Reinvención y emprendedurismo

La creatividad y la innovación, el primer antídoto contra el coronavirus

La tecnología fue vital, pero más entender qué pasaba en el mercado y lo que buscaba el consumidor en medio de la pandemia que cambió sus hábitos de vida. La crisis fue una oportunidad para muchos.
jueves, 31 de diciembre de 2020 · 00:00

Ivonne Juárez Periodista


Así, abruptamente, cuando la pandemia del coronavirus obligó a las autoridades nacionales a instruir a la gente a quedarse confinada en sus hogares para prevenir el contagio; las Jawitas Mi Chulumani se quedaron, de un día a otro, sin venta. De las 8.000 unidades que sus clientes consumían cada día, los pedidos bajaron a cero.

 Sus propietarios, los esposos Janise Paredes y Wilfredo Marín, asombrados e incrédulos -como la gran mayoría de la población-  tardaron 10 días en entender qué estaba ocurriendo: su negocio era de venta de comida al paso y las calles ahora estaban vacías.

A la nula demanda, se sumaba la gran cantidad de queso que tenían estoqueado para la elaboración de la masitas: 800 kilos. “Producimos nuestro propio queso, que teníamos estoqueado en la planta, y ese queso era un artículo de primera necesidad para la gente que no podía salir de su casa”, recuerda Janise. Ante esa conclusión, los esposos Paredes Marín ya sabían lo que tenían que  hacer: vender los quesos que tenían acumulados a pedido y  entregarlos a domicilio.

Después de los trámites y permisos correspondientes, cada uno se montó en un vehículo, con  los quesos a bordo, dispuestos a llegar hasta donde fuera.

“Llegamos hasta los barrios más alejados de La Paz con un producto lácteo que inicialmente no tenía un empaque, etiqueta ni una presentación, pero las personas nos recibían con tanto agradecimiento y amor, y nos compraban. Ese  fue un regalo de la pandemia para nosotros”, afirma Paredes.

Pasó la cuarentena rígida, los días de mayor emergencia sanitaria por el coronavirus y los esposos, además de reactivar su producción de jawitas, entonces congeladas, lograron poner en pie su línea de lácteos, intento en el que estuvieron durante dos años antes y no tuvieron suerte. La pandemia fue para ellos una oportunidad, y el primer antídoto que encontraron contra toda la calamidad que trajo la peste.

Pero Janise y Wilfredo no fueron los únicos que, entre el miedo a la enfermedad y la necesidad de generar ingresos económicos, encontraron con inventiva y creatividad la forma de reinventar su negocio o de  sacar  adelante uno nuevo adecuado a las circunstancias. Sobre todo, entendiendo cómo había cambiado la forma de vida de la gente y cuáles eran sus nuevas necesidades en la emergencia sanitaria.

Bioseguridad para cholitas

Mónica Callisaya,  presentadora de televisión y flolklorista dedicada a la farándula, y  Reina Gutiérrez,  modista de profesión, inventaron los biocholitas, los trajes de bioseguridad para mujeres de pollera. ¿Cómo se les ocurrió la idea? 

Fue una de esas tardes interminables de la cuarentena rígida cuando, pese a las restricciones, decidieron reunirse porque la situación económica en la que estaban era extrema.

Cuando se encontraron, además de la necesidad de generar ingresos, ambas traían consigo una misma impresión: la admiración por cómo la gente se protegía para prevenir el contagio del coronavirus. Ellas llevaban barbijos y guantes, pero había personas que vestían mamelucos de tela sintética.  Mónica se quedó preocupada porque para ella, que viste elegantes polleras, esas prendas eran impensables.

“Me quedé preocupada; yo uso pollera, igual que muchas mujeres de La Paz, y sacarnos las polleras para ponernos un traje así era más que imposible, pero había que estar protegida ante el contagio”, recuerda.

Inmediatamente, esa preocupación se transformó en una idea: confeccionar trajes de bioseguridad para mujeres de pollera. El mercado era vasto, con las  comerciantes en primera fila, esas que eran trabajadoras esenciales, pues debían surtir de alimentos y otros productos a los paceños confinados.

