El recién nacido que tras largo viaje esquivó al virus

Yovana retornó al país desde Chile con su cuarto hijo en el vientre, estuvo en cuarentena y dio positivo.
jueves, 10 de septiembre de 2020 · 00:04

Leny Chuquimia /  La Paz

Cuando el coronavirus llegó a Bolivia, el mundo de Yovana M. se llenó de temores. Era una más de los miles de temporeros que -año tras año- migran  rumbo a los viñedos chilenos en busca de trabajo. Ajeno a la crisis, en su vientre revoloteaba un  bebé que el  25 de agosto, en medio del aislamiento y  un operativo de bioseguridad, nació en un centro de salud  de la Llajta. 

“Ya es mi cuarto hijo, pero como si fuera el primero. Cuando lo tuve en mis brazos  me olvidé que rato antes  di positivo a la Covid-19”, comenta Yovana, que hace dos semanas dio a luz.

Aún no eligió el nombre para  su benjamín y  aunque tiene varias opciones, no se decide. Seguro deberá  reflejar su largo viaje de retorno  al país y las circunstancias  en que nació. “Cada año viajo a los viñedos por dos o tres meses. Este 2020 tuve que regresar antes porque por la emergencia nos despidieron. Ya tenía miedo por mi embarazo, por el contagio  y porque  no me alimentaba bien. Había que volver, pero nos pescó el cierre de las fronteras”, relata.

No hay datos oficiales de cuantos bolivianos migran para realizar el trabajo de temporeros, pero se estima que sólo a los viñedos chilenos  arriban alrededor de 2.000. La mayoría son mujeres que, como  Yovana, tuvieron que emprender el viaje de vuelta   por tramos,   en medio de un conflicto generado por el cierre de las fronteras y que llamó la atención del mundo.

 Con casi cinco  meses de embarazo, Yovana  fue parte del primer grupo que llegó a Pisiga y que tuvo que pernoctar en la intemperie, mientras instalaban el campamento Tata Santiago para   la cuarentena.

En condiciones muy precarias, que afectaron su salud y la de su bebé, cumplió con la espera  establecida por el Gobierno boliviano para volver a su hogar en su departamento de origen. Pero una vez allí  fue  internada en un hospital -por ocho días- porque su hijo estaba en riesgo.

“Con el problema de los hospitales en crisis y el riesgo de contagio,  no quería internarme, quería estar en mi casa”, manifiesta. Su deseo no era para menos,  para volver estuvo en cuarentena -primero en  el lado chileno y luego en el boliviano-por  25 días, que con el tiempo de viaje rondaron los 30.  


Ya en casa y mejor de salud, el momento del parto se acercaba, cuando  la Covid-19 llegó a su hogar. Aunque el virus  causó estragos en sus familiares, ella estaba bien. No fue hasta que llegó al centro de salud Alalay para dar a luz, que  le practicaron una prueba rápida que dio positivo.

Entonces empezó un operativo que no vivió durante sus otros partos. Las enfermeras y el médico llevaban trajes especiales y ella era sometida a varios controles. 

Estaba sola, su esposo se encontraba lejos y su familia no podía entrar al hospital. No tenía contacto con nadie y urgía aprender todas las medidas de prevención para no contagiar a su bebé que logró esquivar al virus.   

“Vivir ese momento en soledad es triste. Había visitas  para las mamás que estaban sanas, pero  las que dimos positivo eramos dos  y teníamos que ser aisladas. Nadie podía entrar a vernos. Ni los médicos venían”, dice Yovana.

Mientras que en sus anteriores partos estuvo hasta cuatro días en el hospital, ahora fue dada de alta al inicio del segundo. En el poco tiempo que estuvo hospitalizada no tuvo contacto con nadie, ni siquiera con quienes les pasaban la comida. La encargada dejaba el alimento del otro lado de  la puerta para no contagiarse. “Recogíamos  la comida una vez que  se iba”.

Recuerda la sensación hasta hoy, pero también revive la alegría con  la que toda la   familia  esperaba que el bebé llegue a casa. Porque una nueva vida es la mejor señal de la esperanza. “Ahora todos estamos felices, mi hija mayor es la que está más chocha con el bebé. Pero  desde volver, la espera y el parto nos causó mucho miedo”, cuenta Yovana.

 

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