De la repostulación impuesta a la revolución inconclusa

El referendo del 21 de febrero de 2016 arrancó el proceso que en 2019 puso fin al gobierno de 14 años continuos del cocalero Evo Morales Ayma.
viernes, 16 de octubre de 2020 · 01:18

Baldwin Montero / La Paz

Como ocurrió en todo el mundo, el coronavirus atacó sin clemencia a los bolivianos desde enero. Pero, a diferencia de otras partes, lo hizo cuando intentaban curar las heridas de una batalla que había comenzado hace cinco años, el 21 de febrero de 2016 (21F), y que tuvo su peor episodio entre el 21 de octubre y fines de noviembre de 2019.

Hasta ayer la pandemia dejó 8.407 fallecidos que no lograron llegar a  la entrega de vacunas, lo que probablemente ocurra el primer trimestre de 2021.

A fines del año pasado el saldo de los enfrentamientos entre seguidores del expresidente Evo Morales y quienes demandaban que deje el poder luego de 14 años, fue de 35 muertos. Ellos tampoco podrán estar   en la elección del domingo,  principal demanda de la denominada “Revolución de las Pititas”.

Si bien la historia de los deseos prorroguistas del expresidente Evo Morales data de mucho antes (ya en 2014, con el aval del Tribunal Constitucional Plurinacional, TCP, logró que su primer periodo de gobierno no fuera contabilizado con el argumento de que gobernó la República y no el Estado Plurinacional), el referendo constitucional del 21F marcó para los bolivianos el inicio de una batalla de cinco años que podría finalizar, o no,  el próximo domingo.

Justamente el debate sobre la legalidad de que Morales continúe al mando del país llevó a que su propio partido, el Movimiento Al Socialismo (MAS), impulse desde la Asamblea Legislativa  la consulta nacional para reformar el artículo 168 de la Constitución Política del Estado (CPE) y levantar así la traba que impedía a su jefe atornillarse otros cinco años en la silla presidencial. Ese  artículo  permite una sola repostulación y Morales ya había hecho uso de él. Además, cumplía su tercer mandato continuo.

Las quejas de los opositores al régimen masista no impidieron que al final el Tribunal Supremo Electoral (TSE) convoque a los bolivianos para que el  21 de febrero decidan en urnas si se reformaba ese artículo para permitir que Morales y el vicepresidente Álvaro García se repostulen.

Ese domingo, 5.490.919 bolivianos acudieron a las urnas y 2.682.517 (51,30%) rechazaron la reforma constitucional y, en consecuencia, la repostulación del binomio. Cuando se comenzaron a conocer los primeros resultados,  el oficialismo no dio crédito a lo que ocurría y la misma noche del domingo García habló de un “empate técnico”, aunque también admitió que “los referendos se ganan con un voto”.

“Los resultados del recuento oficial van a ser respetados... Respetaremos en absoluto, de manera plena, los resultados que salgan del recuento oficial”.

Tres días después, ya conociendo los resultados oficiales, Morales ofreció una conferencia   en la que también garantizó el respeto a los resultados de la consulta nacional, aunque luego advirtió: “No se acaba la lucha”. 

Dos semanas después denunció que el caso denominado Zapata influenció en el resultado del 21F y anunció que habrá un “segundo tiempo”.

Ese segundo tiempo comenzó a jugarse nueve meses después, el 17 de diciembre de 2016, cuando un congreso del MAS realizado en Montero, Santa Cruz, decidió explorar cuatro vías para lograr la respostulación de Morales. Una de ellas: pedir una interpretación constitucional basada en el Pacto de San José. 

El 21 de febrero de 2017 la pulseta que un año antes se celebró en urnas llegó a las calles. Las plataformas ciudadanas salieron a celebrar la victoria del NO, mientras el MAS y sus aliados  bautizaron el 21F como “El Día de la Mentira”. Las organizaciones civiles comenzaron a gestar su lucha por el 21F desde las calles, con  pronunciamientos de actores políticos que, sin embargo, no lograron la unidad y tampoco doblegaron al MAS.

La protesta  que utilizó las “pititas” para hacerr escuchar sus demandas. 
Foto: Archivo / Página Siete

Seis meses después, el MAS continuó jugando el “segundo tiempo” y presentó al TCP un recurso pidiendo la aplicación preferente del artículo 23 del Pacto de San José, referido a los derechos políticos de las personas.

El 28 de noviembre ese tribunal aprobó la sentencia constitucional 084/2017 que finalmente abrió paso a la repostulación de Morales y García, además de todas las autoridades elegidas por voto directo, en contraflecha con el resultado del 21F. El argumento: los derechos referidos en el Pacto de San José son más favorables que los reconocidos en la Constitución boliviana.

Un día después estallaron protestas en Santa Cruz. Las expresiones de rechazo se extendieron hasta fines de ese año y principios de 2018, con convocatorias frecuentes a paros nacionales, como el que se realizó en esa capital el 12 de enero.

