La magnífica Biles y el emperador Uchimura

La estadounidense, la gran estrella de la gimnasia mundial, conquistó cuatro doradas y una bronceada en Río. El japonés fue el mejor en varones. Estados Unidos arrasó con 12 medallas.
FIL
lunes, 22 de agosto de 2016 · 00:00
AFP / Río de Janeiro

Ella conquistó la gloria olímpica montada en el espectáculo de una acróbata sobrenatural, y a él lo eligió el oro por su elegancia de artista clásico: dos caminos que llevaron a Simone Biles y Kohei Uchimura a salir de Río como los dioses de una gimnasia que se cuestiona ahora su futuro. Aunque nadie brilló más que ella. 
 
Todo el mundo esperaba en Río a esta diminuta estadounidense que irrumpió en el circuito senior hace tres años para revolucionarlo todo. Desde entonces, Biles ganó más títulos mundiales que nadie (10) e hizo preguntarse a este deporte que ya conoció a otros genios si estaba ante la mejor de la historia. Y ella respondió comiéndose sus primeros Juegos. 
 
Con sus cuatro oros colgando de su cuello y una felicidad descarada que brilla en unos tapices tejidos de severa disciplina, Simone llamó a lo grande a la puerta de las leyendas olímpicas de la gimnasia, cerrada desde hacía 32 años. Ni siquiera la eterna Nadia Comaneci tiene un lugar entre las tetracampeonas en unos mismos Juegos. De Montreal 1976, la prodigio rumana sólo se llevó tres oros y la perfección. 
 
Arte vs acrobacia 
Con las barras asimétricas aparcadas -el único aparato que se le resiste-, sólo la viga osó interponerse entre Biles y su ambición de romper el récord olímpico de la gimnasia conquistando cinco títulos en una misma cita. Con la traición de uno de sus aparatos predilectos, del que es campeona mundial, el planeta se enteró de que ella también falla, aunque como los genios prefiere dejarlo para otros. 

Volvió Japón 
El camino al oro, sin embargo, no fue una vía única en Río. Militante extremo de la belleza, Kohei Uchimura se deslizó por la Arena Olímpica hasta vencer a la obsesión que le perseguía: devolver a Japón a la cima de la gimnasia olímpica tras ocho años en la sombra. 
El hexacampeón del mundo rompió la muralla china y también con más de cuatro décadas sin que unos Juegos renovaran la corona de un gimnasta en el concurso individual, algo que hasta ahora sólo habían conseguido tres atletas. Aunque no se aseguró el título hasta el último suspiro -en una vibrante final donde el ucraniano Verniaiev se quedó a una décima de destronar al emperador-, y salió agotado, dolorido y sin medalla de la decisión de suelo, la leyenda de King Kohei se va todavía más fortalecida de Río de Janeiro. 
 
Suya es la gimnasia masculina desde 2009, y desde ahora el gobierno de una nueva era. La del regreso de un Japón renovado que supo cómo desquiciar al gigante chino y contribuyó a que la potencia se fuera sin ningún oro en gimnasia por primera vez desde Los Ángeles 1984. 
 
Despertar brasileño 
Estos Juegos, en los que arrasó Estados Unidos con 12 medallas (4 de oro, todas de Biles), fueron también los del despertar de Brasil, la mejor noticia que le llegó a Latinoamérica desde el tapiz. Siguiendo la senda que abrió Arthur Zanetti con su oro histórico en las anillas de Londres -el primero para su país y para la región-, Diego Hypolito se encontró en Río con la medalla que le había despreciado ya dos veces. Fue plata en suelo en una jornada de delirio brasileño, completada por el bronce del joven Arthur Nory. El pionero Zanetti, sin embargo, no pudo repetir la gloria en casa y fue segundo en la final de anillas, aunque para la historia latinoamericana siempre será el primero. 
 
Como la gimnasta venezolana Jessica López, que a sus 30 años volvió a demostrar que es la mejor del continente, séptima en el concurso individual.
 
Gimnasia rítmica
El equipo ruso conquistó ayer el oro de gimnasia rítmica en modalidad de conjunto en los Juegos de Río y sumó así su quinto título consecutivo, mientras que el grupo español se llevó la plata, volviendo a un podio olímpico 20 años después de su triunfo histórico. 
 
El bronce fue finalmente para Bulgaria, tras un desenlace dramático en el que las italianas perdieron el tercer puesto en el último suspiro.  En Río, estas gimnastas de elegancia glacial y severa disciplina volvieron a recordar al mundo que nadie interpreta mejor que ellas este exigente deporte en la frontera entre la danza, la gimnasia artística y el malabarismo. Una carrera hacia la perfección en  la que  las reglas obligan a entrar y salir del tapiz con la cabeza alta.
 
 
 
 
 
 
 
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