Y  pusieron manos a la obra,  no sin  antes conocer las necesidades de sus potenciales clientes, que les dieron las pautas para crear los primeros trajes de bioseguridad para cholitas. La idea tan original las lanzó al éxito; primero por las redes sociales (el Facebook de Mónica) y luego por los medios de comunicación masiva.

“No nos volvimos ricas, pero tuvimos nuestro momento y aprovechamos”, afirma Mónica nueve meses después.  

Pero los pedidos de trajes de los biocholitas fueron bajando cuando los diseños comenzaron a ser  copiados; entonces, Mónica decidió volcarse a la elaboración de postres, un nuevo emprendimiento al que bautizó como Las delicias de la Moni Moni y sumó a su hijo mayor al negocio,  haciendo  la entrega de los dulces  a domicilio. “La pandemia fue y aún es dura, pero no nos quedamos de brazos cruzados”.

La sabrosa idea de un niño

Paralelamente, pero a 644 kilómetros de La Paz,   en Cobija, Pando,  dos hermanas ingenieros civiles y un niño  de ocho años ponían en marcha también una idea que respondía a otra gran necesidad de los confinados: la comida rápida a domicilio. 

Mónica Bustillo, junto a su hijo Santiago (Santi) y su hermana Alejandra estructuraron Jokerfastfood, una empresa de hamburguesas  preparadas  artesanalmente con especias y hierbas exóticas. Los conocimientos profesionales de toda la familia se sumaron para sacar adelante el emprendimiento. 

 “No lo hicimos al calor del momento;  tomamos clases, hicimos estudios de mercado, investigamos qué redes sociales usaban  en Cobija. Mi esposo es ingeniero comercial, mi papá auditor  y  Alejandra también es bartender. Pusimos todos nuestros conocimientos en práctica”, cuenta Erika.

Pero la idea fue de Santi, que extrañaba las hamburguesas que solían comer en el lado brasileño. Por lo visto no sólo el paladar del niño sentía nostalgia por esa comida rápida , sino el resto de los vecinos de Cobija, que cayeron a los pies de las Jokerfastfood. 

La normalidad regresó a Cobija pero la gente siguió buscando las hamburguesas. Erika, que además de trabajar con obras civiles del Estado es docente universitaria, retomó  las clases sin dejar el emprendimiento.

“Seguimos trabajando cumpliendo las medidas de bioseguridad y haciendo entregas por  delivery”, dice.

Recuerda esos días de la cuarentena con los noticieros  contabilizando cada día más y más casos del coronavirus en el país, y ella con su familia construyendo una empresa. “En la pandemia descubrimos las capacidades que teníamos ocultas; ese tiempo nos permitió explorarnos. Una amiga arquitecta se dedicó a hacer tortas sólo de chocolate y sigue con ese emprendimiento”, comenta sonriendo, como quién relata una aventura.

“Es el espíritu de sobrevivencia, el espíritu de resilencia”, afirma Gonzalo Chávez, director de la Escuela de Productividad y Competitividad de la Universidad Católica de Bolivia, al referirse a las experiencias de estos bolivianos y bolivianas en los que se impuso la inventiva y creatividad para ponerse   frente a la pandemia. 

Añade que la tecnología fue un factor fundamental para  todas las personas que iniciaron un emprendimiento o adecuaron el que ya tenían  y tuvieron que adaptarse. Y tiene razón, todos estos bolivianos echaron mano de las redes sociales y diferentes aplicaciones y soportes tecnológicos para promocionar sus productos, comercializaron y distribuirlos.

Oportunidad sobre ruedas

En el caso de las empresas, como Yaigo, el servicio de delivery que se caracterizó por llegar a los barrios más lejanos. Se desarrollaron aplicaciones y las soluciones tecnológicas necesarias para entender las nuevas demandas de sus clientes y, ante todo, mejorar cada vez más sus tiempos de entrega a domicilio.

“Implementamos Yaigo Business para atender los pedidos internos de las empresas de todos los rubros,  ofreciendo un servicio de última milla. Implementamos Analítica en base a nuestra data para poder entender mejor al consumidor y optimizar ruta a los socios conductores; con eso mejoramos nuestros tiempos de entrega. Fuimos la app boliviana más usada en este 2020”, afirma Ariel Valverde, CEO de la empresa.

