España gana a Australia 89-88 y se queda con la medalla de bronce

Sufrió ante Australia hasta el último segundo. Logra su tercera medalla olímpica consecutiva.
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domingo, 21 de agosto de 2016 · 16:11
El Mundo /
Lloraba Navarro y en sus lágrimas de cinco Juegos, de 237 noches con España, iba el significado de este bronce, de esta agonía con premio para un grupo que merecía un colofón así. Niños del boom del baloncesto español, adolescencia de fraternidad y éxito, de Lisboa a Río, triturando por el camino todo lo anterior. Si ese balón perdido final por Australia no es el fin, al menos sí será un punto y aparte en estas casi dos décadas de revolución, de 11 medallas en 15 años, tres olímpicas seguidas después de sufrir hasta lo inimaginable en Río. [Narración y estadísticas (88-89)]

Un éxito que embellece todo lo anterior, que exige el elogio y el respeto a estos tipos empeñados en negar el crepúsculo pese a que varios de ellos ya jamás volverán a vestir esa camiseta que hicieron eterna. La España del inmenso Pau Gasol (31 puntos y 11 rebotes), la de sus compinches Navarro y Felipe, la que sostienen estos días la bravura de Llull, la osadía de Sergio Rodríguez, el talento de Mirotic o ese Rudy ya adoptado en 2004.
 
Esa España con identidad propia, reconocida por el mundo, protagonizó en el Carioca Arena 1 otra de sus jornadas para el recuerdo. Disfrazó la cita de los derrotados, el preámbulo de la final, en su propio homenaje. Le dio al duelo por el tercer puesto la relevancia merecida, batalló hasta los límites de lo soportable con la fiera Australia por un premio que para ambos tenía más importancia de la que pudiera parecer.

Porque si para España era broche, para los Boomers suponía la primera medalla de su historia. Acabó en chasco como en las tres ocasiones anteriores que estuvo en tal posición (Seúl, Atlanta y Sidney), se estrelló con el muro de la ambición y el orgullo español, del colmillo de estos chicos emparentados con el triunfo que al fin encontraron algo de fortuna en estos Juegos en los que todavía no había resuelto ningún desenlace en el alambre.

El plan defensivo
Esta España de Scariolo ha vuelto a demostrar su solvencia cuando alcanza la velocidad de crucero, cuando ensambla todos sus ajustes tácticos y físicos. Les costó está vez más de lo normal y ahí su castigo de bronce, su prematuro cruce con Estados Unidos por esos tropiezos contra Croacia y Brasil que amenazaron con arruinarlo todo. No fue un mazazo moral volver a chocar contra el muro del USA Team; tampoco un acicate.

España mantuvo su plan, el que nace de la defensa. Un mecanismo que Scariolo, desde el pasado Eurobasket, ha ido perfeccionando tácticamente hasta bordear la perfección. Francia tiesa, EEUU en 82 puntos... Por esa línea torpedeó a Australia que logró sobrevivir en la primera mitad únicamente gracias a la clase imperecedera de David Andersen. Sus canastas desde el perímetro, unidas a las del incontrolable Mills, como dagas al corazón que arruinaban el trabajo previo.

Eso y la agresividad aussie, de tipos que a menudo bordean lo ilegal, como Dellavedova, Bogut o Ingles, fue lo que llevó a Australia con vida al descanso con un parcial de 10-0. A España, que había amanecido con Mirotic y Pau imparables, que había continuado creciendo con la pujanza de la segunda unidad -fundamentales dos triples de Claver-, le quedaba adaptarse a ese nivel de belicosidad, no dejarse arredrar por el fango.

Punto arriba, punto abajo
Porque el duelo se convirtió en un ejercicio agonístico para ambos, como dos luchadores exhaustos. Era el tiempo para los héroes. Bogut quedó eliminado pronto por faltas, pero Mills (30 puntos) era un demonio para el que no existía antídoto. Eran él y Gasol, próximos compañeros en San Antonio, los que todo lo manejaban, un duelo al sol que no dejaba resquicio a las ventajas.

Punto arriba, punto abajo, como un baile salvaje. Nadie cedía. Nadie era tampoco capaz de romper. Batalla de errores y aciertos, un rebote ofensivo que perdió Mirotic, un gancho de Baynes. Sonrió la suerte en el duelo de tiros libres, dos clave de Sergio Rodríguez, antes otros dos de Pau Gasol que esta vez no falló. Con poco más de cinco segundos, Andersen atrapó el balón en busca de milagro. Pero fue de castigo, se le escapó ante las manos impacientes de los españoles, que vieron correr en esa bola perdida toda su gloria pasada y estallaron en una inmensa y dorada alegría.

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