Magri Turismo y Ecoledge “La Estancia”

domingo, 6 de noviembre de 2016 · 00:00
Por: Ariana Zeballos 
Fotos: Carola Andrade / Isla del Sol

Zapatos para caminar, ropa cómoda, bloqueador, lentes de sol, sombrero, traje de baño, linterna y una buena chamarra es lo que se necesita dentro del equipaje para partir a un nuevo destino en el corazón de Sudamérica: la Isla del Sol. Es un atractivo que cuenta el testimonio de una nación ancestral que habitó en el territorio boliviano y marcó la historia del mundo, la cultura Inca.
 
Para llegar a la Isla del Sol se debe pasar primero por Copacabana, la ciudad conocida por estar rodeada del Lago Titicaca y por albergar a la Virgen de la Candelaria que lleva el nombre de Nuestra Señora de Copacabana. La leyenda cuenta que una noche en época de frío y sequía, la Virgen con el niño en brazos se le apareció a un hombre llamado Tito Yupanqui, quien esculpió su imagen como señal de divinidad.

A las orillas del lago están atracadas una serie de lanchas motorizadas acompañadas de sus dueños, los mismos habitantes de Copacabana que anuncian en voz alta: "Sale a la Isla del Sol”. Una hora de viaje en una de éstas y por fin se arriba al destino esperado. El clima cálido en la mañana se encarga de dar la bienvenida, seguidamente a amarrarse bien los cordones de los zapatos para comenzar la aventura.

El testimonio de los Incas

La Fuente del Inca, "la fuente de la vida eterna” es la primera parada en la que los aventureros se bañan de energía. La ruta continúa con la visita a las Ruinas del Palacio de Pilkokaina. "El sitio donde descansa el ave” es la traducción del nombre del lugar construido con piedras rústicas, unidas con mortero de barro en el primer periodo incaico. 

La Roca Sagrada, Chincana, Museo de Oro y las Vertientes Jardín del Inca son sitios perfectos para conocer por la mañana y por la tarde disfrutar de la bahía de Challampa. El microclima, la arena blanca y agua transparente de esta playa deslumbra a los visitantes. 
Ecoledge La Estancia

En la comunidad de Yumani, ubicada en la parte sur de la isla, se encuentra en la cima el albergue ecológico La Estancia, que recibe con los brazos abiertos a los viajeros de todo el mundo. Son 15 cabañas construidas a base de adobe y techos de paja que rescatan la tradición arquitectónica andina permitiendo que el hotel se integre armónicamente con su alrededor. 

Cada habitación lleva el nombre de una flor típica de la isla y cuenta con calefacción solar pasiva y duchas que brindan agua calentada con el mismo sistema. Kantutas, quisawaras y queñuas son algunas de las plantas que se encuentran en el jardín y preservan la ecología del lugar milenario. Y se debe revelar un secreto, el albergue presenta un invernadero que produce los alimentos que son utilizados en el menú de la casa. 

El desayuno y la cena hechos con productos naturales y de bajo impacto ambiental, trabajados y cosechados por los mismos comunarios, hacen deleitar a los visitantes con los mejores sabores de Bolivia. Doña Grego y sus hijas preparan la más exquisita trucha acompañada de arroz y ensalada, ¡una delicia!

La amabilidad de la gente, su disposición a narrar historias de antepasados y su capacidad de conservar un territorio milenario, invitan al mundo a resolver dudas históricas, despejarse y disfrutar de un ambiente diferente y una vista impresionante al lago más alto del mundo. ¡La Isla de Sol espera con los brazos abiertos a los más aventureros!
 
 
 

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