“Tuvieron que adaptarse rápidamente utilizando redes sociales, en algunos casos. Aparecieron nuevas formas de entrega a domicilio, lo que representó el trabajo de decenas de ingenieros de sistemas, pero hubo emprendedores que con los medios que  ya existían, como el WhatsApp, comenzaron a moverse en el comercio, igual que las personas en el ámbito educativos”, añade Gonzalo Chávez.

Reinventarse o desaparecer

Y así, en medio del miedo a la enfermedad del coronavirus, la necesidad de personas particulares y empresas se abrió paso con ideas y una gran capacidad de reinvención.  Algunos emprendedores pusieron en marcha su creatividad con ideas que llamaron la atención por su originalidad. 

Por, ejemplo, vimos a estrellas  de la música, como el grupo cumbiero Sabor Sabor, implementar un servicio de radiotaxis con los músicos como choferes. La idea fue de su vocalista Wilson Morales, empujado por un gran sentimiento de solidaridad al ver a sus colegas de la farándula desempleados. Mientras tanto, en La Paz, el locutor de radio José Váldez se convertió en el Chasky delivery, llevando pedidos a domicilio a pie, para cobrar menos que un radiotaxi. 

En Cochabamba Iván Navia, un estilista, le puso ruedas a su oficio y con un salón de belleza itinerante salió a ofrecer sus servicios a la gente en la que la pandemia  le paralizó la vida, más no el crecimiento del cabello.

Y ya montados en la tecnología,  vimos a muchos mostrarse  al mundo con lo que sabían hacer, como Julia Kani, también una cochabambina experta en la cocina criolla que decidió volverse una youtuber de la gastronomía.

Estos bolivianos, los dueños de las Jawitas Mi Chulumani en La Paz, que con la pandemia ampliaron su negocio a los lácteos; los dos ingenieros y medio que en Pando  crearon unas hamburguesas artesanales con especias y hierbas exóticas;  Mónica y Reina que inventaron los trajes de bioseguridad para cholitas son una muestra de la gran creatividad, inventiva y de la capacidad de reinventarse de los bolivianos en momentos de crisis... en tiempos de pandemia.

Empresas  reaccionaron rápido con el instrumento de la tecnología

“En la pandemia el cliente quería seguir gastando, pese a que había cambiado sus hábitos de consumo, formas de compra y valoraba más la higiene. Además,  la forma de pago ya no podía ser física, sino por banca digital, códigos QR o pasarela de pago”, explica Alison Silva, directora de la Fundación Emprender Futuro (Bolivia Emprende).

Así, Silva resume las nuevas condiciones y las coordenadas que los  emprendedores tuvieron que seguir en ese terreno movedizo que propició la pandemia. Ella fue y es testigo del rumbo que tomaron muchos emprendedores. “El virus fue una oportunidad o representó su desaparición”, sentencia.

Y la pandemia fue una oportunidad para empresas como Belmed, por ejemplo, la industria representativa de la estética capilar de Bolivia, que de producir champús, acondicionadores, tintes para el cabello y otros, pasó de inmediato a surtir el mercado con jabones, sanitizadores y desinfectantes, todos los bienes que los bolivianos llegaron incluso a disputarse en farmacias y mercados.

Belmet fue uno de los primeros en lanzar esos productos porque su presidente, Guillermo Morales, “olfateó” a inicio de este año que la demanda iría por esos productos.

“A principios de 2020 se aceleró la producción de productos de higiene personal y santización. Las condiciones las teníamos, la infraestructura física,  pero sobre todo el know how; de lo contrario, hubiésemos llegado fuera de tiempo”, afirma  David Morales, gerente de marketing y desarrollo de Belmed - Wella Bolivia.

 

La tecnología

Alison Silva considera que la tecnología fue una herramienta fundamental para los emprendedores que supieron ponerse frente a la pandemia; sin embargo, considera que en muchos casos no fue suficiente. “No se la puede aplicar con éxito sin una estrategia clara de venta, metas,  indicadores muy claros de crecimiento”, afirma.

