Villa de París, la casa más antigua de la ciudad

Página Siete visitó el inmueble que algún día perteneció al ciudadano paceño Tadeo Diez de Medina y Mena. Según varios registros e investigaciones, la casa, que data de 1768, es la más antigua de La Paz.
sábado, 21 de septiembre de 2013 · 19:49

Daniel Hinojosa / La Paz

Volvamos a la época colonial, específicamente al año 1768. La ciudad de La Paz albergaba decenas de ayllus que permanecían subordinados a los caciques españoles y  estaba conformada por los pueblos de San Sebastián, San Pedro, San Francisco y Santa Bárbara.
Los ríos Choqueyapu, Apumalla y Seco, manzanas cuadradas, templos, parroquias, conventos y la plaza Mayor completaban el paisaje,  que acompañaban las cadenas montañosas y la Cordillera de los Andes.
De aquella época data la casa colonial que hoy se ha convertido en la más  antigua de la ciudad.  
En la calle Comercio esquina Yanacocha, antiguamente llamada calle de Los Mercaderes, se encuentra la  residencia Villa de París, cuya construcción se concluyó en enero de 1768.
Aunque  fue modificada en varias ocasiones, no perdió su valor patrimonial. "La casa de 1768 es el ejemplo más antiguo de las casas señoriales o palacetes de La Paz y como arquitectura civil y doméstica son ejemplos notables dentro de la arquitectura colonial de la región”, afirma Lucía Querejazu en una investigación que realizó para la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia sobre la casa Villa de París.
En sus  245 años de  vida, las modificaciones que sufrió la construcción estuvieron dentro de los parámetros para restaurar patrimonio colonial, ya que sus principales características no fueron alteradas.
Actualmente la casa Villa de París se encuentra en proceso de restauración debido al deterioro que sufrió con el paso de sus casi dos siglos y medio de vigencia.
Según  investigaciones de historiadores y arquitectos,  la propiedad perteneció a Tadeo Diez de Medina y Mena, un hombre con mucho poder y un personaje paceño que marcaba tendencia.
La mayor parte de la casa se encuentra deteriorada. Al ingresar en ella se siente un habiente húmedo y con poca luz solar. Se advierten vidrios rotos y paredes rajadas. La construcción se enmarca en el estilo barroco mestizo. Las paredes  fueron construidas con piedra, adobe, madera, y en el techo se usó paja y teja en los exteriores.
La composición para construir el techo tenía el nombre de "entortado”, que se componía de paja, barro y teja muslera. Todas las casas de la época colonial se caracterizaban por utilizar ese tipo de materiales duraderos.
      Los patios
La infraestructura cuenta con dos patios. En el  principal destaca una portada tallada en piedra arenisca con la inscripción "1768”, un detalle que  le da validez a las casas coloniales. 
"La portada interior es muy hermosa, pues tiene columnas salomónicas decoradas con vides, palmeras y granadas; los capiteles derivan del corintio. Los arcos del patio son de medio punto sobre pilares. Las enjutas y el friso bajo se decoran con rosetas, los fustes de las pilastras tienen la decoración de argollas tan típica de la arquitectura paceña. La casa es difícil de apreciar, pues el patio se cerró para colocar en él una tienda de comercio. La portada ha quedado libre dentro de un estrecho callejón”, describían José Mesa y Teresa Gisbert en el libro Monumentos de Bolivia, publicado en 2002.
El piso también era de piedra, posiblemente constituido por losas. Lo reemplazaron con piedra huevillo blanca y negra, parecida a la técnica artística del mosaico, formando algún tipo de figura representativa. 
En el segundo patio del inmueble, también de pierda, se utilizó un tipo de ladrillo chato y plano denominado "pastelero”. En este lugar se guardaban los carruajes y era utilizado  como depósito.
En el segundo piso de la casa hay una sala con una enorme pintura mural. "Desde mi lectura, los murales son alusivos a movimientos relacionados con la independencia porque hay un retrato del rey Carlos V. Entonces, ese espacio seguramente estaba destinado para las tertulias previas a los movimientos julianos”, resalta Querejazu.
En otro de los ambientes de la casa Villa de París se encontró una pintura mural elaborada con la técnica del temple, la cual hacía su conservación más efectiva. En el siglo XIX  se elaboraron retratos y decoraciones relacionadas a variedades de vegetales y aves. Hoy sólo se conserva un pequeño sector que contiene obras trabajadas con colores  típicos de esa época: el negro y rojizo.
 Patrimonio
En 1963, mediante un  decreto supremo, se declaró patrimonio monumental a la casa Villa de París. A partir de su declaración como patrimonio monumental, los propietarios y actuales ocupantes del inmueble no pueden construir, reconstruir o introducir modificación alguna en el monumento sin previa autorización del Ministerio de Educación. Lo que sí se debe hacer es una restauración, proceso que ya ha comenzado.
"La casa Villa de París se considera patrimonio monumental porque cumple con las características de pertenecer a la época colonial, valor artístico, valor histórico, valor arquitectónico y que se considere un ícono de la ciudad”, explica Orlando Ogalde, técnico de la Dirección de Patrimonio Cultural y Natural del Gobierno Autónomo Municipal de La Paz.
El patrimonio comprende bienes tangibles e intangibles de un pueblo, y es responsabilidad de sus habitantes  asegurar la permanencia de estos bienes, que forman  parte indiscutible de la memoria histórica de nuestro país.

Punto de vista

Gastón gallardo
Arquitecto e investigador
 Asentamientos antes de la Colonia
Motivado por la búsqueda  de la casa más antigua de La Paz, me puse a reflexionar sobre los parámetros con los cuales medir esta demanda. Es evidente que en el casco urbano de la ciudad contamos con algunas viviendas del siglo XVIII, entre las cuales se podrá definir cuál de ellas es la más antigua.
Pero no podemos ignorar que a la llegada de los conquistadores españoles existía un asentamiento de características ceremoniales y mineras, dirigido por los incas pero utilizando a caciques locales como autoridades delegadas.
Por tanto, las viviendas de dichos habitantes deben ser más antiguas que las de los recién llegados. Es claro que se me dirá que no quedan trazas de esas viviendas, pero me pregunto, ¿no llamamos nosotros todos al Tambo Quirquincha, así en honor a que era la casa del cacique Kirquinchu (Sotomayor) o Kjirkjinchu (Monje Ortiz), tambo de hospedaje y expendio de aguardiente y vinos (Jáuregui)? 
Por tanto, si lo que pervive hasta hoy es la Casa del Curaca Kirquincha, con todas las reconstrucciones y remodelaciones que tiene, la inclusión de arquerías coloniales y portadas de otras casas (la de Ayesta), ¿no debe ser considerada la casa más antigua de La Paz?
O será que siguiendo la pista de don Zacarías Monje Ortiz en La fundación de La Paz debemos buscar la casa de Alonso de Alvarado, "camino del barrio precolonial de los cañaris”, a la altura del puente de Koscochaqa y la Cañar-calle.
Creo que los paceños aún debemos recorrer rincones de nuestra ciudad en afán de sondear nuestro pasado y revisar textos como Churubamba, el barrio de San Sebastián, de Orlando Ogalde, o La plaza y Región de Churubamba San Sebastián, de Fernando Cajías de la Vega.

Comentarios