Delicias orureñas se elaboran en un convento de clausura

Las hermanas clarisas capuchinas preparan desde hace dos décadas, en la localidad de Iroco, repostería que ha ganado muchos adeptos dentro y fuera de la capital del folklore
jueves, 2 de enero de 2014 · 22:29
Alejandra Pau / Oruro
 Sus roscas y panetones de Navidad ya son una tradición para los orureños.
Sus famosos panes, galletas y empanadas rellenas son  desde  la década de los años 90,  el sello distintivo de un singular convento de clausura ubicado en  la localidad de Iroco, a pocos kilómetros de la capital del folklore boliviano.
   L   as religiosas, con sus delantales puestos, se prestan cada día a transformar quintales de harina en verdaderas delicias gastronómicas con el único instrumento que tienen desde que aprendieron a hacer  repostería: sus manos.
Ellas son cinco  clarisas capuchinas, que pertenecen a la orden de San Francisco y Santa Clara, que viven en el Monasterio de la Inmaculada Concepción.
Desde ahí envían y venden sus productos a  diferentes puntos de Oruro y también de La Paz.
"Nosotros somos hermanas de vida contemplativa y vivimos de nuestro trabajo,  no recibimos ayuda de ninguna institución. Nuestro carisma es dedicar nuestra vida al trabajo” cuenta entusiasmada la hermana Lucía Calixto.  
Para ellas no hay una receta imposible de lograr.  
En los últimos años,  la época de Navidad se ha convertido en una de las de mayor trabajo.
Los días  pasan entre la producción de roscas, panetones, el queque llamado  cortadillo  y  galletas de al menos diez sabores como coco, ajonjolí, café y  limón.
 
Entre flores de dalia, música, cinco gatos y algunos loros,  las hermanas no sólo dedican su vida a la repostería sino que cumplen con  una amplia gama de labores como la costura, pintura en tela, cultivar la tierra, elaborar  hostias e incluso criar dos cerdos.
Entre masa y recetas
Sus recetas tienen secretos para  hacer  desde  los tradicionales panetones hasta unas sabrosas empanadas de cerveza con   variados rellenos como mermelada, atún y  coco, entre otros.
"Nos piden de todo,  hasta panes integrales. Las personas que nos hacen pedidos saben que los productos son frescos y como no tienen conservantes, deben consumirlos a la brevedad”, cuenta la hermana Lidia Humérez.

Todas las recetas tienen un sabor único e inconfundible,   una especie de  sello personal.
Uno de ellos, sin duda,  es hacer las recetas en forma artesanal, pero el más importante es la alegría con que trabajan las hermanas.
Cada una de ellas   cumple  una tarea que desempeña a modo de   especialidad.
Por ello, a la hora de elaborar los pedidos trabajan como si estuvieran sincronizadas especialmente  en temporadas como Año Nuevo y Todos Santos.
A pesar de que son de clausura -lo que hasta hace algunas  décadas significaba que no compartían su vida con el mundo exterior- en la actualidad las cosas han cambiado bastante.
 La necesidad de sustentarse económicamente  las llevó a estar relacionadas  con sus clientes, a quienes transmiten una sensación de alegría natural y fraterna.   

 Consagrar la alegría
Ciertamente, las hermanas preconizan una filosofía que consiste  en  "vivir el Evangelio con una perfecta alegría”, un precepto de las  clarisas capuchinas, como explica la hermana Carolina Salvatierra.  Con esa alegría también hacen hostias que son distribuidas para la celebración de la eucaristía en diferentes iglesias de Oruro.  
Su imagen sencilla y cauta se complementa con el buen ánimo     del que hacen gala  al hablar de su trabajo y su vida.
Con ese trabajo  lograron, en el transcurso de una década,  construir  gran parte del monasterio y  hace poco  iniciaron  la edificación de un templo que abrirán a los feligreses.  Ello también  se logró gracias a otras ocupaciones como  la costura, el pintado en tela y el lavado de sábanas.
Una particularidad de las    clarisas capuchinas es  que se trata de  personas muy musicales.  
Con la música,  las hermanas  exaltan su espíritu en la oración mientras tocan guitarra, pandereta o cualquier otro instrumento.
Los inicios de la orden se remontan a  la  fundación  de un hospital   a cargo de  la hermana María Lorenza Longo, en  Nápoles,  alrededor de 1520.
En Bolivia las hermanas clarisas capuchinas están establecidas en Cochabamba y La Paz.  
 
La mayoría de las personas que prueban  una delicia elaborada  artesanalmente  siempre vuelve por más; de hecho,   quienes no viven en Oruro hallan la forma de hacer un pedido al monasterio de las hermanas clarisas capuchinas.

Después de probar su  repostería, queda claro que      otro de los secretos descansa  en una dedicación religiosa al arte de amasar y endulzar con alegría.

"Vivimos de nuestro trabajo,  no recibimos ayuda de ninguna institución. Nuestro carisma es dedicar nuestra vida al trabajo”.
 Lucía Calixto. Religiosa

Las clarisas capuchinas  y sus productos
Contacto Las hermanas clarisas capuchinas elaboran la mayoría de la repostería a pedido. El contacto para hacerlo es a través de la hermana Lidia Humérez  y el  teléfono 72330899.
 Costos Los precios de las masitas de las hermanas oscilan desde los 10 hasta los 50 bolivianos. Además reciben encargos para eventos y acontecimientos sociales.
 Vino También venden vino que les llega desde el monasterio de Cochabamba.

 

 


   

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