Añade que fueron las empresas y startups de base tecnológica las que tuvieron mayor oportunidad. Guiada por la necesidad de conocer qué rubros y empresas  dieron un giro hacia la base tecnológica,  Bolivia Emprende encabezó el estudio  Mapeo del Ecosistema de Tecnología Digital en Bolivia 2020, que mostró que fue la industria del delivery la que se apropió completamente de los recursos tecnológicos. 

En segundo lugar estuvieron los servicios de salud, con plataformas para atender y dar información sobre la pandemia, y en tercero los de educación.

Radiotaxis con Sabor Sabor

En Cochabamba, más de uno de los fans del grupo de cumbia Sabor Sabor se llevó una grata sorpresa cuando, al subirse  al radiotaxi que pidió al radiomóvil Con sabor, se encontró con que el chofer era nada más ni nada menos que Wilson Morales, el vocalista del grupo de su predilección y uno de los más populares del momento.

“Se sorprenden y me preguntan por el grupo, los planes que tenemos; me preguntan sobre mi vida privada, cuánto he viajado, qué lugares conozco; qué canción me gusta cantar más. Es agradable reencontrarse así con los fans”, contó Wilson en julio, cuando la cuarentena ya se había flexibilizado.

Fue su  iniciativa la de implementar un servicio de radiotaxi con los artistas que estuvieran desempleados por la pandemia. Fue una idea original en la crisis y resultó un éxito.

Del rock... a la parrilla

“Chivaz Pub ahora te ofrece pollo al horno, parrillada al estilo chaqueño y lechón tupiceño”, anunció en su página de Facebook el que fuera el templo potosino del rock. Wilman Romero, dueño y administrador del boliche  durante 22 años,  tuvo que bajar temporalmente la persiana y encontró en la venta de platos de comida criolla un salvavidas ante la crisis.

“Teníamos la esperanza de que esta situación se solucionase, pero como vimos que no, que incluso se complicó y los ahorros se acabaron, tuvimos que buscar otra alternativa para poder generar ingresos”,  contó Wilman a la periodista María Ortiz, de Página Siete. Buscándole una salida a la incertidumbre, él y su esposa decidieron emprender un negocio de venta de comida. Y lo hicieron sirviéndose, a su vez, del gran aliado en esta época de pandemia, el servicio de delivery o de entrega a domicilio.

 

De las consultorías a los barbijos

“Hace muchos años, cuando estaba embarazada de mi primer hijo, más o menos en 2011, yo hacía bolsas artesanales. Vendía mis bolsos y con ese negocio llegué a ser parte del directorio nacional de mujeres emprendedoras. Era coordinadora. ¡Qué me iba a imaginar que nueve años después volvería a la máquina de costura en medio de una pandemia  de coronavirus! Tampoco que me volvería a emocionar tanto con mis máquinas, con una nueva empresa que otra  vez involucrara  telas, pero en vez de bolsos, haciendo barbijos y trajes de bioseguridad”, contó Dafne Roberty Tórrez Villegas, licenciada en turismo, al periodista de Página Siete Sergio Mendoza. La consultora que levantó con su esposo quebró y al mes de la cuarentena rígida sus ingresos cayeron a cero. Entonces, Dafne desempolvó su máquina de coser y juntó a toda su familia para hacer barbijos y trajes de bioseguridad.

Ariel Valverde:  “En Yaigo tomamos la oportunidad” 

Leyenda

Rubén Yapu -envuelto en su traje de bioseguridad morado, montado en su moto- atravesaba las avenidas y calles de La Paz. Buscaba con la aplicación de su celular los destinos de los pedidos que llevaba y tenía miedo,  miedo a que entre un árbol o un callejón saliera un fantasma. Es que La Paz era en sí una ciudad fantasma, porque  sus habitantes estaban resguardados en sus casas, protegiéndose del virus.

Pero también tenía miedo -este era mayor-  de que mientras realizaba sus entregas pudiera contagiarse de la Covid-19 y, lo peor, llevarla a su casa, donde todos los días lo esperaban ansiosas su esposa María Isabel y sus  dos pequeñas, Karla, de ocho años , y Dafne, de cuatro. Pero el deber llamaba y la necesidad de generar dinero para mantener su hogar era más poderosa que su temor. 

