Santiago Valentino, el milagro que se adelantó a la ciencia y venció la Covid

El esperado pequeño nació el 22 de abril, en medio de una crisis sanitaria sin precedentes. Su historia es la de un vencedor que vino al mundo de la mano de Dios.
jueves, 10 de septiembre de 2020 · 00:04

Leny Chuquimia /  La Paz 

En septiembre de 2019, algo que parecía imposible sucedió: Santiago Valentino anunciaba su existencia. Los primeros latidos de su corazón confirmaban un  milagro. Un soplo de fe y fortaleza   llegaría a la familia Vásquez Vargas, en medio de una crisis sanitaria histórica.

“Ahora lo veo, Dios nos mandó este bebé  en septiembre para que nazca  en estas fechas  y nos dé  fuerza para  la difícil prueba que hoy afrontamos como familia. Para impulsarnos  a seguir adelante”, afirma Natalí Vargas, mamá de “Santino”.  

La suya fue una gestación difícil, tensionada por un país convulsionado en noviembre y un nacimiento  marcado por la cuarentena y el temor al contagio,  en abril.

Pero la historia del pequeño no se remonta sólo a sus nueve meses de gestación, a su nacimiento programado con todas las medidas de seguridad posibles, o a su victoria sobre el virus que amenaza el mundo -porque se contagió y lo venció-, sino  a un proceso largo  que    enseñó  a sus padres que “los tiempos de Dios son perfectos”.

  “El  20 de abril, con Wálter  cumplimos seis años de casados y hasta el año pasado fueron cinco sin poder embarazarme. Al principio no nos preocupaba, pero con el tiempo nos dimos cuenta de que algo estaba mal”, relata Natalí.

Entre consultas con al menos cuatro especialistas en salud reproductiva, decenas de estudios, tres inseminaciones,  dos intervenciones quirúrgicas y dos fertilizaciones in vitro, el tiempo pasaba y la búsqueda del hijo ansiado se hacia difícil.

“Al principio seguía trabajando porque costear esos tratamientos era costoso. Pero el estrés era muy alto. Estás pendiente de las consultas, de tu cuerpo, de las inyecciones, del tratamiento y todo lo que conlleva. Haces todo eso bajo una gran carga de hormonas. Por eso para el último in vitro dejé todo para dedicarme sólo al tratamiento, porque la presión no estaba ayudando”, explica  Vargas.

Aunque siguió  las indicaciones  al pie de la letra, el  procedimiento tampoco funcionó y el dolor llegó con la aceptación de que un hijo natural no sería posible para ella. 

Como una última oportunidad, el médico que guió los procedimientos avisó a la pareja que quedaron dos embriones para un tercer in vitro. Era agosto y fue difícil decidir si tomaban la oportunidad o no.

 Una vez más, como lo habían hecho durante años, pidieron a Dios  que se haga su voluntad. Acordaron que ese sería el último intento, que se darían un respiro y programaron el  tercer in vitro para noviembre. Natalí se dio ese mes para recuperar su ritmo de vida, su alimentación y para tratar de sanar con  fe, el dolor por  los resultados negativos. 

Apenas empezaba septiembre  cuando  Vargas  notó que tenía un retraso, aunque su esposo le pedía que se hiciera una prueba de embarazo. Pero  después de  todo el camino andado,  un embarazo natural en  ella era imposible. 

Grande fue su sorpresa cuando en el dispositivo  que usó, más por curiosidad, se pintaron dos líneas. Tenía en sus manos un positivo, la prueba de que un milagro se le adelantó a la ciencia.

   “Vi lo que mis ojos nunca vieron. Por años sólo recibía resultados negativos y ahora tenía un positivo... ¡me asusté!  Tenía temor porque o era un  milagro,   o de tanto tratamiento le había hecho algo a mi cuerpo”, relata aún asombrada. 

Sin procesar lo que ocurría y sin decirle a Wálter, pidió  una cita con su ginecólogo. La ecografía le  mostraba el inicio  de un embarazo  pero que sólo se confirmaría en ocho días. “Una semana después estábamos los dos en el consultorio de mi doctor  escuchando los latidos del milagro en mi vientre. Tenía un embarazo natural”.

  “Santino” vio la luz del mundo el 22 de abril, en plena cuarentena y por medio de  una cesárea. Tras las puertas del quirófano, abuelos y tíos estaban ausentes, sólo papá y mamá acompañaban su llegada. 

Por meses, esta alegría que Wálter y Natalí quieren compartir  se vio confinada a las cuatro paredes de su hogar. Con el bebé en brazos vieron pasar los días desde una  ventana. Una  alergia alimentaria del pequeño hizo infinitas las noches de desvelos y lo que más temían se hizo realidad.   “En julio  nos contagiamos”.

 Con síntomas de leves a moderados, la pareja se dio modos para cuidar al pequeño  que hasta hoy mantiene algunos síntomas. Y aunque él ya venció el virus, la familia en pleno enfrenta la enfermedad. El contagio se extendió y el patriarca de los Vargas, abuelo de Santiago Valentino, se encuentra en su mayor lucha.

Aunque en septiembre  parecía que habían superado el desafío mayor, este sólo era el inicio de otras pruebas. La crisis política y la noticia de la pandemia hicieron que Natalí sintiera el miedo. Preguntó varias veces   a Dios por    qué escogió este momento para enviarle este milagro y  hoy ya tiene la respuesta.

“Mi Santino es la muestra del amor de Dios y por él estamos de pie”, afirma la mamá de este pequeño vencedor.

 

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