Arqueólogo halla rastros de un pasado distinto en Beni

Eduardo Machicado dirige una investigación que pretende demostrar que en esa región se desarrollaron complejas actividades agrícolas
viernes, 27 de septiembre de 2013 · 21:08
Alejandra Pau / La Paz
 La imagen del  Beni, cuyos territorios inhóspitos son reflejados como un edén natural  donde sus antepasados  nómadas subsistían  con lo que les otorgaba la naturaleza, es un concepto que se ha debatido por años. Una investigación   realizada por un arqueólogo boliviano busca demostrar que la  vida en esta región fue  mucho más compleja, organizada y dedicada a la agricultura.
La investigación, denominada Proyecto Arqueológico San Ignacio de Moxos, fue planteada en 2010 por el arqueólogo boliviano Eduardo Machicado. El trabajo formó parte de su maestría en la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, y que hoy se extiende como parte de su doctorado.   
"La percepción que se tiene del Beni y en especial de los pueblos indígenas del oriente boliviano es que vivieron de una manera muy simple. Son, entonces, grupos de cazadores, de pescadores, nómadas  y que viven desnudos en una especie de paraíso”,  explica el investigador.
Una imagen "romántica”
Sin embargo, según argumenta, esa percepción popular que se tiene de la Amazonia en general y del hombre salvaje e  inocente se origina en una época de la historia literaria de Inglaterra, en torno a una idea romántica.  
Esto empezó a cambiar en 1950 con  las primeras excavaciones arqueológicas en Brasil.
A partir de entonces, y con posteriores estudios, surge la posibilidad de que estos grupos considerados nómadas  no representan  la vida en el pasado sino que en realidad llevaban una forma moderna de existencia. Además, en el pasado la Amazonia estaba poblada por gente dedicada a la  agricultura y    construyó pirámides. Probablemente tuvo estados, pero que  habrían desintegrado a lo largo del tiempo.
Una red agrícola prehistórica
En 1960, cuando se buscaba petróleo en el Beni,  personal de la compañía petrolera Bolivia California Oil Company sobrevoló la zona y  tomó fotografías, algo inédito hasta entonces, de una serie de rastros  artificiales en lugares despoblados. Se trataba de una especie de plataformas que conformaban una red de campos agrícolas prehistóricos.
 Años después, William Denevan  publicó La Geografía Cultural Aborigen de los Llanos de Mojos, un hito importante para el estudio del oriente boliviano.
"Denevan planteaba que, según sus cálculos, este tipo de agricultura podía alimentar a un millón de individuos en el Beni. Con el tiempo se descubrió que esta forma de agricultura era común en Colombia, Ecuador, Guyana”, dice Machicado.  
Desde entonces existe una apasionada discusión entre aquellos que dicen que es imposible que se haya sostenido a semejante cantidad de habitantes en el Beni y los que defienden que existía una tecnología avanzada y que se había creado un sistema productivo.
Pasado de los pueblos del Beni
Beni es una de las sabanas naturales más grandes del mundo. En ese contexto, la investigación de Machicado no sólo comprende los campos de cultivo, sino además una serie de estructuras como una red de canales y sistemas hidráulicos, que miden kilómetros de largo, que drenaban agua a los suelos cercanos a los ríos para prácticas agrícolas.
Estas estructuras  están cubiertas por la selva, pero los habitantes de San Ignacio de Moxos  descubren permanentemente  vestigios de  tumbas y otros restos arqueológicos.
La importancia de la investigación radica en varios puntos. Primero, cambia la percepción del pasado de los pueblos indígenas del Beni  y las implicancias políticas de este pasado en el presente  para que su cultura no se vea amenazada por la colonización que se da desde el occidente del país.  
  "La segunda razón se basa en que existe mucho interés, y se ha invertido bastante dinero, para recuperar esta tecnología del pasado al presente. Todos estos proyectos han sido un fracaso porque presentan la misma falla con los actuales campesinos y nos interesa saber por qué”, explica.
  Prueba de la existencia de este pasado es que en  alrededor de 30 kilómetros de Trinidad, en Beni, otro equipo de investigación -guiado por el geógrafo italiano Umberto Lombardo-  descubrió  conchales,  montículos formados por conchas desechadas por bandas de cazadores y recolectores, de aproximadamente 10.400 años de antigüedad.
 Otro objetivo  en la investigación es su relación con el cambio climático y cambios dramáticos en el paisaje de Beni.   
    "Es muy probable, según los resultados que estoy estudiando,  que el Beni de hace dos o tres mil años  no era como pensamos, sino que ha cambiado dramáticamente y que debajo de este paisaje que tenemos  hay otro completamente cubierto”.
  Un detalle importante que revela   la investigación es que la mayoría de los ríos mayores en el Beni ha cambiado de curso completamente.
     La discusión radica en  si fueron cambios geológicos o producto de la acción del hombre.
 Machicado ha sido entrevistado  por cadenas internacionales de noticias a las que explicó su trabajo.
  Hoy, como parte de su doctorado, tiene  dos colaboradores bolivianos   que participan en la investigación. Cambridge,  además, brinda  todos los recursos necesarios para dicho proyecto,  que durará al menos dos años más.
  "Entre el 300 a.C. y  600 d.C.    no sabemos qué pasa, pero es un periodo muy importante porque se domestican muchas cosas. Hay datos genéticos importantes, por ejemplo,     que dicen que el cacao se ha domesticado en el Beni”, comenta.      

Con esta investigación, junto a otras en torno a la región amazónica de Bolivia, es posible redescubrir quiénes fueron los habitantes del Beni hace miles de años.

Eduardo Machicado, un paceño en Cambridge

Sentado en la sala de la casa de las Flaviadas (tertulias culturales rodeadas de música clásica creadas por su abuelo Flavio Machicado en 1916), el arqueólogo paceño Eduardo Machicado, de 33 años,  cuenta que  vivir rodeado de esa esencia y, sobre todo, de la biblioteca de su abuelo fue determinante para que siga el camino de la arqueología.
Lleva 13 años trabajando en esta ciencia y  confiesa que  no le agradan demasiado las entrevistas personales, sino las que hablen de su trabajo.
Cuando abre  el libro El Esquema de la Historia, de H.G Wells, sonríe, pues en él hay  dinosaurios dibujados que le recuerdan ese interés por el pasado que tenía desde pequeño .
Mientras estudiaba arqueología en la UMSA, empezó a trabajar con el Instituto Alemán de Arqueología.
Con el tiempo trabajaría en diferentes proyectos arqueológicos en Bolivia y en la Universidad de California, en Berkeley, Estados Unidos.
 Actualmente se encuentra haciendo su doctorado en la Universidad de Cambridge, en  Inglaterra, y no ha conocido a otro boliviano que estudie allí.
 Ha sido entrevistado para varios programas de canales internacionales, como The Bone Detective (El Detective de Huesos) en Discovery Channel.
Su interés por el pasado del Beni surgió en un trabajo que realizó en  unas lomas de este departamento, que escondían tumbas rodeadas por diques, canales y  un muro de contención.

Confidencial

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