Identificando rápidamente que la mayor necesidad de las personas era la adquisición de medicamentos, su empresa, Yaigo, firmó una alianza con una red de farmacias para llevar remedios a donde se necesitara. Y Rubén fue uno de eso hombres y mujeres esenciales que puso su presencia física para lograrlo.

“Supimos aprovechar la oportunidad y consolidarnos como el delivery líder a nivel nacional, atendiendo rubros no tradicionales”, afirma Ariel Valverde, CEO de Yaigo,  cuyos trabajadores, montados en motos, bicicletas y hasta patinetas, llegaron  a todos los rincones de Bolivia.

Cuando Valverde dice “atendiendo rubros no tradicionales”, se refiere a que hicieron entregas de medicamentos, alimentos, documentos, dinero y hasta llaves de domicilios.  

“Tuvimos muchas limitantes, como los permisos del Gobierno para circular, uniformes para los socios conductores y trabajar de manera remota en todo el país, pero pudimos resolverlo con agilidad en todas las áreas”, remarca el CEO de Yaigo.

La empresa implementó el Yaigo Business para atender los pedidos y otras soluciones tecnológicas para “entender mejor al consumidor” y optimizar sus tiempos de entrega. “Implementamos nuestro primer supermercado tipo dark store en Sucre, Yaigo Servicios para vender servicio y productos”, indica Valverde.

Sin duda, la pandemia fue una oportunidad para Yaigo, que  ya comienza a cosechar logros: tiene la app boliviana más usada en 2020 (de acuerdo con  la Cainco y Captura consulting),  se hizo del premio Innovatic  categoría E Negocios, saltó fronteras y  es la startup boliviana de mayor valor.

“Lanzamos operaciones en Guatemala, El Salvador y Paraguay, y adquirimos una compañía en Chile, donde operaremos desde en enero de 2021; cerramos alianza con Startup México y tendremos seis operaciones hasta el primer trimestre de 2021. Acabamos de cerrar nuestra primera ronda de inversión pre serie A, valuando la compañia en 20 millones de dólares. Somos la startup con mayor valoración en el país”, señala  Valverde.
 

Janise Paredes: “No compraban jawitas, vendimos quesos”

Los esposos Janise Paredes  y Wilfredo Marín  en la pandemia  dieron fuerza a su negocio de lácteos.
Foto Janise Paredes

Janise Paredes tiene 40 años y es ingeniero comercial. Su esposo Wilfredo Marín, ingeniero agrónomo, era su proveedor de quesos cuando ella inició su negocio con las famosas Jawitas Mi Chulumani. Entre pedido y pedido, y uno que otro reclamo, llegó el amor. Se casaron y unieron sus emprendimientos, que dieron  paso a la empanadas  yungueñas con un queso elaborado exclusivamente para ellas, para que tengan ese sabor del que se jactan actualmente.

Las jawitas de Janise y Wilfredo también sintieron los efectos de la pandemia, sobre todo con la cuarenta rígida, porque se tuvo que cerrar las 10 sucursales donde se comercializaban. Sin gente en las calles, la comida de paso no tenía sentido.

Mirando el calendario, los esposos tardaron 10 días en entender lo que pasaba y encontrar la forma de vender el queso que tenían estoqueado:  800 kilos de un lácteo considerado un  producto de primera necesidad que sería bienvenido en cualquier familia que para entonces estaba confinada, con días y horarios restringidos para aprovisionarse de alimentos.

Así que de inmediato se pusieron a revisar la normativa creada para la distribución de alimentos en la cuarentena y cumplían con todos los requisitos. El siguiente paso fue tramitar los permisos de circulación para, inmediatamente logrados estos, montarse cada uno en un vehículo y salir a vender los quesos.

“Llegamos a los barrios más alejados, donde nos recibían con alegría, agradecimiento y aceptaban nuestro producto que no tenía presentación  ni  empaque. Nos pusimos en contacto con los presidentes de las zonas y por WhatsApp nos organizamos para seguir visitando las zonas, calle por calle, llevando los pedidos, anunciando por megáfono o tocando timbres”, cuenta Janise.

