Fenando Huanacuni

El caminante mensajero del Buen Vivir / Vivir Bien

“Mis padres y mis abuelos siempre se preocuparon por dejar, antes que cosas materiales, lineamientos de vida, que es el mejor legado que podemos dar a las nuevas generaciones”
jueves, 03 de septiembre de 2015 · 23:54
Fernando Huanacuni Mamani nació y creció cobijado por la cordillera de los Andes, un 29 de mayo de 1966. Sus padres y abuelos le transmitieron la historia, tradiciones y cosmovisión de la nación aymara. Llegó a la ciudad de La Paz en 1980, estudió en el colegio San Francisco y se tituló de abogado en la Faculta de Derecho de la Universidad Mayor de San Andrés. "Mis actividades se orientaron más hacia el campo de la educación, por lo que cursé diplomados en Educación Superior y Psicología del Aprendizaje. Actualmente, soy docente en la Universidad Andina, docente investigador en la Facultad de Derecho de la UMSA, investigador del Instituto de Integración Andrés Bello y Yatichiri (profesor) en la Comunidad Sariri (una comunidad urbana en La Paz)”, comenta.
Fernando, quien fue director ceremonial y protocolo de la Cancillería del Estado Plurinacional de Bolivia, pasó su niñez en medio de la filosofía -que en aymara se conoce como sumaqamaña- que simplificado al español se traduce como "Vivir bien o buen vivir”. Recuerda que como parte de las enseñanzas que recibía de sus abuelos estaba la sabiduría ancestral, aún presente en la forma de vivir de muchos de los pueblos y naciones. "Hoy en día, esa sabiduría se está sistematizando y planteando como una alternativa al proyecto de la modernidad que ha sumergido a la humanidad en una crisis en todos los niveles; una crisis de vida. El vivir bien se constituye en una alternativa, una respuesta ante esa crisis, para el ser humano, para la sociedad y para los estados. Es un llamado a reconstituir la cultura de la vida frente a la cultura de la destrucción, a la cultura de la muerte que promueve la modernidad”, comparte.
Un caminante del mundo
"Si tuviera que describir qué es lo que hacían mis abuelos, tengo que decir que siempre estaban viajando, de comunidad en comunidad, de pueblo en pueblo, recorrieron Bolivia, Chile, Perú e incluso llegaron a Centroamérica”, afirma. "Yo heredé ese espíritu, ese rol de viajero, que en aymara es sariri, que significa caminante, mensajero. En mi camino me encontré con pueblos y culturas de todas partes, muchas de ellas que el mundo desconoce, especialmente de China, África; pude surcar los Himalayas, el Tíbet y encontrarme con pueblos que guardan mucha sabiduría ancestral y que el mundo debería reconstituir para volver al equilibrio y la armonía, no sólo personales, sino al equilibrio y armonía con la vida, con la Madre Tierra”, complementa.
Cada edición lleva
una propia historia
El libro Vivir Bien/Buen vivir se trabajó desde el año 2010, llevando a la fecha seis ediciones impresas, cada una con su propia historia. Es una propuesta que promueve la armonía y el equilibrio, desde lo personal hasta nuestra relación con la Madre Tierra. Se resume en saber vivir y en saber convivir. "El vivir bien tiene dos dimensiones, una interna, que es la armonía con uno mismo, y otra externa, que tiene que ver con la forma de relacionarse con la pareja, la familia, la comunidad, la Madre Tierra. Parte del principio de que todo vive y todo es importante y que, además, todo está conectado, interrelacionado y, más aún, es interdependiente. Los abuelos y las abuelas han forjado una filosofía que promueve el cuidado de todos los seres, porque el cuidado de uno es el cuidado de todo. La modernidad ha deteriorado muchas especies y, por lo tanto, ha deteriorado la Madre Tierra y la vida en su conjunto. Así que la humanidad debería hoy en día reflexionar sobre  el daño que causado alrededor, e incluso a sí misma, a las relaciones, a la familia y en el vivir bien puede encontrar muchas respuestas para revertir todo ese daño”, explica el autor.
"Mis padres y mis abuelos siempre se preocuparon por dejar, antes que cosas materiales, lineamientos de vida, que es el mejor legado que podemos dar a las nuevas generaciones. Orientarles para que sean capaces de volver a vivir y convivir en armonía y en equilibrio, que sean capaces de reconstituir en sus vidas esos principios y virtudes ancestrales que no tienen tiempo ni espacio; es decir, que se pueden aplicar en cualquier tiempo y en cualquier lugar. Lineamientos basados en la experiencia de nuestros ancestros, que permitan encontrar un horizonte a estas nuevas generaciones para que dejen de caminar hacia ninguna parte, creyendo que el único sentido de la vida es acumular cosas materiales o dinero; olvidando lo que es realmente importante, como vivir plenos, felices, dar un abrazo, una sonrisa, cuidar de la familia, forjar relaciones perdurables y no desechables, volver a cuidar la vida”, concluye.

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