Gastronomía

La copa, el complemento para disfrutar de un buen vino

domingo, 22 de mayo de 2016 · 00:00
Cuando uno habla de disfrutar de un buen vino, lo que se le viene a la mente es el tipo de uva, el lugar de origen, la temperatura o el corcho, pero uno de los elementos más importantes, tal vez el que más influencia tenga en la degustación de la bebida es la elección de la copa adecuada.

Cuando uno se sienta en una mesa que respete el protocolo de etiqueta, se encontrará en frente, a la izquierda, tres tamaños de copas. El más grande es para agua, la mediana para vino tinto y la pequeña para vino blanco. En algunas ocasiones también se incluye la copa de champán para el brindis.
 
Las copas de vino son altas y con una apertura más pequeña que el diámetro central de la copa, el motivo del diseño es para que los aromas no se dispersen; asimismo deben tener un tamaño importante para poder agitar el vino adentro de la copa, oxigenándolo y liberando los esteres que no son tan volátiles.
 
Tipos de copas
 
Entre las copas favoritas de los amantes del vino están las Riedel austriacas, las Spiegelau alemanas y las Bohemia de República Checa. Aunque pueden ser algo más costosas, hacen la diferencia en el largo plazo.
 
Las copas de vinos tintos, conocidas como Burdeos o Borgoña, son lo suficientemente grandes como para llenar sólo la tercera parte, que es la cantidad perfecta para apreciar el vino. Aunque muchas veces las copas más grandes son destinadas al agua, hoy se impone la moda de tener copones de gran tamaño para el tinto y más pequeñas para el agua.
 
Las de vinos blancos tienen el pie más largo para evitar que al sostenerlas se caliente la bebida con el calor de la mano. Son algo más pequeñas y estrechas que las de vino tinto y deben llenarse menos de la mitad para mantener al vino frío.  
 
Y, finalmente, la flauta de champagne. Alta, de cuerpo largo y aflautado, y corta de pie. Es la más tradicional y bella para el vino espumante. Su gran profundidad y poco diámetro hacen que las burbujas duren mucho más tiempo en la copa.  
 
Entre los secretos de quienes saben de copas y vinos está también el saber mantener la cristalería. Hay que lavarla con jabón suave y enjuagarla con mucho agua para que no quede residuos de detergente. No secar con paño o papel para que no se impregnen de falsos olores. Dejar escurrir boca abajo, de ser posible colgadas para que se aireen y no guardarlas en vitrinas o armarios cerrados. Para darles brillo, lo mejor es faginarlas, es decir, mezclar en un rociador agua con alcohol en cantidades iguales, luego rociarlas con esta mezcla y repasarlas con un trapo seco sin pelusa por ambos extremos hasta que no quede nada reflejado en ellas.  
 
Lo siguiente es disfrutar de la ceremonia del vino, desde la selección de la bodega, el tipo de uva, el año de cosecha y sobre todo asumir, como dice un experto en vinos, que cada experiencia sea única, irrepetible e inolvidable.

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