La década del 70 marcó el boom de las discotecas

Surgieron emblemáticos DJ en La Paz y empezaron las transmisiones de las fiestas por radio.
jueves, 14 de noviembre de 2013 · 21:15
Tatiana Sanabria  / La Paz
Corría el año 1977 cuando llegó la célebre película Saturday Night Fever y con ella el inicio del boom de las discotecas en La Paz. Para entonces, aquellos clásicos inolvidables de la década marcaron el ritmo de la noche y un hito importante en la revolución musical del país.
Eran tiempos distintos, en los que los pisos de colores, las arañas de luz, las bolas de espejos, la animación para la pista y el trabajo de los DJ en cabina representaban un verdadero espectáculo que no terminaba sino hasta que, literalmente, salía el sol.
Ubicadas en diferentes barrios de la ciudad, las discotecas Candilejas, Hipopótamo, El Álamo, Casa Blanca, Señorial, Samambay, Bacará, El Castillo, Pacha, Onix y Forum, entre otras, marcaron tendencia hasta principios de los 90.
Fue una época en la que además se  destacaron emblemáticos DJ como Johnny Dávila, Javier Oros, Iván Aliendre, Ramiro Tarifa, Juan Carlos Nemtala, Rafael Vásquez, Enrique Claure, Boris Navarro, Kiko Claure, Miguel Frías, Andrés Russo, Toto y John Meriles, entre muchos otros que se convirtieron en íconos de estas fiestas.
"En los años 70 fue el boom de las discotecas y la música disco. El éxito que teníamos era por la innovación en la tecnología,  en los éxitos musicales y en la forma de encarar las fiestas”, recuerda Nemtala, que fue propietario de Hipopótamo cuando tenía 19 años.
Éxitos como Gloria, I’m so excited, I will survive, Billie Jean y Can’t Take My Eyes Off You  eran infaltables en estos recintos que de jueves a sábado estaban repletos de enérgicos jóvenes a los que sólo les interesaba la diversión.
Tarifa recuerda que, como parte de una sana competencia, cada DJ se daba modos para adquirir los éxitos del momento y tocarlos en sus discotecas.
"Cada quien conseguía por amigos, contactos de afuera, o comprando en compañías discográficas. Además, los vinilos de 12 pulgadas eran caros y delicados, así que al mínimo descuido podían dejar de servir”, comenta el reconocido radialista.
Esta pugna por destacar en el medio  también los impulsó a crear discos de enganchados, como Disco Hipopótamo, Disco Radio Action y Celebrate, que vendieron miles de copias en Bolivia y Sudamérica.
Nemtala también recuerda que, inspirado en la película Gracias a Dios es viernes, un día tomó el micrófono y empezó a animar las noches de clásicos.
"Hacía lo que quería y el público se dejaba manejar. Era una forma de amenizar la fiesta, fue un éxito total”, dice.
Antes de esta innovación, que pronto fue replicada en otras empresas de amplificación y otras discotecas, Vásquez aclara que la labor de los DJ era más anónima, porque eran quienes desde una cabina "tenían la virtud de dominar la discografía para mezclar las canciones”.
Eran, sin duda, los artífices silenciosos de estos eventos que, después de tres décadas, todavía tienen acogida y repercusión a través de las famosas Noches de Clásicos, que se realizan en varias discotecas actuales de la ciudad.
Antes de esta década gloriosa, Navarro dice que  con el fin de la guerra de Vietnam surgió un movimiento musical de rock, con fiestas en las que se presentaban grupos internacionales.
Pronto este género fue reemplazado con la música disco que, paralelamente, también tuvo un lanzamiento importante con el programa televisivo Gente Linda y Carrusel Musical, que conducía  Johnny Dávila, en la que un grupo de jóvenes se apoderaba de la pantalla bailando las canciones del momento.
"No había televisión por cable, ni internet, así que escogíamos temas que llegaban de Estados Unidos y hacíamos videos bailando. El programa se emitía por Canal 7, televisión boliviana, el único canal que difundía  a nivel nacional”, recuerda Nemtala, que también era  uno de los bailarines.
El éxito del programa fue instantáneo y  el teatro Monje Campero se llenaba con funciones en vivo, donde presentaban coreografías que realizaba Johnny Mallea inspirado en películas extranjeras.
Después de tres años, este programa -considerado uno de los primeros formatos de programa juvenil- dejó de emitirse. No obstante, la fiebre por los clásicos siguió su curso, con tal ímpetu que, incluso durante la dictadura de García Meza, las discotecas seguían abriendo sus puertas.
Boris Navarro recuerda que durante un toque de queda abrieron la discoteca Samambay desde las 16:00 hasta las 2:00 y, como siempre, llenaron el local. Al terminar la fiesta y al ver las calles vacías, este DJ no tuvo más opción que dormir en el estadio Hernando Siles hasta que se normalicen las actividades. "Realmente no teníamos límites”, agrega.
Efectivamente, ni siquiera pusieron límites en la tecnología y a principios de los 80 empezaron a transmitir por radio lo que pasaba en las fiestas. Tarifa afirma  que las discotecas Hipopótamo y Candilejas fueron pioneras en este sistema vía telefónico, que si bien no era estable, fue una innovación aplaudida por los oyentes.

Sin duda alguna  los aportes de estos apasionados radialistas y la euforia que se desataba por este ritmo musical hicieron de los 70 una década inolvidable que, a pesar del paso del tiempo, se mantiene vigente hasta hoy.

"La década de los 70 fue una época imborrable, por eso después de 30 años siguen teniendo éxito las fiestas de noches de clásicos”.
Rafael Vásquez, DJ

"Las noches de discoteca eran llenas de diversión. La gente bailaba con entusiasmo, copiando pasos que veían en películas”.
Ramiro Tarifa, DJ

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