Sariri, una mirada íntima a sitios poco explorados

La obra de Ivar Méndez, un boliviano que reside en Canadá, reúne las experiencias de viajes realizados por 20 años por Bolivia y su interiorización con la cultura.
miércoles, 25 de diciembre de 2013 · 20:50
Tatiana Sanabria  / La Paz
Peregrino y explorador incansable, Ivar Méndez -fotógrafo, artista y neurocirujano boliviano- relata las experiencias de sus travesías por lugares recónditos del país y territorios que alguna vez fueron bolivianos y hoy están en Chile y Paraguay, desde una mirada íntima, histórica y cultural, en su reciente obra Sariri, cuaderno de viajes por Bolivia.
Después de dos décadas de recorrer el país, desde las cumbres nevadas de los Andes hasta las selvas tropicales del oriente, con saltos a Cobija, Calama y Boquerón, el autor, que actualmente reside en Canadá, quiso relatar 14 historias de pueblos y comunidades que llamaron su atención y despertaron su imaginación.
"Lo que me interesaba en cada viaje era conocer a las personas y su relación con su entorno, su contexto histórico y socio-económico. Ahora tengo una visión más clara de Bolivia que me permite entender mejor ciertas actitudes de personas y su forma de vida”, explica el autor.
La palabra aymara sariri, que describe a un viajero, explorador y peregrino, es un reflejo de la intención del autor por conocer el país, interiorizándose con la gente y rescatando de sus propios labios historias y vivencias que nadie más las puede contar.
Lugares como Vitichi y el Salar de Uyuni, en Potosí; Santa Ana de Chipaya, en Oruro; Rodeo Chico, en Sucre; Concepción, en Santa Cruz; Iskanwaya, Ilabaya, la Isla del Sol y el nevado Illimani, en La Paz; y los ríos Madre de Dios y Mamoré, en Beni fueron considerados en este libro, que estará a  la  venta en enero.
Historias del más allá
De sus visitas por  territorios fronterizos, Méndez menciona el puerto de Cobija, la entonces capital del Litoral boliviano, de la que sólo quedan ruinas y 20 habitantes que se dedican a bucear para sacar almejas, desconociendo que el lugar donde viven pertenecía a Bolivia.
"He visto la bahía, las carretas que transportaban el mineral de Potosí hacia Cobija para ser embarcadas, y las que transportaban muebles pesados desde Europa hacia Potosí y Sucre. Nadie va a Cobija, porque no hay nada ahí”, asegura.
Cerca del puente Topáter de Calama, que ahora es una carretera, se encuentra un monumento a los héroes chilenos en la batalla del mismo nombre y a su lado hay un cementerio con dos tumbas que, según indican los lugareños, son de combatientes bolivianos.
La tercera historia fuera del país es la del fortín Boquerón, en el Chaco paraguayo, que hoy es un museo  que conmemora el éxito de aquella toma el 29 de septiembre de 1932, luego de cruentos  combates.
"Una fuerza de aproximadamente 15.000 combatientes paraguayos se enfrentó a 619 defensores bolivianos que, en tan desiguales condiciones, resistieron por 21 días un cerco de acero y fuego”, relata el autor.
Cerca del campo de batalla se encuentra un letrero  en un árbol, que señala el cementerio boliviano,   sembrado de numerosas cruces blancas ya erosionadas por el tiempo.
A pocos pasos de este lugar  hay un promontorio de tierra roja denominado La tuca de Marzana,  un escondrijo semisubterráneo construido de barro y troncos de  quebracho, que el coronel Manuel Marzana, heroico protagonista  de Boquerón, utilizó como puesto de comando.
Entre los relatos en el país, el autor destaca su experiencia en Santa Ana de Chipaya, donde pasó una semana compartiendo el techo y la comida con los comunarios y pudo experimentar cómo el diseño circular de sus casas los resguarda de los fuertes vientos de la región.
"Otra cosa interesante es que ellos se llaman ‘hombres de agua’, porque cuando empezó el mundo, la gente vivía en la oscuridad, porque no había luz. Entonces cuando supieron que el Sol llegaría, ellos se escondieron en el lago Poopó y fueron los únicos que sobrevivieron, porque el Sol quemó a todos... Son cosas que sólo se ven y se escuchan cuando estás con ellos”, relata.
En el oriente, en su viaje al río Madre de Dios, tuvo la oportunidad de pescar al paiche, un pez gigante que vive en lagunas remanentes del río, "donde el agua hierve de pescados”.
Mientras que  en el Salar de Uyuni,  los comunarios le contaron que los llameros que transportaban sal por las noches, sólo se guiaban por las manchas de la vía láctea, donde figuran un cóndor y una llama, entre otros símbolos que él mismo pudo ver.
"Estas historias estimularon mi imaginación e interés, porque son cosas especiales que no había visto ni escuchado, cosas que no se pueden conocer si no es conviviendo con la gente”, dice.
Interiorizarse con las personas y su cultura fue una experiencia enriquecedora que lo impulsó a compartir sus vivencias, para que otras personas se interesen en conocer estos lugares, no como simples observadores, sino como verdaderos sariris.

Confidencial

Si te interesa obtener información detallada sobre el proceso electoral, suscríbete a P7 VIP y recibirás mensualmente la encuesta electoral completa de Página Siete.

Además, recibirás en tu e-mail, de lunes a viernes, el análisis de las noticias y columnas de opinión más relevantes de cada día.

Tu suscripción nos ayuda no solo a financiar la encuesta sino a desarrollar el periodismo independiente y valiente que caracteriza a Página Siete.

Haz clic aquí para adquirir la suscripción.

Gracias por tu apoyo.

Valorar noticia

Comentarios