EEUU se pasea en la final y consigue medalla de oro en baloncesto

Los norteamericanos no tuvieron rival en la final y consiguen su tercer título olímpico consecutivo (66-96).
FIL
domingo, 21 de agosto de 2016 · 17:47
La Vanguardia /
El baloncesto es ese deporte que juegan cinco para cinco y que ganan los estadounidenses. La frase hecha era con otro deporte y con otro país, pero hoy se ha vuelto a cumplir esa máxima en un torneo mundial. Estados Unidos siempre gana, al menos desde 2006, y lo hace con más o menos brillo (66-96).
 
Los de Krzyzewski vieron en fase de grupos que no les valía con el nombre, con el flow americano ni con los bailes antes de los partidos. Llegaron los cruces, más conocidos como playoffs para ellos, y se pusieron a trabajar, a defender. Sí, a defender. El juego intenso ha alcanzado en la final ante Serbia su punto álgido, y los de Djordjevic solo han tosido al campeón olímpico en el primer cuarto.
 
A partir de ahí, el Dream Team no solo se ha puesto a trabajar, sino que también se ha inspirado en el tiro, sobre todo un tal Kevin Durant. Esta selección no siempre ha brillado, pero lo que reluce ahora es una medalla de oro que, por mucho que nos hayamos empeñado, nunca ha peligrado.

Estadounidenses y serbios reeditaban la final del pasado Mundial, donde apenas hubo historia. Los de Djordjevic y los aficionados neutrales se agarraban al partido de fase de grupos, donde Bogdanovic tuvo el empate con un lanzamiento a tres segundos del final. Entró Serbia en el partido con esa misma intención, un guion que se vio cumplido porque Estados Unidos tenía la máquina sin engrasar, los rebotes no se imantaban en las manos de DeAndre Jordan y Durant se mostraba extrañamente humano.
 
El nuevo jugador de Golden State transformó el único triple americano en el primer cuarto de siete intentos, que le valían para dominar en el marcador por cuatro y también para anunciar lo que se venía.

Y lo que se vino fue un crecimiento estadounidense a partir del rebote ofensivo y de la intensidad, un sello de coach K que se ve exagerado cuando los lanzamientos empiezan a entrar. Durantula empezó a picar, con paso sigiloso y elegante, con triples pero también con mates. Una exhibición que le llevó a anotar 24 puntos en la primera parte y que dejaba el luminoso en 29-52. Irving comandaba y Durant ejecutaba mientras Teodosic, que el otro día llevó a Serbia a esta misma final, representaba a la perfección la ofuscación de los suyos.

Los equipos siguieron jugando pero la final estaba terminada. El parquet tornó en gravilla roja, los uniformes en ropa de calle y las canastas ya eran metálicas. El encuentro se parecía más a una pachanga, una fiesta a la que se unieron Paul George y Carmelo Anthony, teloneros lujo en los días de grises de Kevin Durant.

Algunos recordarán este torneo olímpico por el buen juego de Australia, finalmente sin medalla. Otros añorarán 2016 por la merecida presea de bronce de la generación española. Incluso algunos mirarán con nostalgia los últimos coletazos de la Generación Dorada argentina. Lo que queda en el palmarés, sin embargo, es que Estados Unidos volvió a conquistar la medalla de oro.

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