El singani, una marca boliviana que nació hace más de cuatro siglos

Mediante ley, el singani es patrimonio nacional. El nombre de singani no es sólo un nombre propio, sino que es una identificación, que hace referencia a la tradición y a la identidad cultural de Bolivia.

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La Paz - sábado, 06 de agosto de 2022 - 5:00

Una copa de singani, dos copas de gaseosa clara, limón y hielo. De esta combinación sale el chuflay, la bebida más común elaborada con el singani, el aguardiente emblema de Bolivia, una marca que nació hace más de cuatro siglos en el país.

Antiguamente, cuando la gaseosa clara no existía o era escasa, el preparado consistía en una limonada, azúcar, hielo y singani. A eso se llama coctel y hoy en día es usado mayormente como un aperitivo.

Cada región tiene su forma de consumir el chuflay, como en el sur del país, donde es frecuente ver en las fiestas a alguien con una jarra y una copa, de la que con la modalidad del “te invito” hace beber a todo el mundo. Uno a uno y de la misma copa.

El singani es un destilado del vino de Moscatel de Alejandría. Así como Cuba y Brasil tienen sus bebidas en base a destilados de la caña, Bolivia tiene su bebida pero en base al destilado de la uva Moscatel.

Después de la cosecha, la uva blanca es molida y luego fermentada. En este proceso surge el vino de Moscatel, el que antes de su clarificación completa es destilado en un alambique o en una falca. En el valle de Cinti, antes se usaba más la falca, ahora se utiliza más el alambique.

La falca está compuesta de cobre en la parte inferior, donde hierve el vino, y de estaño en la parte superior. La falca tiene como fuente de calor la leña, en cambio en el alambique se utiliza el gas. El alambique es completamente de cobre.

Cuando se hace la molienda de la uva, todo el jugo es dulce, el que durante la fermentación se vuelve alcohol, y lo que la falca o el alambique hacen es extraer el alcohol del vino, y ése es el singani.

Esta bebida es conocida en cada rincón del país y la marca ya es requerida en varios países como Estados Unidos. Su fragancia trasciende nuestras fronteras.

Tan especial, tan antiguo

Según los registros, la elaboración del singani en Bolivia se dio desde el año 1550, cuando las órdenes religiosas llegaron al país y los españoles se establecieron en cercanías de Potosí, donde empezaba el auge de la explotación minera de plata en el Cerro Rico, según relata a Página Siete Guillermo Cardona, un historiador que lleva años investigando todo sobre el singani.

Los recién llegados estaban en constante búsqueda de lugares óptimos y cercanos a la ciudad de Potosí para poder abastecer ese gran mercado. Es así que se empieza a extender la vitivinicultura en los valles de Cinti, especialmente por su proximidad a Potosí, y por sus características naturales como el tipo de tierra, el clima, la calidad de agua y la altitud, particularidades muy favorables y singulares para el cultivo de ese producto.

Fue así que se estableció la vitivinicultura en los valles de Cinti. Poco a poco fueron apareciendo viñas, bodegas, haciendas, estas últimas como unidades productivas en una etapa preindustrial, mientras el gran mercado de Potosí absorbía cada vez más todo lo que se iba produciendo, cuenta Cardona.

El nombre de singani es un vocablo propio que debe su origen a una antigua hacienda de San Andrés, en el municipio de San Lucas, provincia Nor Cinti de Chuquisaca, que se llamaba Siwingani.

Si bien el nombre propio de singani hace referencia a esa hacienda, fue en el valle de Cinti donde el singani pasó de ser un nombre propio a una marca. Este valle incluye Camargo, Villa Abecia y Las Carreras, donde en los siglos XVI, XVII y XVIII se establecieron las haciendas virreinales que desarrollaron la mayor industria vitivinícola del país. Allí se establecieron bodegas tan importantes, que el nombre propio de singani se convirtió en una gran marca.

En 1925, la empresa San Pedro importó equipos modernos desde Francia y Alemania para la industrialización de la vitivinicultura por primera vez en Bolivia. En Camargo se dio el salto de la época preindustrial a la fase industrial: por primera vez el singani fue embotellado, etiquetado y adoptó todas las características de la industrialización de la vitivinicultura.

Y hoy el singani ha trascendido nuestras fronteras gracias especialmente al ímpetu de las bodegas tarijeñas y gracias también a un gigante trabajo de marketing.

Hoy el nombre de singani es un patrimonio cultural de Bolivia, y su denominación de origen ya está preestablecida. “El singani hace referencia a toda una identidad cultural. Estamos al mismo nivel que el tequila, el vodka y el whisky. Nuestra marca es internacional y ya es reconocida como singani”, afirma Cardona.

“Con la Ley 774 de 2016 el nombre de singani es un patrimonio cultura de todos los bolivianos”.
G. Cardona, historiador
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