El vallegrandino habla de sus inicios como escritor

Manuel Vargas y su razón de vivir: la literatura

La Feria del Libro de La Paz entregará un reconocimiento al narrador por su aporte a la literatura boliviana.
martes, 04 de agosto de 2015 · 22:28
 Anahí Cazas  / La Paz
Apenas el escritor vallegrandino Manuel Vargas, entonces de 18 años, llegó a La Paz, se fue al  Monoblock de la Universidad Mayor de San Andrés   y subió al piso 12 del mítico  edificio de esa casa de estudios. Era 1969. "Yo quería estudiar Literatura, me gustaba leer, sentía que había encontrado mi camino. Por eso, ni bien terminé el colegio decidí irme a La Paz. Llegué con la idea de inscribirme en la  carrera de Literatura”, recordó el narrador, nacido en 1952, en  Vallegrande (Santa Cruz).
Sin embargo, cuando llegó  a La Paz se encontró con la  noticia de que  en  la universidad aún  no había  una carrera de Literatura. "Llegué al piso 12, donde estaba la facultad de Derecho,  pregunté y me respondieron que un piso más abajo había Pedagogía”, comentó Vargas, sentado  en uno de los sillones de su biblioteca personal, en  Achumani.
El joven descendió al otro nivel  y se inscribió en la Facultad de Filosofía y Letras. "Bajé  al piso 11,  ahí había Pedagogía,  y entonces,  dije: ‘Bueno me quedaré aquí’”.   Así, decidió a seguir su pasión  por la literatura.  Se inscribió  en la materia de Introducción a las Letras, dictada por el poeta beniano Pedro Shimose.  "Él fue mi primer profesor. Nos volvimos muy amigos”, comentó.
  Durante su vida de universitario tenía como compañeros a Alfonso Gumucio Dagron, Jaime Nistthauz y  Humberto Quino. Con ellos    formó  un grupo de amigos. A ellos,  y a pesar de no estudiar en su carrera, se sumó la  poeta Matilde Casazola. Juntos, y guiados por Shimose, editaron la revista Difusión. "Shimose me apoyó mucho en  mi intensión de escribir.   Hacíamos prácticas con él. Era  los años 70”, contó.
Sin embargo, el 71 hubo el golpe de estado de Hugo Banzer Suárez y se cerró la UMSA  por seis meses. Shimose  fue exiliado a España. "Él me dijo ándate a Vallegrande a escribir tu novela”, contó. Y así fue. Vargas  regresó a su tierra natal  para escribir su primera novela. Sin embargo, no perdió el contacto con Shimose, quien le envió una caja de libros para leer e inclusive después de casi un año Vargas le mandó una copia de la  primera versión de su  novela. "Guardo las dos páginas de  los comentarios de Shimose sobre mi primer libro”, expresó.
Después, Vargas  envió su obra, titulada Los signos de la lluvia,  a un concurso de novela organizado por la librería Difusión. En el certamen no se dio ningún  primer premio,  pero sí una mención a la novela de Vargas. "El jurado estaba conformado por Óscar Cerruto y Óscar Rivera Rodas, entre otros”, dijo el autor, quien precisó que su novela fue publicada años después en 1978.
Años antes, publicó su primer libro Cuentos del Achachila. "Yo trabajaba en ese época en el CIPCA, viajaba mucho al área rural, de ahí nacieron estos relatos que  fueron trabajados de forma didáctica, como una  fábula, en la que  mostraba  la rebelión de  los animales; disimuladamente era una crítica a la dictadura de Banzer”, dijo.
  Y así comenzó su carrera como escritor. Luego, Vargas escribió varios cuentos y novelas con sus anécdotas de vida, en especial  de su  infancia en Vallegrande. Publicó cuentos como Cuando las velas no arden (1980),  El sueño del picaflor (1980), Montes claros (1982),  La mujer del duende (1983); Cuantos tristes (Premio UTO 1980), Estampas (1988),     Historias de la gente sola (2005) y Retratos de familia (2005), entre otros. Además, publicó  novelas como Rastrojos de un verano (1980), Nocturno paceño (2006),   Música de zorros (2008).
   Justo con Rastrojos de un verano sintió que encontró su tema para escribir: lo rural. "Mucho tiempo después, unos 20 años, logré escribir otra novela sobre La Paz que es Nocturno paceño. Fue así, un 80% de mis libros están relacionados con el mundo rural de mis primeros años de vida, pero ya me he ampliado más y he experimentado otros ambientes”, dijo.

  Vargas no sólo se conformó con dedicarse a escribir. Y sus amigos ya lo sabían. Un día, en 1995,  Adolfo Cárdenas y Marcela Gutiérrez lo convocaron a editar una revista de cuentos. Entonces, en 1996,  nació  Correveidile. Luego, en el año 2000, fundó la editorial con el mismo nombre.    
"He creado mi editorial para acercarme al lector, en especial a los más jóvenes. Fue un proyecto que poco a poco fue creciendo. Ser editor es parte de mi trabajo como escritor”, expresó. Por eso, fue uno de los pocos que se ganó la confianza del fallecido narrador Víctor Hugo Viscarra. "Me entregó sus textos,  yo armé y ordené sus relatos como un rompecabezas”, recordó.    

 Vargas también es un gestor. Participa en todas las ferias del libro que se organizan en Bolivia. Fue  además uno de los fundadores de la primera Feria del Libro de Autores,  que nació en los años 80, entre tanques y balas, en el paseo de El Prado. "Faltaban editoriales en La Paz para dar oportunidad a los escritores. Por eso   publicábamos pequeños libros y los vendíamos”, contó.
En su búsqueda por interactuar con los lectores, el narrador también visita   los hogares  de niños, los colegios  y las cárceles para leer sus cuentos. Uno de los recuerdos más preciados de  Vargas es el día en que un niño de  uno de los   albergues de la Garita de Lima  le pidió que vuelva  a leer el cuento porque era muy feliz.
   Su alma de escritor lo llevó a recorrer casi toda Bolivia y varios países del mundo para vender sus obras y las de otros autores, pero más que lucrar, Vargas busca contagiar su pasión por las letras. "Nunca he esperado vivir de la literatura”, aseguró. Y así es.

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