México 1968, con el black power

Meses antes de los Juegos había sido asesinado Martin Luther King.
FIL
martes, 9 de agosto de 2016 · 00:12
Página Siete  / Agencias

 Los Juegos Olímpicos de 1968 se disputaron en México, del 12 al 27 de octubre. Diez días antes de la apertura del evento, los primeros en América Latina, el ejército mexicano disparó contra una manifestación de estudiantes en la ciudad de México y provocó 300 muertos. 

El presidente del COI, el estadounidense Avery Brundage, lo consideró un "asunto interno”. Dos semanas después, la política subió al podio con un puño, enfundado en un guante negro, símbolo del ‘black power’, levantado por los velocistas norteamericanos Tommie Smith y John Carlos, que fueron excluidos inmediatamente. 

El cronometraje se convirtió en electrónico. Se superó la barrera de 100 (112) países participantes. Con la ayuda de la altitud (2.240 m), cayeron los récords. El norteamericano Bob Beamon saltó 8,90 m. Su compatriota Dick Fosbury, medalla de oro en altura, sorprendió al mundo al saltar de espaldas.

Si los Juegos Olímpicos de Roma 1964 se habían celebrado en tiempos de relativa paz internacional, los de México  1968  lo fueron en un período de enorme efervescencia política y social: Estados Unidos estaba inmerso en problemas raciales y en la guerra de Vietnam. La URSS acababa de invadir Checoslovaquia para reprimir la violencia anticomunista, y el ejemplo del Mayo del 68 francés amenazaba con extender las corrientes contestatarias por el mundo. 

 El último de ellos puso en peligro la misma celebración olímpica. En México, una gran manifestación, sobre todo juvenil, contra la corrupción gubernamental acabó reprimida a balazos por el Ejército en la plaza de las Tres Culturas, con centenares de muertos. Por primera vez una mujer, Enriqueta Basilio, encendió el pebetero.

Los JJOO celebrados en México han pasado a la historia principalmente por dos motivos. El primero, los extraordinarios registros conseguidos en atletismo, favorecidos por la altitud en la que se encuentra la capital azteca; el segundo, la polémica suscitada por la campaña que los atletas estadounidenses negros protagonizaron para reclamar la igualdad en su país.

La lucha por el Black Power

El primer acontecimiento se reflejó en el fenómeno del Black Power.

 La población negra de Estados Unidos estaba en práctica rebelión porque reclamaba sus derechos civiles; pocos meses antes de los Juegos había sido asesinado el líder pacifista Martin Luther King y los atletas negros estadounidenses, la mayoría, organizaron acciones de protesta, como dar la espalda a su bandera y bajar la cabeza en las entregas de medallas. 

Caslavska, la novia de México

La invasión soviética de Checoslovaquia creó una de las estrellas de los Juegos: la gimnasta checa Vera Caslavska, que había sido perseguida por ser opositora al Gobierno impuesto por los soviéticos.

 Caslavska ganó cuatro medallas de oro y se metió al público en el bolsillo al ejecutar los ejercicios de suelo con música mexicana. Antes de los Juegos, las polémicas se basaban en la idoneidad de la altura mexicana para las competiciones, aceptándose que ayudarían en las pruebas largas pero perjudicarían a las de esfuerzo.

Récords de EEUU

El atleta estadounidense Bob Beamon, con sus 8,90 metros en longitud, puso la marca a un nivel digno del siglo XXI. Su récord mundial fue superado 23 años después, pero la marca olímpica que consiguió en tierra mexicana sigue viva e imbatible.

La otra figura de estos Juegos fue el rubio y espigado estadounidense Dick Fosbury, que revolucionó el salto de altura al imponer un nuevo estilo diferente al que se había utilizado hasta entonces. Consistía en "acostarse” materialmente sobre el listón, pasando de espaldas encima de éste, la cabeza en primer lugar y cayendo en el área de recepción, también con la cabeza por delante. Los 2,24 m conseguidos por Fosbury en México fueron el récord hasta que el polaco Wiszola lo mejoró, en un centímetro, en los Juegos Olímpicos de Montreal.

Mientras tanto, Al Oerter se convirtió en México  1968  en tetracampeón de lanzamiento de disco con un registro de 68,40 metros, que además se convirtió en récord mundial.

Todos los Juegos transcurrían sin problemas hasta que en la ceremonia de premiación de la carrera de los 200 metros los estadounidenses Tommy Smith y John Carlos, que terminaron primero y tercero, respectivamente, mostraron una singular protesta contra el racismo en EEUU, al levantar el puño izquierdo cubierto con un guante de piel y fijar la mirada en el piso.

Los dos fueron expulsados inmediatamente por el Comité Olímpico de Estados Unidos.

México fue el primero donde se efectuaron pruebas para comprobar que las atletas inscritas como mujeres de verdad lo eran.

 

 

 
 
 

 

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