En febrero, el segundo año del 21F se recordó en el país con mayores expresiones de protesta y con paros regionales, pero también con advertencias de enfrentamiento, ya que el MAS comenzó a sacar a sus bases a las calles en apoyo a Morales.

El año transcurrió entre quejas y protestas, pero nada frenó al MAS que, para legitimar las candidaturas en los comicios que se realizarían un año después, el 1 de septiembre aprobó la Ley de Organizaciones Políticas. 2018 cerró con protestas por la repostulación y 2019 comenzó con la primera “elección” de binomios en primarias, que se realizó el 27 de enero con un resultado previsible. Los nueve binomios ganaron porque no tenían oponentes.

Luego comenzó el accidentado proceso rumbo a los comicios nacionales del 20 de octubre, con fallidos intentos de la oposición de lograr unidad para hacer frente a Morales.

Tras el sufragio, el binomio del MAS apareció primero, pero con posibilidad de una segunda vuelta, hasta que un sospechoso corte en el sistema de conteo electoral cambió el curso del recuento de votos y se generó la distancia suficiente para una victoria en primera vuelta.

Los observadores internacionales advirtieron en sus informes preliminares la irregularidad, y al día siguiente estalló una ola de protestas a nivel nacional que luego se denominó la “Revolución de las Pititas”, en alusión a las cuerdas que usaban los manifestantes para bloquear las calles. 

Al grito de “¡fraude!”, miles de jóvenes salieron a las calles en todo el país y atacaron los tribunales departamentales electorales en señal de protesta. El 22, las plataformas ciudadanas convocaron a una huelga nacional y el 23 Morales denunció que se encontraba en marcha un golpe.

El 25 se conocieron los resultados que declararon a Morales ganador en primera vuelta, mientras los observadores de la Unión Europea y de la Organización de Estados Americanos (OEA) señalaban que era conveniente una segunda vuelta.

Octubre acabó con protestas cada vez más intensas y el inicio de una auditoría electoral con carácter vinculante de la OEA, solicitada por el propio Gobierno.

El cívico cruceño y ahora candidato a la presidencia  Luis Fernando Camacho   apareció como conductor de la protesta más fuerte en Santa Cruz y el 2 de noviembre llamó a la Policía y a las Fuerzas Armadas “a ponerse del lado de la gente”.

El 6 estallaron fuertes enfrentamientos en Cochabamba, La Paz y Santa Cruz y dos días después tres unidades policiales cochabambinas iniciaron un motín que luego se extendió a unidades de todos los departamentos  el país.

Ante el clima de creciente inseguridad, las FFAA llamaron al presidente a presentar su renuncia, al igual que la Central Obrera Boliviana (COB). Finalmente, el 10 de noviembre Morales anunció que dejaba el cargo y partió rumbo a México, mientras la batalla continuaba en el territorio nacional.

En medio de la convulsión social, el 12 tomó el mando del país la senadora Jeanine Añez, en una compleja sucesión constitucional que luego Morales calificó como el inicio de una dictadura.

La Presidenta de transición anunció que su papel sería únicamente convocar a elecciones limpias, confiables y transparentes, pero inesperadamente llegó la pandemia del coronavirus y el proceso electoral tuvo que quedar relegado.

Aunque había prometido no postularse, impulsada por la popularidad que logró en sus primeros días en la silla presidencial,  Añez anunció en enero su candidatura, pero casi nueve meses después, el 17 de septiembre, anunció su declinación.

Este domingo finalmente se realizan las elecciones nacionales y las proyecciones anticipan una dura pulseta entre Luis Arce del MAS y Carlos Mesa de CC, el primero delfín del presidente que hizo de la repostulación su forma de gobierno y, el segundo, el reflejo de las aspiraciones de la “Revolución de las Pititas”.
 

Las fechas  clave
  Los últimos cinco años fueron más que intensos para el país. Desde el referendo del 21F hasta las protestas de fines de 2019, Bolivia vivió días de constante conflicto.

21-02-16Se realiza el referendo de reforma parcial de la Constitución y 2.682.517 bolivianos (el 51,30% de los  que asistieron a las urnas) rechazan la repostulación de Evo Morales y Álvaro García.

28-11-17El Tribunal Constitucional Plurinacional emite la sentencia que habilita la repostulación indefinida de autoridades electas por voto directo, mediante la aplicación preferente del Pacto de San José.

 27-01-19En medio de polémica, se realizan las primeras elecciones primarias de Bolivia, con binomios únicos en competencia y resultados previsibles.

20-10-19Las elecciones generales terminan bajo la sombra del fraude, que luego comprobaría una auditoría encargada a la OEA. Se activan protestas en todo el país.

10-11-19 Evo Morales renuncia a la presidencia y alega que es víctima de un golpe cívico, político y policial. Antes había anunciado que llamaría a nuevas elecciones, pero  no fue suficiente.

12-11-19La senadora  Jeanine Añez asume la presidencia para un proceso de transición en el que se compromete a convocar a elecciones limpias. Evo Morales la llama “autoproclamada”.

 

 

 


   

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