“Nos fue muy bien, fue un regalo de la pandemia. En tres meses avanzamos con los quesos lo que no pudimos en tres años. Hicimos marca y la gente comenzó a reconocerla”, explica.

Es que mientras el negocio de las jawitas iba viento en popa, Wilson había intentado posicionar en el mercado la línea de quesos que elabora con su empresa Lácteos Tiwanaku, pero sus esfuerzos no habían dado gran resultado, hasta que llegó el coronavirus y les dio la oportunidad que esperaban.  

Pasó la cuarentena rígida y  continuaron con la venta puerta a puerta de quesos, para luego intentar con el requesón, luego con la leche, el yogur y crema, y les fue bien. “Ahora queremos pasar a otros productos con presentación de postres, trabajar con granos andinos en el yogur. Para Navidad tendremos quesos fondue con Campos de Solana. Llegamos al mercado adecuado, es chico pero le gusta el queso”, dice Janise, llena de planes.

¿Y las jawitas? Sus padres no estaban dispuestos a dejarlas morir, así que las congelaron y las sellaron al vacío para comercializarlas puerta a puerta, así llegaron a nuevos clientes.

David Morales: Belmed se anticipó con los desinfectantes
 

Guillermo Morales  con parte de su equipo de trabajadores.
Foto:Belm

Cuando a Bolivia apenas comenzaban a llegar las noticias del coronavirus y   cómo devastaba en China, un hombre, Guillermo Morales, gerente general de Belmed, la fábrica de champús, acondicionadores y tintes de pelo de Wella, ya había tomado una decisión: acelerar la producción de jabones, sanitizadores y desinfectantes, un proyecto que había puesto a andar tiempo antes.

En ese entonces, todavía la población no se peleaba por esos productos en los mercados, como ocurrió en marzo, cuando la pandemia desembarcó en el país. 

“Tuvimos que diversificar nuestro portafolio y desarrollar productos en paralelo a nuestro rubro principal, que es la cosmética capilar. Nuestro líder, Guillermo Morales, con una visión muy acertada, a  principio de 2020, hizo acelerar la producción de productos de higiene personal, sanitización y desinfectantes”, dice David Morales, gerente de marketing y desarrollo de Belmed.

Así, la fábrica fue una de las primeras en surtir el mercado con los productos de higiene de desinfección que se volvieron de primera necesidad. 

“Las condiciones las teníamos: la infraestructura necesaria con nuestras dos plantas de producción en la ciudad de La Paz, pero sobre todo el know how de estos nuevos productos; de lo contrario, hubiésemos llegado fuera de tiempo. Se debe tomar en cuenta que para lanzar un producto al mercado se requieren al menos tres meses de pruebas de estabilidad para brindar un productos seguro al consumidor”, explica.

Aún en esas condiciones de ventaja, Belmed tenía el desafío de, pese a la cuarentena rígida y las restricciones que incrementaban los costos de producción, llegar al mercado con productos de alta calidad y a precios competitivos. Para cumplir ese objetivo el trabajo del personal de la fábrica fue fundamental, primero porque todos se volcaron al área productiva, incluso los  del área administrativa, y se adecuaron al teletrabajo con disciplina.

En medio de la cuarentena, para prevenir los contagios y proteger a sus empleados, Belmet decidió implementar su propio sistema de transporte y contrató personal médico que estuvo pendiente de que el virus no ingresara a la fábrica, ajustando cada semana los protocolos de bioseguridad, en función del avance de la pandemia en La Paz, y dando charlas e información sobre prevención, todos los días.

En estas circunstancias, la fábrica tuvo que hacer un trabajo de relojero con la organización de la producción y logística, tomando en cuenta que debido a las restricciones, los trabajadores llegaban a la plantas de producción de seis en seis.

Pero la empresa y sus empleados aprendieron a producir con éxito un nuevo portafolio de productos en plena  pandemia y cuidando la vida. “Somos una familia y nos cuidamos los unos a los otros para así proteger a los demás”, señala David Morales.
 

 

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