Del pavor a la esperanza

jueves, 10 de septiembre de 2020 · 00:04

Página Siete  / La Paz

“No creo que haya humano en este mundo que no haya pensado que puede irse el próximo mes”. En esta pandemia, frases como ésta han nacido de la convicción que sólo puede darle a uno el haber visto morir al vecino, al amigo, a un ser querido, de un día para otro.

La vida tiene  que continuar. Las actividades comienzan a  normalizarse. 
Foto: Página Siete

Aquel 10 de marzo, cuando se reportaron los primeros dos casos de Covid-19 en Bolivia, los bolivianos sabíamos que era cuestión de tiempo, de días, de horas, pero no imaginábamos que estábamos a puertas de entrar en un agujero negro que nos engulló sin apenas darnos tiempo para defendernos desde la oscuridad de nuestras casas.

Trinidad  se vio forzada a levantar el primer cementerio Covid. 
Fotos: Ricardo Gutiérrez

Diecinueve días después del primer caso y luego de nueve días de la cuarentena rígida se dio la primera muerte, de una mujer de 78 años en Santa Cruz. En 19 días, los casos positivos se dispararon hasta 80.

La Covid-19  trajo consigo la muerte en soledad y en las calles. 
Foto:APG

Llegaron  abril, mayo y junio. En ese tiempo, el sistema de salud mostró de qué estaba hecho: pura precariedad. Y el temido colapso se dio como un dominó en los hospitales del país. La gente sintió el desamparo, comenzó a morirse en las calles, no había unidades de terapia intensiva. Hacerse siquiera una prueba en el sistema sanitario público era imposible, lograr un espacio en el hospital, peor. 

Enfermeras  y médicos, los guerreros de primera línea.
Foto: EFE

Afuera, todo era miedo. El pavor hizo estragos. Sálvese quien pueda. A la par que comenzaban a contabilizarse por cientos los positivos y, luego, los muertos, se dio el acopio de medicamentos y alimentos, provistos en muchos casos por otros monstruos: los especuladores.

Los gestos  de apoyo significaron alivio para muchos guerreros.  
Foto:Opinión


 Julio, agosto… Nos resignamos. Comprendimos que era una lucha personal. En solitario. Y… emergieron los ángeles por doquier: médicos que atendían a pacientes gratuitamente no sólo en el país, sino desde el extranjero, bolivianos en el exterior que reunían peso a peso para mandarnos su granito de arena. Y aprendimos a cuidarnos, a convertir nuestras casas en hospitales. Y aprendimos a salir, aprendimos a enfrentar a la Covid con más confianza. 

Los entierros  no cesan.  La  Covid-19 se llevó hasta ahora más de 7.000 vidas.
Foto:Víctor Gutiérrez / Página Siete

Poco a poco estamos zafando de las impredecibles garras de la Covid. La vida “normal” comienza a avizorarse. La Covid aún golpea, pero ya dejó  de nublar nuestra vista. Ya no duele tanto.
 

 La escasez  de oxígeno, un elemento vital, fue la otra  pesadilla.
La gente  comienza a perder el miedo, pero sin bajar la guardia. 
Foto:Página Siete
Hace tres   semanas el aeropuerto de El Alto  era un desierto.  
Foto:Archivo / Página Siete

 

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