La mafia estuvo detrás de la muerte de John F. Kennedy

El periodista italiano Steffano Vaccara establece en una investigación la posible conexión del crimen organizado con el magnicidio.
viernes, 22 de noviembre de 2013 · 21:05
Ramón Grimalt / La Paz
 Acabo de ver por enésima vez JFK (Oliver Stone, 1991),  ustedes ya saben, la película sobre la Comisión Warren, el fiscal Jim Garrison -interpretado por  aquel entonces muy solvente Kevin Costner- y, claro, es inevitable escribir a propósito del magnicidio de Dallas, ocurrido un día como hoy hace 50 años.
 Aunque parezca lo contrario, no es una tarea sencilla, simplemente porque sobre el asesinato de John Fitzgerald Kennedy (1917-1963) corren ríos de literatura, investigaciones periodísticas y reportajes para radio y televisión. De modo que para evitar redundancias, me concentraré en una de las teorías de la conspiración que recuperé de la biblioteca gracias a una referencia muy explícita en la novela de Stephen King titulada 22/11/63 (2011).
El autor de Carrie y El Resplandor señala que el periodista Steffano Vaccara, autor del libro Carlos Marcello: el hombre detrás del asesinato de Kennedy (Enigma Books), "ofrece una versión bastante aproximada a la realidad cuando apunta a la mafia como la organización criminal detrás de la muerte de JKF”   .

Este libro, que sigue la tendencia muy en boga de novelar la historia, fue presentado oficialmente hace unos días en Nueva York y, por supuesto, se suma a la leyenda que envuelve al trigésimo quinto presidente de  E   stados Unidos, una figura decisiva para entender el devenir actual del Partido Demócrata, su lucha por los derechos civiles y la importancia de mantener el equilibrio de poderes en Washington entre el lobby de la industria armamentista, los halcones del Pentágono y el propio Despacho Oval.
 Pues bien, según la investigación de Steffano Vaccara,  Carlos Marcello, el capo de todos los capos de la mafia en Nueva Orleans (donde según Oliver Stone se tejió una conexión entre la Cossa Nostra y el propio Buró Federal de Investigaciones, FBI, que dirigía el controvertido Edgar Hoover), ordenó el asesinato del presidente de Estados Unidos.

Vaccara explicó su hipótesis fundamentado en uno de los acápites del informe Warren, que establece "una sólida pista relacionada con el crimen organizado” y, en todo caso, apunta directamente a Carlos Marcello y a su socio en la costa este, Salvatore Momo Giancana (1908-1975).
De hecho, Sam Giancana figuraba en la lista negra de Robert Kennedy (1925-1968) por haber financiado la campaña electoral de su hermano John Fitzgerald, "garantizando los votos de los sindicatos de autotransporte de Illinois, que luego resultaron siendo decisivos”, explica el periodista Matt Vaughan.
Pero eso no es todo, ni mucho menos. La historia se complica cuando Giancana se convierte a inicios de la década de los 50 en el padrino de un joven de origen italiano nacido en Hoboken, Nueva Jersey, llamado Francis Albert Sinatra, un nombre mítico en la historia de la música y, si se me permite la licencia, en la mafia.
El "rat pack” y el clan Kennedy

Robert Kennedy atesoró mucho poder a partir de su nombramiento como procurador general de Estados Unidos. En 1960 declaró que el peor enemigo del país eran los sindicatos del crimen.
Bobby, un hombre moralista y muy católico (tanto como su madre Rose), olvidó que Momo Giancana movió todos los hilos posibles para que John F. llegara a la Casa Blanca. En realidad, Giancana jamás se comunicó directamente con el clan Kennedy o su entorno más inmediato.
El capo mafioso utilizó al "rat pack”, es decir, al clan Sinatra, que conformaban sus amigos Dean Martin, Sammy Davis Jr. y Peter Lawford.
Precisamente Peter Lawford, un actor inglés bastante mediocre, pero elegante y manipulador, era el marido de Patricia Kennedy y cuñado de John.
Frank Sinatra, en la cima de su carrera y referente de la sociedad ítalo-americana, se comprometió a impulsar la candidatura de John F. Kennedy  desde dos aristas bien definidas.
La primera tenía que ver con las fuentes de financiamiento y ahí entraba Momo Giancana.
La segunda se centró en la debilidad de John por las mujeres, sobre todo por una joven actriz de futuro prometedor: Marilyn Monroe.
Frank Sinatra propició que John Kennedy conociera a Marilyn Monroe en una cena en Las Vegas, coto privado del "rat pack”, empezando, entonces, una historia de pasión y desborde sexual durante la presidencia que el "suicidio” de la tentación rubia enterró oficialmente.
 
Hasta ahí, todo iba bien. Sinatra y sus amigos ganaban dinero por millones; Giancana recibía su jugosa tajada de los transportistas y  Joseph  Kennedy, el patriarca que hizo su fortuna traficando whisky canadiense   en los días de la Prohibición (1930), hacía realidad su particular sueño americano: ver a un hijo suyo en la Casa Blanca.
Claro que nada es perfecto y Camelot se derrumbó cuando Bobby Kennedy tocó los intereses de la mafia. Las "Familias” le hicieron saber a Frank Sinatra que "alguien estaba molestando detrás de la oreja”. El cantante le pidió a Peter Lawford una reunión privada con el presidente, pero Kennedy ya no necesitaba del  "rat pack” y mucho menos a sus amigos sicilianos para llevar las riendas.

Aquel día firmó su sentencia de muerte, porque la mafia no olvida; te pasa factura cuando menos te lo imaginas, aunque apellides Kennedy.

"Mi vida por tu muerte. Si yo quiero vivir, tú tienes que morir”
En entrevista con la agencia Notimex, Steffano  Vaccara dice  que la versión oficial del asesinato de JFK apunta a  que Lee Harvey Oswald actuó como un  asesino solitario, "una versión asimilada por la mayoría de los estadounidenses”.
El periodista italiano  recuerda  que en 1959 Robert Kennedy, hermano de quien dos años más tarde sería presidente, era el líder de una comisión en el Senado que investigaba el crimen organizado y  afirmó públicamente que el mafioso Carlos Marcello sería objeto de una pesquisa más profunda.
Más tarde, cuando Robert Kennedy se convirtió en procurador general de EEUU, logró expulsar brevemente a Marcello hacia Guatemala.
Marcello, quien murió en su residencia de Nueva Orleans en 1993 luego de una breve estancia en la prisión, prometió venganza. Su blanco no sería el procurador, sino el mismo presidente, y su objetivo no sólo sería la revancha, sino salvar su imperio criminal.
"En italiano tenemos un dicho: mi vida por tu muerte. Lo que significa que si yo quiero vivir, tú tienes que morir, porque si tú vives yo muero. Marcello no tenía opción desde esa perspectiva”, asegura  Vaccara.

"El capo mafioso Sam Giancana figuraba en la lista negra de Robert Kennedy  por financiar  la campaña electoral de su hermano”.   
M   att Vaughan, periodista

 

 


   

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