Benigno García, el creador de la carrera Doble Copacabana

Este paceño fue ciclista profesional por 40 años. Con la misma pasión, desde 1960 destacó como dirigente de la Federación Boliviana de Ciclismo.
jueves, 10 de octubre de 2013 · 21:06
  Tatiana Sanabria  / La Paz
Los ojos de Benigno García se iluminan cada vez que toma entre sus manos una vieja bicicleta Peugeot de 1952, con la que consolidó su carrera como ciclista durante cuatro décadas, escribiendo parte de la historia de este deporte en Bolivia y, además, siendo creador de la Doble Copacabana en 1954.
Seis años antes de este aporte -cuya importancia trascendió hasta nuestros días- este paceño dio sus primeros pasos en el ciclismo al participar en un circuito organizado en el estadio La Paz (hoy Hernando Siles), donde obtuvo el tercer lugar con una bicicleta alquilada. Desde entonces se mantuvo sobre los pedales con una pasión entrañable, que mantiene intacta hasta ahora.
"En mi casa no me apoyaban,  preferían que  trabaje y estudie nomás. Ya cuando mi mamá me vio en el periódico entre los ganadores, empezó a tomarme en serio”, recuerda desde su "pequeño museo”, cuyas paredes exhiben diplomas, medallas, trofeos y fotografías de las incontables competencias en las que participó.
En ese tiempo, cuando tenía 15 años, García  iba por las mañanas al colegio, por las tardes trabajaba en la joyería de su madre y  en las noches entrenaba en bicicletas alquiladas o prestadas de amigos.
Después de reunir dinero suficiente, compró su primera bicicleta que hoy, a sus 80 años, ya peinando canas, aún conserva como una reliquia invaluable.
Competencias de antaño
Antes de establecer la ruta de La Paz a Copacabana, García ganó experiencia sobre dos ruedas en las competencias de la Doble Laja, Doble Batallas, Doble Huarina, Doble Calamarca y Doble Oruro, en las que siempre se destacó y obtuvo los primeros lugares.
"Participaban un promedio de 30 ciclistas y las competencias duraban entre 60 y 90 minutos. Pero no era como ahora, las carreteras eran en piedra y ripio. Eran rutas muy difíciles”, comenta.
En ese tiempo, controlaban poniendo un sello de tránsito en la pierna de los participantes, que garantizaba que habían llegado al pueblo de destino y que se revisaba cuando retornaban a La Paz.
García, como otros competidores, viajaba con un neumático colgado en su espalda, para cambiar la llanta si se pinchaba en medio camino. "Ahora los ciclistas tienen más comodidades y asesoramiento. Antes, cada uno se ocupaba de llegar a destino por sus propios medios”, recuerda.
Después de ganar destreza en las carreteras, un día se aventó solo a Copacabana y  pasó a Kasani y Yunguyo, Perú, para explorar una ruta que podría ser   opción para una  competencia internacional.
Y aunque la Doble Copacabana -ahora dirigida por el padre Eduardo Pérez, nunca atravesó la frontera- García se siente feliz de saber que el riesgo que tomó por iniciativa propia valió la pena.
Logros sobre la pista
Además de este episodio, que lo llena de orgullo, el ciclista  ganó en 1960 la Doble Tiwanaku y conquistó el cerro Lloco Lloco, a más de 4.300 metros sobre el nivel del mar, mérito que le valió un reportaje en la revista Mundo Deportivo, de Argentina, y una invitación de la marca Peugeot para participar en el Tour de Francia de 1960, al que no asistió por un malentendido.
"Los orureños no entendían que era una invitación para Benigno García por haber logrado esa marca en el cerro Lloco Lloco, y decían que era para el campeón de ciclismo de Bolivia, que entonces era el orureño Gilberto Quispe. Al final decidí no viajar, pese a que era representante de la marca Peugeot en Bolivia”, se lamenta.
No obstante, un año después vino una nueva satisfacción en su vida, con la conquista del primer lugar en la primera carrera que se realizó hasta Coroico y que jamás se volvió a repetir por lo accidentado de la carretera.
Es que para don Benigno ser ciclista fue sinónimo de entrega, disciplina y constancia. Y aunque este deporte le trajo muchas alegrías, también implicó sufrir diversos accidentes que tuvieron su repercusión hasta ahora.
Aunque son innumerables las caídas que sufrió, la que más recuerda es la vez que un fuerte viento levantó el gorro que llevaba puesto y, por tratar de agarrarlo, soltó el manubrio, perdió el equilibrio y terminó con la clavícula dislocada.
"Con esta bicicleta me ha pescado hasta el rayo”, dice sonriente, al recordar que en un recorrido al pueblo de Challapata fue, literalmente, atacado por un rayo que lo dejó inconsciente. Pudo sobrevivir por la ayuda de un camionero que lo llevó al hospital más cercano. "De la muerte me he salvado varias veces”, agrega.
Pero, además de ser un vehemente competidor, don Benigno también se destacó como dirigente y organizador de competencias a nivel nacional, formando parte de la Federación Boliviana de Ciclismo desde 1960.
Como organizador, durante los torneos nacionales tomaba el micrófono y relataba las competencias para radios locales, con el entusiasmo que lo caracterizaba.
 Ahora revive esos momentos escuchando las grabaciones de un casete y repitiendo, casi de memoria, sus relatos. Es cuando sus ojos vuelven a llenarse de luz...

Y si bien pasó un año desde que dejó definitivamente los pedales, don Benigno mira atrás y se siente satisfecho por haber cumplido una carrera que lo llenó de logros, alegrías, reconocimientos y, sobre todo, de orgullo por haber aportado al país en el campo deportivo, impulsando una práctica que fue y será el motor de su vida.

La pasión por el ciclismo fue transmitida a su hijo Dieter
Siguiendo los pasos de su padre, Dieter García inició su trayectoria sobre ruedas a sus tres años, cuando ganó una carrera de cochecitos sin motor organizada por la Alcaldía de La Paz, con un pequeño auto rojo que todavía conserva en la sala de su casa.
Dos años después, empezó a participar en competencias departamentales, en las que también se destacó, al conquistar  los primeros puestos.
Y aunque asegura que el ciclismo le dio muchas satisfacciones, Dieter dejó la dirigencia y el deporte a nivel profesional para abocarse a su carrera como abogado, que le permite cuidar y mantener a su padre, siendo hijo único.
Aunque dejaron a un lado las competencias, siempre daban paseos en bicicleta por la Ceja de El Alto.
"Mi papá realmente amaba la bicicleta, no tenía impedimentos, e hizo muchos sacrificios para lograr  títulos. Él fue mi ejemplo, la persona que me impulsó a dedicarme íntegramente a este bello deporte”, comenta entusiasta.

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