Clifford Paravicini, el ingeniero que trajo el internet a Bolivia en 1995

En 1989 logró la primera instalación de correo electrónico y, seis años más tarde, conseguiría la conexión al internet. No faltaron las zancadillas en el proceso, pero el sueño se hizo realidad un 16 de julio.

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Mery Vaca
Por 
La Paz - sábado, 06 de agosto de 2022 - 5:00

El cerebro del ingeniero Clifford Paravicini, a sus 71 años, no deja de inventar, proyectar y ejecutar. De todas sus travesuras, como él se refiere a sus proyectos, sin lugar a dudas, la más importante es traer el internet a Bolivia, lo que cambió la vida de la gente a partir de 1995, tal como ya estaba ocurriendo en el resto del mundo desde 1990.

Es fácil decirlo porque ahora casi nadie podría imaginar la vida en internet, pero cuando nada estaba hecho, el reto resultó titánico.

Paravicini es chuquisaqueño de nacimiento, pero él tiene su arraigo en Tarija, donde llegó para estudiar en el colegio San Luis, cuando era un adolescente. De ahí se mudaría a La Paz para estudiar ingeniería electrónica donde, según cuenta, fue un activo dirigente universitario, lo que lo obligaría a salir del país, con 10 dólares en el bolsillo, exiliado a México durante la dictadura de Luis García Meza.

Allá aprovechó para estudiar una maestría en ingeniería electrónica y datos en la Universidad Autónoma de México (UNAM) y para trabajar. No faltó un buen amigo que le invitó a visitar un sitio, en el CONICIT de Ciudad de México, donde existía un teletipo para bajar datos, papers, proyectos y todo lo que quisiera de grandes universidades del mundo. Quedó impresionado y, sobre todo, repleto de ganas por hacer algo en Bolivia en materia de datos.

En 1985 regresó del exilio y se convirtió en director de la Carrera de Ingeniería Electrónica de la UMSA, donde tendría la oportunidad de encabezar el proyecto del internet para Bolivia. La iniciativa surgió de la boliviana Emma Torres, quien en ese entonces era la responsable de proyectos para América Latina del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), con sede en Nueva York. Ella envió una comunicación a Entel para ofrecer el proyecto, pero como el requisito era que no tuviera fines comerciales, Entel se lo pasó, previa evaluación, a Paravicini.

El primer servidor de correo electrónico, llamado BolNet, se instaló en 1989. Para concretar ese objetivo llegaron técnicos del Institute for Global Communications de San Francisco. Luego de una capacitación de tres días, todos quedaron maravillados porque a través de un modem se conectaban a un correo electrónico que les permitía acceder a las bases de datos de universidades como Stanford, Berkeley, o al Massachusetts Institute of Technology (MIT). Si bien era una conexión muy lenta, “era un sueño para nosotros”, dice ahora Paravicini.

Luego de acceder al correo electrónico, conectar al país al internet online era el nuevo objetivo. Paravicini tuvo que coordinar el Institute for Global Communications y la OEA y, para ejecutar el proyecto, conformó un equipo con los mejores estudiantes de ingeniería electrónica de entonces: Roberto Loza, Gudkor Zuleta, Kirk Terán y Antonio Méndez.

Las capacitaciones incluyeron viajes a Santiago de Chile, a Lima, a la Universidad de Stanford. Estaban listos a finales de 1992, pero entonces aparecieron las zancadillas que suelen ser de rigor en Bolivia. Paravicini recuerda que la Academia de Ciencias, la Universidad Andina e incluso la UMSA hicieron una carta al vicepresidente de entonces para reclamar el proyecto para ellos con el argumento de que el equipo de Ingeniería Electrónica estaba retrasado.

Pero, el pragmatismo de los norteamericanos dejó pasmados a todos. Tras una carta enviada por Steve Goldstein de la National Foundation (NFS) al vicepresidente, Luis Ossio, la respuesta fue que los ingenieros de la UMSA, dirigidos por Paravicini, ya están preparados “y solo a ellos les vamos a mandar el equipamiento”, según recuerda el propio Paravicini. Aun así, el país tardó dos años en conectarse porque incluso se hizo una consultoría que duraría más de un año para saber cuál de los dos equipos era el más competente.

A las dos de la tarde del 16 de julio de 1995, todo estaba listo para la conexión, incluso el acto encabezado por entonces vicepresidente Víctor Hugo Cárdenas, pero había un pequeño detalle. Se había logrado la conexión con Miami, pero el objetivo era Washington pasando por el nodo de PNUD, en Nueva York, pero como no había puerto de entrada, había que pedir ayuda a un técnico de Naciones Unidas que, según le había dicho a Paravicini, no tenía tiempo porque en 10 minutos tenía que salir de vacaciones. Luego de explicarle que se trataba de un proyecto nacional y ruegos de por medio accedió a quedarse media hora más y ayudar a establecer la conexión de Bolivia con la NFS en Washington a través de Nueva York.

“Me dijeron ‘a qué se estarán metiendo porque tienes que pagar el enlace’ La Paz - Homestead en Florida, era una fortuna, tal vez 8.000 dólares al mes para una miseria de ancho de banda”, recuerda Paravicini. De Homestead a NuevaYork y de ahí a Washington eran enlaces con fibra óptica y el servicio fue financiado durante un año por la NFS. Luego todos se darían cuenta que el negocio iba a ser enorme en comparación a los gastos.

El internet existía, como tal, desde 1990 en otros países del mundo, pero a Bolivia, por esos contratiempos y zancadillas, terminó llegando en 1995.

El servicio se fue instalando primero en las universidades como la UMSA, UMSS, UAGRM y la Universidad Andina, luego en diversas oficinas públicas y de la cooperación internacional. Los pocos particulares que accedían a la red pagaban una tarifa de 160 dólares al mes.

Paravicini recuerda que cuando Jorge Quiroga llegó a la Vicepresidencia le preguntó sobre el sostenimiento de la red y recibió como respuesta que el gasto mensual era de 28 mil bolivianos y el retorno era de unos 70 mil dólares. “Me dijo que este es el negocio del siglo”, rememora ahora Paravicini.

Las críticas, sin embargo, no se dejaron esperar. Los usuarios se quejaban hasta hace poco de que el internet de Bolivia era el más caro y más lento de la región. En 2015 a Clifford Paravicini también le tocó enfrentar la tarea de abaratar los costos del servicio, lo que implicó instalar una fibra propia de Entel desde Lima hasta La Paz, con lo que el internet, puesto en frontera, bajó de 141 dólares el megabyte que se cobraba entonces, a seis dólares que se paga actualmente.

Paravicini ahora está dedicado a la actividad privada, pero no deja de pensar en nuevos proyectos, como el servicio del sistema nacional de registro y control meteorológico, que está basado en la tesis de dos estudiantes y en el que está empezando a trabajar. “Es que el cerebro no deja estar tranquilo”, dice desde la tranquilidad de la chura Tarija, donde este pionero del internet vive actualmente.

“Me dijeron ‘a qué te estarás metiendo, tienes que pagar el enlace’ y eran como 8.000 dólares al mes”.
Clifford Paravicini
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