el mismo resplandeciente que fue rebautizado por la poesía de Óscar Cerruto. Pocos, sin embargo, tan decisivos para escribir el imaginario de la ciudad como Jaime Saenz. Su obra ha logrado, además de instaurar algunos mitos, dar carne y hueso a la ciudad en la figura del más humilde de sus habitantes: el aparapita.

La selección de cuentos que aquí presentamos es resultado del trabajo de los alumnos del taller de Artes y Oficios del Relato de la carrera de Literatura de la UMSA, cuya docente es Daniela Renjel Encinas. Todos abordan lugares, comidas, eventos e imaginarios paceños.

Metafóricos, cotidianos, críticos o graciosos, los textos del taller son una muestra de las jóvenes miradas sobre una ciudad antigua. Un homenaje diferente a La Paz.

Sobre el goce de las sombras (Por Yecid Andaluz)

Durante esa noche de niebla fría, congelada, donde no existía alma alguna, unos gemidos ─sonidos tenues─ se confundían con el aire de las sombras. Fue en el Parque de los Monos, en noviembre del 2012. Mientras vigilaba y realizaba mi rutina diaria de guardia, escuché esos sonidos. Unos susurros gozosos, gritos ahogados, apenas distinguibles. Al acercarme, solo dos sombras se elevaron del piso rocoso. Rápidamente se perdieron a lo lejos, entre risas, tomadas de la mano se desvanecían por la avenida del Poeta.

Moscas (Yerko Escobar)

Nadie se preocupó por las primeras moscas en el interior de las tucumanas. Ahora todos se preguntan muchas cosas. Cosas lógicas, preguntas razonables.

El sentido (Yerko Escobar)

Llevo mil bloqueos entre minibuses pensando en el sentido del trabajo y de la vida. Tal vez necesite otros mil.

Amor desamparado (José Guzmán)

Las dos wawas al fin encontraron ayrampo. Entonces, fueron corriendo a la única tiendita abierta cerca a la calle Comercio y pidieron fiado una bolsita de api. Hirvieron todo en una latita. Tenían la certeza de que al beber el mejunje, su hermanito recuperaría la sangre que anoche había vomitado copiosamente.

La bolsa se ha roto sola (Carla Aquize Miranda)

“Y si recuerdos quedan, entre los tuyos seré el mejor” E. Yayo Joffré – Olvídate de mí Con el paso de la vida, fui olvidando cuánto vale una bolsa de sopa de fideo.

Manual de sobrevivencia de un empleado público en La Paz (José Luis Bautista Vallejos)

Cuando despertó, tras un sueño de perenne borrachera, recordó que el lunes debería besar algunos traseros más.

El tanguero (Lucia Claudia Silva Fuentes)

Se dirigió al centro de la plaza, la miró y le hizo la señal con la cabeza. Ella aceptó. Bailaron “Illimani” entre las grietas y la conexión se dio, tan dulce y cálida que su abrazo parecía peligroso. Al terminar, le agradeció y ella se fue. Cuando se volvieron a ver, recordó aquella sensación y no la volvió a invitar.

El consejero (Micaela Rosaura Bonifaz Martínez)

—... aquí termina todo.

— ¿Por qué? Si tienes lo más hermoso.

—...

— ¡Espera, no!

Y se tiró del último piso del edificio Alameda. El ente, cabizbajo, recordó lo que había perdido hace mucho tiempo.

La Paz: ciudad limpia, en progreso, unida y donde la que la justicia cumple (Micaela Rosaura Bonifaz Martínez)

¡Yaaaaaaa!

Sueños (Rosario Callisaya Arcani)

En la primera cabina viaja un sueño. Este sueño contiene dentro de sí, una poderosa pesadilla llamada “El rostro de la persona que maté“. En la siguiente cabina, viaja otro sueño junto a su pequeña hija sueño. El sueño mayor contiene un rencor llamado “El padre de mi hija” y el de la hija, un deseo: “familia”.

Primero aterriza en la estación el sueño de “El rostro de la persona que maté”, aturdido por la sacudida del aterrizaje en la parada. Mira por la ventana hacia atrás y piensa en el cuchillo escondido de su chaqueta. Suelta una sonrisa y repasa una última vez su plan: llegar a la esquina del teleférico y desde ahí, seguirlas.

Tecito (Rosario Callisaya Arcani)

Como todos los días, a las cinco menos cuarto de la tarde, pone la cafetera oxidada sobre la estufa, corta las rebanadas de queso y recoge, en el panero, las marraquetas crujientes y tostadas. Tres son suficientes. Luego camina a la cocina para apagar la estufa y mientras cruza el pasillo ve la hora en el reloj de la sala: dos de la mañana.

En los juzgados de La Paz (Rudy Terceros)

Abandonar toda esperanza, quienes aquí entráis.

Dante Alighieri, La Divina Comedia

—...

¿Ya es viernes? (Sofía Vera)

A pesar de siempre estar alcoholizado, el hombre notaba lo que pasaba a su alrededor. Sentía la violencia de las miradas ajenas penetrando entre sus ropas rasgadas y, tras la espesura de su barba, ocultaba su vergüenza. Descalzo y sin rumbo, recorría las calles de la ciudad, con la única certeza de que cada viernes debía dirigirse a la Iglesia de San Francisco. Allí, junto a una muchedumbre, formaba una fila para recibir un plato de comida caliente. Solo en aquella espera su vida dejaba de ser invisible ante Dios, y solo en aquella espera Dios dejaba de ser invisible para él.

DES(CONS)TRUCCIÓN (Sofía Vera)

De pequeño, le habían dicho que las montañas no se moverían y que él debía ir tras ellas. Ya de adulto, el alcalde se encargó de expandir la ciudad. Las nuevas generaciones vivirían encima de las montañas y, quizás algún día, el Illimani quedaría enterrado bajo el pavimento de un nuevo distrito.

Un constante hablar a mis espaldas (Stacy Herrera)

Estoy de lo más tranquilo. Subo a mi autito, prendo la radio, mi fiel compañera, y suena una canción que me gusta mucho. Canto con voz muy baja el coro:

¿Quién no lloró por amor?

¿Quién no sufrió una traición?

Entonces escucho un susurro que viene detrás de mí y se incrementa. ─¡EN LA ESQUINA,LE DIJEEE!

La de Salta (Sidney Valdéz)

La negra trenza que pasa por mi espalda siento que cruje cuando me muerdes, pero si dejas caer mi jugo no sabes besar.

Encuentro en el Choqueyapu (Sidney Valdéz)

Desde hace dos años que se sentía solo. Odiaba su despedida, necesitaba hablarle. Desesperado, una noche se fue hasta su lecho, la descubrió y se recostó a su lado. Cómo habría sabido que la noche y la humedad los deslizarían hasta esas faldas grises de río, y dejándose llevar por esa misma corriente, tragaron su último aliento y volvieron a hablar.

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